• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

Al instante

Cobardía y perversidad guerrillera

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

15 años tardará Colombia en descontaminar sus ríos del trasvase de 200.000 galones de petróleo que los guerrilleros de las FARC derramaron en las vías fluviales del Putumayo la semana pasada. El océano Pacífico también recibirá una indeseable dosis de crudo muy perniciosa para su fauna que tardará igualmente años en ser contrarrestada por la naturaleza. Los ríos de Ecuador y Perú también serán alcanzados por el derrame. Todo esto ocurre cuando en La Habana se encuentran en la recta final del proceso que debería llevar a Colombia a la incorporación de estas fuerzas criminales en la vida social y política del país para terminar con 50 años de destrozos al país. ¿Pero realmente podemos hablar de terminar?

Los dolientes de los recientes atentados de los narcoterroristas son muchos, pero particularmente personas de los estratos más desfavorecidos en los departamentos más pobres del país. Salomón Kalmanovitz decía en El Espectador hace pocos días que Nariño, Cauca y el Chocó, el Norte de Santander y las regiones de frontera son las más empobrecidas de Colombia y las que soportan el mayor horror del conflicto en términos de masacres, desplazamientos y expropiaciones de sus tierras. Por otro lado, las voladuras de las torres de electricidad de esta semana han afectado a más de medio millón de personas, sin contar con el efecto que causan sobre las operaciones de las empresas y sin tomar en cuenta, tampoco, en el desestímulo que provocan en la propensión de los colombianos y los extranjeros a invertir en actividades productivas.

El puerto de Buenaventura, corazón del comercio a través del Pacífico se quedó a oscuras durante varios días. ¿Qué es lo que inspira a los salvajes guerrilleros a seguir perpetrando crímenes en contra de la naturaleza, la economía, la vida de las personas en Colombia? Es algo imposible de discernir, ya que ocurre en el mismo momento en que sus líderes proponen a las autoridades y al mundo que los observa el fin de la violencia y su inserción en la vida ciudadana.

 

                                      X xxxx

 

Fue elocuente la frase del negociador de la paz por el lado del gobierno en la mesa que se sienta en La Habana a raíz del escalamiento del conflicto y en medio de los atentados terroristas. Dijo el comisionado Sergio Jaramillo: “Es muy difícil explicarle al país los acuerdos, llenarlo de entusiasmo, cuando las FARC están cometiendo actos de terrorismo”. Y el ministro de la Defensa fue aún más lapidario: “Los jefes de las FARC tienen mentalidad de burros”. Se refería Juan Carlos Pinzón a los actos de barbarie que tuvieron lugar en la semana que termina. El ministro advirtió que las fuerzas militares están listas y tienen la orden de actuar con decisión.

 

                                               X xxxx

 

En un comunicado de nueve páginas la mesa de negociaciones de La Habana hizo pública su determinación a crear una Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Independiente de la mesa e integrada por nueve miembros: las FARC, el gobierno y delegados escogidos por la mesa, tendrá como norte esclarecer el fondo del conflicto y llevar de la mano el proceso que redundará en una convivencia pacífica de sus actores y en un ambiente de paz para el país. Sus tres objetivos serán: relatar lo ocurrido en las cinco décadas de enfrentamientos y quiénes fueron sus actores y responsables, reconocer a las víctimas, y promover la convivencia en los territorios. Sus deliberaciones y anuncios serán de carácter extrajudicial. Ninguna de las comisiones de la verdad que han nacido a raíz de procesos bélicos ha sido exitosa porque han generado polarizaciones y conflictos políticos de toda naturaleza. ¿Será que la de Colombia sí, porque lo quiere Juan Manuel Santos?