• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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2015: Cierre a la baja

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Ni que haga magia el gobierno colombiano podrá detener la desaceleración de la economía este año, una consecuencia, en buena parte, de la descolgada de los precios petroleros. Convertirse en un país productor y dependiente de los ingresos de la venta del crudo le ha traído bienestar al país vecino, al igual que una dependencia perversa. Esta semana que concluye todos los periódicos y los analistas macroeconómicos no han podido evitar referirse a que los números que miden la bonanza y la salud de la economía cerrarán hacia la baja. Desde el año 2010 ya Juan Manuel Santos había anticipado que con el viento de cola que llevaban los precios petroleros y la demanda internacional, para el año 2020 la economía estaría mostrando un clímax gracias a un crecimiento acelerado de 5% o 6% anual, lo que sería la tónica de la expansión en la década.  Un mal capítulo en la realidad energética mundial ha provocado un descalabro de los precios del barril lo que ha provocado que por cada 10 dólares que ha bajado el crudo, la economía colombiana se ha contraído en 0,4%.

La devaluación de la moneda, que hoy se encuentra en los alrededores de 2.600 pesos por dólar en parte ha servido para mitigar tal crítica situación y temperar el déficit esperado, pero no lo ha enjugado en su totalidad. En lugar de caer 0,4%, el descenso solo ha sido de 0,2% por cada 10 dólares. Nada de esto es para esperanzarse porque, de igual manera, para equilibrar las cuentas nacionales será necesario recortar gastos en todas partes, sobre todo ni lo se quiere penalizar a las empresas y a la población con mayores tributos. De hecho el presupuesto del cuatrienio ya tuvo que ser reformulado. Por su lado las exportaciones no tradicionales no tienen aliento suficiente para suplir con sus ingresos el hueco dejado por el descenso de las tradicionales. Mientras las tradicionales se descolgaron 25%, las no tradicionales apenas repuntarán 1%. Con todos los recortes en las inversiones, el empleo sufrirá igualmente. Si el 2015 será un mal año para Colombia, 2016 pinta más feo aún.

Organismos externos de carácter internacional que son autoridades en la materia del desempeño económico no le apuestan muy alto al país en materia de expansión para este año. La OCDE, quien había vaticinado un crecimiento del 4,4% bajó su expectativa a 3,3%  apenas. El Fondo Monetario Internacional no fue tan riguroso y considera el desempeño algo mejor, el ubicarlo en 3,5%. La CEPAL quien maneja las cifras latinoamericanas n o se distancia del FMI y también estima que Colombia no crecerá más de 3,5%. Todos estos organismos estiman que la inflación podía alcanzar un 4,2% al terminar el año. También los tres otorgan a la desaceleración china un importante rol en  el enfriamiento de la economía de Colombia.

Una comisión de expertos, contratada por el Gobierno colombiano acaba de entregar su primer informe al Ejecutivo sobre lo que debe ser una reforma tributaria estructural. Al parecer es el colombiano de a pie quién pagará los platos rotos con mayores impuestos prediales, al consumo de licores y cigarrillos, de estampillas y de IVA.

Uno de los elementos que más preocupa al hombre de la calles es que en ese país donde cada año se eleva la compra de vehículos, la comisión ha sugerido al Ministerio de Hacienda elevar los impuestos a los carros fuera de la capital, ya que este luce bajo en varios departamentos. El IVA de 16% que impera en el país, según los conocedores del tema, podría ser elevado al de otros países donde los contribuyentes pagan hasta 18,9%.