• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Colombia en Cápsulas
Éxodo de colombianos y remesas

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El tema pendiente con Colombia de la reactivación de las remesas familiares a ese país duerme el sueño de los justos. Por ello se ven afectados cientos de miles de familias de neogranadinos que moran y trabajan en suelo venezolano y que deben enviar parte de sus salarios a sus familiares inmediatos en el país vecino para atender importantes necesidades.

No se puede negar que el abultado número de transacciones y la “recursividad” del colombiano ayudaron a que por esa vía se hicieran muchos negociados, y recirculación de dinero que benefició no a los que viven del otro lado de la línea fronteriza sino a los que están aquí. Los dólares comprados a tasas preferenciales destinados a las remesas se cambiaban en el mercado “innombrable” de ese tiempo negro y se hacían jugosas ganancias individuales. Muchos colombianos residentes en Venezuela disponían de dos y más cédulas de identidad para hacer los trámites ante Cadivi, al igual que más de un pasaporte con los cuales acudían al ente cambiario a comprar dólares baratos.

Las triquiñuelas eran muchas para sacarle al sistema de cambios preferenciales de Venezuela 900 dólares mensuales por familia. Este jueguito se acabó porque Colombia ya se no beneficia, temporalmente y reglamentariamente, del derecho a las remesas. Pero con ello se han perjudicado también miles de familias para las que es imperativo enviar a los suyos parte del dinerito que ahorran. Y realmente se trata de “dinerito”, porque en este momento apenas se pueden enviar a cada familiar (y hasta 3 por familia) 167 dólares por mes, que poco le resuelven a cualquiera.

El sistema actual ha sido diseñado, además, para presentar todas las trabas burocráticas e informáticas para que la transacción de una remesa se haya vuelto una cuesta muy empinada para los usuarios.

Nadie parece apurado en resolver esta situación que se traduce en que se le ha cercenado el derecho a las remesas a mucha gente de bien y se ha colocado al hermano país vecino en una situación de singularización perversa. Todos los demás países entran dentro del mecanismo de las remesas, pero Colombia no. Sin duda hay soluciones para ese problema que está provocando una migración de nacionales colombianos a su tierra –técnicos y trabajadores calificados, por demás– ante la imposibilidad de ayudar económicamente a sus familias en el terruño. Las autoridades colombianas no presionan por el restablecimiento de su derecho, a pesar de que los montos de divisas que recibía el país de al lado según el Banco de la Republica fue superior a 500 millones de dólares anuales en 2013, y otros entendidos en la materia consideran que más bien se acercaron a 1.000. Además, el éxodo de trabajadores colombianos a su país de origen tiene a Colombia inquieta. Se trata de otro problema social que se suma al de los desplazados por la violencia. Cientos de familias que se suman al mercado de trabajo de las ciudades sin que haya una oferta de puestos para atenderla.

Soluciones no faltan, pero voluntad de resolver el problema, sí. Otra demostración más de que la buena relación binacional tan cacareada por ambos lados gubernamentales se sostiene con pinzas, a pesar de que las autoridades se juren amor eterno.

 

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El programa de Cuarta Generación de Concesiones Viales (4G) con el que el gobierno colombiano busca salir del atraso en carreteras para que el país pueda ser competitivo frente a los retos del comercio internacional, ya se activó y los primeros tres contratos acaban de ser rubricados con Costa Rica. Los beneficiarios de estas tres primeras concesiones son los consorcios Mario Huertas Cotes de Colombia y Constructora Meco del país centroamericano. Las primeras vías a construirse beneficiarán a los departamentos de Cundinamarca, Caldas y Tolima, y la idea es desarrollar vías de altas especificaciones, además de dos puentes sobre el río Magdalena para garantizar la conexión entre el norte y el sur del país. Otro proyecto busca conectar los departamentos de Bolívar y Atlántico. El tercero es la Autopista Conexión Pacífico 3, que permitirá comunicar más rápido el departamento de Antioquia con la región del Eje Cafetero.