• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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¿Está China en falta con Latinoamérica?

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La presencia china en América Latina sigue siendo muy determinante para el desarrollo regional, a pesar de la desaceleración de su economía y a pesar también de las inmensas dificultades que las naciones exportadoras de productos básicos y materias primas están experimentando como consecuencia de la caída de los precios de los commodities. Su gravitación en las economías de los países más dinámicos de la región no solo es grande en términos de inversiones, de financiamiento y de participación en proyectos de envergadura.

Pero igualmente protuberante que lo anterior es la huella que este país está dejando en nuestro entorno en otros terrenos no menos vitales. La experta en tema sino-latinoamericanos Margaret Myers, directora de los temas chinos  del Inter-American Dialogue, alerta acerca de lo descontrolado de la actuación  china en el continente. Al referirse a lo que ella denomina el “superciclo” de la actividad china en nuestro entorno, podemos concluir que el gigante de Asia ha dejado en estos años de tanta interacción con América Latina un saldo de destrucción ambiental y de conflictos sociales, además de distorsiones de carácter económico, que conviene contener.

Un ejemplo del bajo compromiso social con el país que los acoge es el de Chile. La caída de los precios de cobre en el año pasado dejó como corolario importantes despidos masivos en las minas que eran explotadas para atender el mercado chino. Es evidente que China no asume responsabilidad alguna por los efectos de la dependencia perversa que provoca esta relación comercial y financiera desigual en la que China aporta los fondos para desarrollar la actividad adquiriendo un acceso preferido a la explotación de los recursos naturales del país, mientras estos les son útiles.    

Perú pareciera ser otro caso en el que la huella china tampoco deja un legado destacado. Aquí es más bien el deterioro ambiental asociado con las explotaciones mineras lo que está en juego: ríos contaminados y la pérdida masiva de la fauna que habita en ellos. Y el caso argentino no puede ser menos dramático. Las explotaciones descontroladas de soya han llevado a la deforestación desordenada de importantes extensiones de terreno.

Algo similar ocurre en Venezuela con los financiamientos de origen chino al desarrollo de distinto tipo de actividades gubernamentales encaminadas, en principio, a desarrollar el país. Los préstamos atados a repagos en petróleo representan oxígeno para el beneficiario en momentos de necesidad de financiamiento inmediato y seguro, pero se convierten en una guillotina para el deudor en cuanto los precios del petróleo se vienen al suelo como ha estado ocurriendo en los recientes años.        

En síntesis, tanto China como América Latina se han estado beneficiando de una creciente interactividad que perdurará en el tiempo y que tenderá a incrementarse en la medida en que China consiga imprimirle estabilidad a su reacomodo económico presente. No puede afirmarse que la responsabilidad de los entuertos que se producen en las relaciones bilaterales en el cumplimiento de acuerdos mutuamente consentidos reside en el lado chino. Lo que sí es imperativo es reclamar visión de largo plazo de parte de los socios latinoamericanos, capacidad de anticipación de las dificultades susceptibles de producirse en un entorno cambiante y sobre todo supervisión de las actividades y de las obligaciones asociadas a la explotación de proyectos, del comercio y del financiamiento entre las partes.