• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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China en Cuba: una piedra en el zapato

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El embargo impuesto por medio siglo por parte de los Estados Unidos a Cuba ha tenido una arista poco estudiada por los expertos en temas del Caribe. Ella tiene que ver con el espacio que el aislamiento económico le ha cedido China para que ella se dedique estrechar vínculos con la isla y asentarse con fuerza en su interior.

La realidad es que hoy el gigante ocupa un rol muy relevante en la economía insular. La nación comunista de Asia es, a esta fecha, el mayor acreedor de los cubanos, ha emprendido actividades como inversionista o prestamista  en casi todos los sectores de la vida nacional y ha intervenido en la formación de sus cuadros gubernamentales e instituciones, además de ser el principal destino de las exportaciones cubanas y su segundo socio comercial.

Recordemos que desde el año 2000 a esta parte, el espacio que ha ido ganando China en el continente latinoamericano ha sido a expensas de la posición dominante que Estados Unidos tenía en la región. Los intercambios anuales entre China y nuestro subcontinente crecieron en los últimos 14 años 2.500 % al pasar de 10.000 millones de dólares a algo más de  250.000 millones. Todo ello tiene su razón de ser en la búsqueda desenfrenada de recursos naturales que China ha protagonizado en las dos últimas décadas.

De igual manera, China ha estado persiguiendo consolidar ejes de influencia geopolítica por fuera de  Asia y América Latina ha sido favorecida con su atención, porque el nivel de desarrollo, la industrialización creciente, la estabilidad de sus gobiernos y la apertura a lo foráneo brindaban un mejor ambiente de negocios. Además, en menor grado, porque las sintonías ideológicas que el régimen comunista chino compartía con algunos países del vecindario hacían las relaciones más fluidas y descomplicadas. Cuba, evidentemente,  ha tenido un puesto relevante en la lista por estas razones de doctrina, aun siendo una minúscula economía.

En la misma medida en que China está siendo recibida con políticas de puertas abiertas en muchos países al sur del Río Grande, la hostilidad hacia Estados Unidos ha estado creciendo a pesar de los lazos comerciales que se construyeron entre norte y sur durante la segunda mitad del siglo pasado. Ya para los inicios de los 2000, y alentado por los regímenes de izquierda que comenzaron a pisar fuerte  en la región, las acusaciones de imperialismo y de intervencionismo norteamericano se volvieron temas de todos los días. Todo ello aderezado por irreductible posición que Estados Unidos siempre mantuvo en contra de relajar su embargo a Cuba.

Sería un simplismo pretender que dentro del ánimo de Washington la importante gravitación china en los asuntos cubanos haya sido un elemento decisivo en la toma de decisión a favor de la normalización de las relaciones bilaterales, pero lo que sí es significativo es que la transición de la economía insular hacia un modelo más abierto gracias a una posición progresista por parte de Barack Obama ablandará los ánimos críticos de los detractores de los americanos, con lo que las argumentaciones anti-imperiales y anti-intervencionistas irán palideciendo con el tiempo.

¿Es esta una batalla que Estados Unidos está ganando a China en el ánimo continental? Pues no. La presencia china en Cuba está asentada muy profundamente en la mayor parte de los sectores de la vida económica cubana y continuará estándolo aunque una evolución política más liberal acompañe a la apertura en ciernes.

China en Cuba será siempre para el vecino del norte, una piedrita en el zapato.