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El vino italiano que resiste la crisis

Copa de Vino / El Nacional

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Ofrézcale una copa de Brunello a un italiano y su rostro se iluminará: es uno de los mejores vinos de Italia, aunque no es muy conocido afuera

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Ofrézcale un vaso de este tinto oscuro a un italiano y su rostro se iluminará de entusiasmo: es considerado uno de los mejores vinos tintos de Italia, junto a otros como el Barolo, el Barbaresco y el Amarone.

Fuera de Italia no ha logrado el mismo prestigio, a pesar de que el 65% de este vino se exporta y su precio elevado de 35 euros (US$45) es indicativo de su alta calidad y gran demanda.

Será que quienes los beben se guardan el secreto. Sin embargo, la producción anual está aumentando rápidamente, por lo que es probable que se dé más a conocer dentro de poco.

El Brunello se produce a partir de viñas cultivadas en las laderas de la colina de la pequeña ciudad toscana de Montalcino, unos 40 km al sur de Siena.

Se hace con uvas Sangiovese 100%, y tiene vecinos mucho más conocidos, como el Chianti Classico y el Vino Nobile di Montepulciano, que son mezclas de variedades de uva Sangiovese con otras.

Antes se producían principalmente para el consumo personal, hasta que en la década de 1950 un puñado de viticultores locales decidieron promover activamente el Brunello di Montalcino como un buen vino. Al establecer su consorcio en 1967 sólo había 16 productores. Ahora hay 250.

"Mi abuelo fue uno de los pioneros del Brunello. Fue de los primeros en creer en su calidad en un momento en que no era fácil. El problema era tener suficiente comida para llevarse a la boca, no hacer un buen vino", dice Francesco Ripaccioli, de 26 años, que posee y dirige su patrimonio familiar, Canalicchio di Sopra, junto con su hermano y su hermana.

"El consorcio no era para los terratenientes ricos, era para los agricultores. Después de la Segunda Guerra Mundial, la población de aquí bajó de 10.000 a 2.000 ya que la gente se iba a las ciudades para ganarse la vida. El Brunello fue la solución al reto de quedarse".

Apuesta

Dos generaciones más tarde, hay muchos paralelismos.

Muchas de las familias viñateras de la segunda generación de locales eligieron lo que entonces se consideraba una profesión menos arriesgada, como ser médico.

Pero sus hijos están retomando las riendas. Por un lado, no quieren irse. Y por otro, el Brunello parece una apuesta segura. Ha sido llamado "el vino tinto que no conoce la recesión".

"Creo que vivimos en uno de los lugares más bellos del mundo. No hay industrias en los 20 kilómetros que nos rodean, por lo que es muy limpio... Sólo conocemos lo que tenemos y queremos mantenerlo", dice Ripaccioli.

"Mi familia solía vender 5.000 botellas en el extranjero y ahora estamos vendiendo 40.000. Los jóvenes son más rápidos y capaces de explotar el potencial de mercado. La generación anterior también se da cuenta de que han hecho su trabajo en la confeccinón de la famosa marca, pero ahora es el momento de que las nuevas generaciones aprovechen su oportunidad. "

Riccardo Talenti, cuyo abuelo fundó su finca vinícola en 1981, está de acuerdo con Francesco. Tiene 34 años, pero se hizo cargo del negocio cuando tenía apenas 20, justo después de que su abuelo muriera.

Al igual que Ripaccioli, el amor de Talenti por el Brunello comenzó cuando era niño, jugando a las escondidas detrás de los barriles y triturando uvas con los pies.

"Empezó como un juego para mí, pero luego se transformó en una verdadera pasión. Es divertido, mientras que el mundo de mi papá [médico] parecía miserable: fiebre, tos, dolores de garganta. Nuestro trabajo es mucho más alegre".

Hoy Talenti es una bodega de tamaño medio que produce 100.000 botellas al año, el 85% de las cuales se exportan. Riccardo, quien estudió agricultura y se especializó en enología, la maneja en solitario.

El Brunello es envejecido durante cinco años, al menos tres de ellos en barricas de roble, antes de ser embotellado. Por lo tanto, la vendimia de este año es de la cosecha de 2008. Por primera vez se venderá en ocho países, entre ellos China, Rusia, Brasil, Canadá y Japón.

Isla feliz

La producción anual ha aumentado de seis millones de botellas en 2007 a más de nueve millones el año pasado, mientras que la cantidad exportada ha aumentado de 3,6 millones a 5,8 millones en el mismo período.

Riccardo Talenti dice que el Brunello es "una pequeña isla de la felicidad en la agricultura italiana".

"Ha habido algunas fluctuaciones en los últimos años pero Montalcino ha salido de esto con la frente en alto", dice.

Uno de los momentos menos gloriosos del vino fue el escándalo "Brunellopoli" (Brunellogate) en 2008, cuando se descubrió que varios productores habían roto las reglas al mezclar Sangiovese con otras variedades de uva.

Otro fue el pasado diciembre, cuando toda la producción de Brunello 2007-2012 de la finca Basse Case - 60.000 litros - fue destruida en un acto de vandalismo perpetrado presuntamente por un exempleado descontento.

Sin embargo, un aire de optimismo boyante marcó la presentación de la vendimia de este año en Montalcino, hace un par de semanas.

"El Chianti Classico es mucho más conocido en términos de producción e historia, pero el Brunello está creciendo para convertirse en la verdadera gema de la Toscana", dice Talenti.

El crítico de vinos canadiense Dan Hertz dice que el Brunello es un vino con aromas "envolventes" - "a tierra, setas, cerezas, ciruelas, flores, café, regaliz y chocolate". Es un olor, dice, que "hace que uno se ponga a pensar".

"Es la mejor expresión de Sangiovese en el mundo", dice Ripaccioli, quien tomó su primer trago cuando tenía tres años.

"Cuando se prueba el vino, el sabor se mantiene en la boca durante dos minutos y la sensación no desaparece. Esto se debe a que los taninos proceden de la uva, no de la madera de las barricas.

"Para mí, la mejor característica es la relación entre la estructura grande del vino y su elegancia. Esta combinación de cuerpo con elegancia es muy poco común", dice.