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El drama de vivir a los dos lados de la frontera entre México y EE UU

Juan Casanova muestra sus dos pasaportes: el estadounidense y el mexicano | Foto: BBC MUNDO

Juan Casanova muestra sus dos pasaportes: el estadounidense y el mexicano | Foto: BBC MUNDO

Durante más de 20 años, los residentes de localidades al sur de México  han visto cómo muchos de sus pobladores han emigrado a Estados Unidos y nunca han regresado

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Los relatos sobre la migración son una larga historia de grandes distancia y pocos reencuentros. O al menos esa es la esencia de la exposición de fotografías del colectivo de voluntarios de Ubelong.

Se trata de un conjunto de imágenes de Raul Roman y la exreportera gráfica delNew York Times Lonnie Schelein, que fueron tomadas en las localidades de Cenotillo, Hoctun y Tunkas, cerca de la ciudad de Mérida, en el sur de México.

Durante más de 20 años, los residentes de esta zona han visto cómo muchos de sus pobladores han emigrado a Estados Unidos y nunca han regresado. Pero sus familiares no se permiten abandonar la esperanza del reencuentro.



Anacleto, quien es el administrador del cementerio, habla sobre una mujer que fue enterrada recientemente. "Ella tenía 72 años. Hace 15 años sus cinco hijos se fueron a Estados Unidos. Ellos no pudieron estar en su funeral. Nunca van a volver".



Raimundo acaba de retornar a su pueblo después de pasar algunos años en EE.UU. como inmigrante indocumentado.

"Aquí la gente tiene buenas casas porque tienen familiares en Estados Unidos. Estamos muy agradecidos por los sacrificios que hicieron nuestros padres como inmigrantes para darnos una vida mejor, pero nos sentimos un poco abandonados mientras crecíamos. Regresé porque quiero ser un verdadero padre para mis hijos".



Los hijos, los nietos y los bisnietos de Martha y Faustino viven al otro lado de la frontera.

"Estamos felices porque nuestra familia tiene una vida mejor en Estados Unidos, pero también nos sentimos un poco tristes de que nuestra cultura y forma de vivir estén desapareciendo lentamente del futuro de nuestros descendientes".



Celia, de 44 años, y Karime, de 26, tienen vidas paralelas. Ambas están casadas con hombres que viajaron a EE.UU.

Karime resume lo que es un sentimiento común entre las mujeres de esta localidad: "Cuando nuestros maridos se fueron pensamos que regresarían pronto. Pero casi ninguno ha vuelto. Mi esposo se fue en busca del sueño americano, pero en el camino me perdió a mí y a su familia".




Clara y Wendy son la madre y la esposa de Steve, quien emigró a EE.UU. hace 12 años.

"Somos dos mujeres esperando al mismo hombre. Todos los días rezamos para que ese día llegue pronto".




Miguel regresó a Tunkas después de pasar 10 años en California.

"Me dieron trabajo el primer día que llegué a Estados Unidos. Le envié el dinero a mi esposa cada semana. Entonces ella compró un pedazo de tierra y levantó nuestra casa. Un día, me dijo que el trabajo había terminado: 'cuando creas que estás listo para regresar, vas a dormir en tu propia casa'".




Sonia carga a su nieta de cuatro meses. Su esposo viajó a EE.UU. hace 17 años y no ha regresado.

"Cuando la gente cruza la frontera, ellos cambian y generalmente no es para bien".




José Rodolfo, de 70 años, vive entre EE.UU. y México.

"Me convertí en ciudadano estadounidense. Mi sueño americano es comer bien, vestir bien y estar cómodo. La miseria no existe en EE.UU.".