• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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La disidencia se organiza: “Nuevos Ciudadanos”

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La detención, los juicios amañados y la condena a prisión a inicios de este año de un grupo de ciudadanos chinos cuyo único delito había sido la participación en protestas públicas en contra de la corrupción de los funcionarios del Estado, se está convirtiendo en un bumerang en contra del régimen comunista chino.

Desde hace dos años se viene armando un movimiento político subterráneo que está adquiriendo mayor forma a raíz de estos juicios sumarios en los que han terminado encarcelados quienes hacen visibles sus ideas en contra del régimen totalitario de Pekín.

En lugar de conseguir la desactivación de los opositores a través de la represión, estos opositores han sido compelidos a ser creativos y estructurar grupos que hoy ya funcionan en más de 100 ciudades del interior  y que han ganado peso y número gracias a la interacción ciudadana a través de las redes sociales. No en balde 400 millones de chinos se dan cita en las redes de internautas del país.

Tener que operar en la clandestinidad los ha llevado a ser creativos en la forma de expresar sus ideas y en la recaudación de fondos para alcanzar su fin último que es el de la participación democrática, tal como lo prevé la Constitución del país cuya letra paradójicamente es una de las más avanzadas del mundo en el terreno del ejercicio de las libertades.

El movimiento de “Nuevos Ciudadanos” ha ido armando formas políticas novedosas de transmisión de sus ideas. Al contrario del resto del mundo en donde la disidencia se organiza para actuar solo a través de las redes sociales, en el caso de este movimiento, las redes son el vehículo de convocatoria de reuniones clandestinas instantáneas en donde estos activistas pro democracia de todos los sectores y edades se miran las caras, comparten un refrigerio en lugares públicos, gozan de la presencia de intelectuales y líderes que los apoyan y se disuelven con prontitud para no ser detectados.

Nadie nota, pues, que hay todo un movimiento que se autosostiene económicamente gracias a las generosas donaciones anónimas de sus militantes, difunde sus ideas y ayuda en sus finanzas a los familiares de centenares de sus compañeros que han sido capturados y juzgados por las redes de seguridad estatales.

Los reclamos, hasta el momento, se han centrado en un único tema que es el de la corrupción de los funcionarios del régimen. Es así como los Nuevos Ciudadanos organizan apariciones públicas cortas en las calles en las que exigen la publicación de los patrimonios de los altos jerarcas regionales y estatales, un asunto que concita la solidaridad nacional por el altísimo y visible nivel de corrupción que se encuentra en los círculos de poder.

Las ideas reformistas han ido encontrando, pues, en la China represiva, inmoral y abusiva de hoy una forma de participación indetenible que se ha tornado aún más contundente a raíz de la encarcelación de Xu Zhiyong, uno de sus miembros fundadores más prominentes. Se trata de toda una organización nebulosa y muy difícil de detectar y de atrapar que parte del sentimiento creciente y cohesionante de la injusticia.

¿Son los “Nuevos Ciudadanos” el germen de un viraje que está teniendo lugar alejado de los ojos de todos pero que gana aceleradamente arraigo entre la sociedad? ¿Es así como se organiza una colectividad reprimida y descontenta en estos tiempos modernos?

El tiempo juega a su favor.

En Pekín no están tranquilos.