• Caracas (Venezuela)

Beatriz de Majo

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Barbas chinas en remojo

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Los chinos están claros en aquello de anticipar el negro futuro que le espera a su gran socio en América Latina: Venezuela.  Esa y no otra es la razón por la que, en los días pasados, las misiones financieras que han llegado de esas tierras remotas se han reunido con la oposición al gobierno de Nicolás Maduro con la idea de ir tomando el pulso de los dos lados de la ecuación política venezolana.

En el lado oficial los chinos han tenido puerta franca en los asuntos económicos desde los días de Hugo Chávez, y han desarrollado una relación estrecha –hasta donde lo permite la idiosincrasia oriental– y activa con Caracas: inversiones conjuntas en proyectos de gran calado, financiamientos milmillonarios hacia la nación caribeña, importaciones crecientes.

Pero la tragedia económica venezolana es palmaria y su futuro plantea serios interrogantes para todas las actividades conjuntas y para el repago de intereses y capital de las deudas contratadas con el coloso de Asia. Ya desde hace años los venezolanos vienen incumpliendo el pari passu al que se han obligado contractualmente en proyectos que desarrollan conjuntamente. El motivo es su falta de recursos, lo que ha ocasionado importantes retrasos en la ejecución de los mismos. Desde Pekín han sido pacientes y silenciosos con la manera díscola y alegre que exhibe su socio caribeño al llevar adelante sus obligaciones.  

Otro cantar, sin embargo, es el que comienza a escucharse en torno a lo financiero: el pago de intereses y de capital en las deudas contratadas con el China Development Bank se ha comenzado a ver seriamente comprometido como consecuencia de la necesidad del gobierno de usar todos los ingresos petroleros –muy mermados por la caída de la producción y de los precios internacionales del crudo– para aliviar la terrible crisis de desabastecimiento que enfrentan los venezolanos. Es conocido que buena parte de los empréstitos contratados a China son pagaderos en barriles de crudo, los que, por su lado, generan casi toda la caja con la que cuenta la administración estatal.

En estos días los titulares de la prensa venezolana se hacen eco del nuevo salvavidas financiero que le han tirado los chinos al gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, la verdad es que en esta ocasión, desde el Ministerio de Finanzas, se les ha ordenado a los negociadores ser prudentes y la prudencia aconseja no asfixiar a los deudores. Es así como los chinos no acordaron nuevos empréstitos al gobierno revolucionario pero sí le tendieron una mano con condiciones de pago beneficiosas para los préstamos del Fondo “Gran Volumen” contratado en 2010 por 20.000 millones de dólares: los venezolanos no pagarán capital en 2016 y 2017 pero sí deberán cumplir con sus intereses.

De allí no pasaron. Ni un dólar más fue otorgado a un país que se encuentra en plena barrena económica y que, al mismo tiempo, en el panorama de lo inmediato, experimentará un posible cambio político. Así lo han visto los chinos luego de que la oposición les recordara que ninguno de los endeudamientos del pasado fue –como era imprescindible– debidamente aprobado por la Asamblea Nacional.

Es así como un posible default en la deuda externa venezolana y las advertencias opositoras terminaron llevando a los asiáticos a aplicar a su circunstancia un sabio adagio de origen castellano que aconseja poner las barbas en remojo “cuando las barbas de tu vecino veas arder”…