• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Caras nuevas: de criminales a negociadores

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Mientras el apego de los colombianos a su presidente va cuesta abajo –su imagen positiva esta semana se cayó a 13%– este no se detiene en su afán de pactar un acuerdo de paz con los guerrilleros, aunque los postulados del mismo parezcan haber sido armados por el propio Satanás. Un apego de 13% no debe estar endosando las ejecutorias del presidente en el más importante de sus proyectos, el de la paz de su país.

La última novedad son las caras nuevas en el equipo negociador. Esta vez es “el Paisa” quien hace entrada triunfal. El prontuario de este criminal asusta a cualquiera.

Hernán Darío Velásquez, quien ha sido el artífice de numerosos atentados, asesinatos y secuestros a mansalva que lo califican como uno de los más sanguinarios entre los cabecillas de las FARC, se sentará ahora en la mesa de tratativas a proponer y resolver sobre el futuro en paz de Colombia. Preguntarse si tiene estatura moral para pactar paz alguna un siniestro personaje cuyo norte ha sido por años la violencia más descarnada, es algo que huelga. Lo que el gobierno debe responder, me refiero a Juan Manuel Santos y su corte de colaboradores en este proceso, es que es lo que justifica tal aberración.

Una simple búsqueda en Internet aporta material importante y elocuente sobre este individuo y numerosos videos dan cuenta de sus acciones terroristas. Hay que preguntarse igualmente cómo es que Estados Unidos ve estos hechos sin alzar una ceja cuestionadora. Es que Velásquez Saldarriaga fue igualmente uno de los artífices del secuestro de los contratistas norteamericanos Marc GonsalvesThomas Howes, y Keith Stansell, quienes fueron liberados en 1998, durante el gobierno de Álvaro Uribe con ocasión de la Operación Jaque. El líder guerrillero proviene, en su origen, del equipo de colaboradores de Pablo Escobar Gaviria el más buscado y temido jefe narcotraficante de todos los tiempos.

Quienes analizan el tema desde la vecina Colombia aseguran que estamos frente a un indulto temprano de este criminal quien ya se encuentra cómodamente instalado en La Habana. Para ello debe contar con una credencial que lo respalde y un salvoconducto que lo proteja, toda vez que sobre su cabeza penden condenas por más de 120 años de cárcel. Las órdenes de captura en su contra tuvieron que ser levantadas, evidentemente. Solo por el atentado contra el Club El Nogal en la capital de su país, el Paisa fue condenado a 40 años de prisión y recordemos que en este hecho de sangre quedaron muertas 36 personas y 200 heridas.

Una vez finalizado el proceso de paz, la justicia hará acto de excepción y pudiera ser que el personaje sea postulado y termine sentándose en los escaños del Congreso colombiano a legislar mientras construye el futuro de su país.

De la reparación a los afectados de 50 años de guerra ya ni se habla. Los dolientes han estado pasando al más cruel de los olvidos. Esa es, pues, la cara que ha ido adquiriendo el proceso iniciado y sostenido a pulso por el presidente de los colombianos, quien exhibe su gesta patriótica por el mundo para conseguir los respaldos que pretenden hacerla válida frente a la sociedad.

¡Oh, gloria inmarcesible! ¡Oh, júbilo inmortal!