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El vestido de la mujer más odiada de México

Especialistas creen que esta blusa adornada, o huipil, perteneció a La Malinche | BBC Mundo

Especialistas creen que esta blusa adornada, o huipil, perteneció a La Malinche | BBC Mundo

Malinalli Tenépatl, bautizada como Doña Marina por los españoles que llegaron a lo que hoy es México hace cinco siglos, es la dueña del vestido. Los mexicanos le llaman La Malinche, una forme despectiva de castellanizar su nombre y que se convirtió en una palabra vinculada con la traición

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A primera vista parece un vestido igual al que usan muchas mujeres de comunidades indígenas de México o Centroamérica. Pero la prenda, una blusa adornada llamada huipil, esconde varios secretos:

Fue hecha hace más de 500 años con base en textiles de plumas de ave hiladas, la llamada técnica plumaria de le ápoca prehispánica que casi ha desaparecido. De hecho, en todo el mundo sólo se conservan cinco piezas elaboradas de esta manera, y el vestido es una de ellas.

Pero lo más curioso es la identidad de quien se cree fue su propietaria: Malinalli Tenépatl, bautizada como Doña Marina por los españoles que llegaron a lo que hoy es México hace cinco siglos.

Los mexicanos le llaman La Malinche, una forme despectiva de castellanizar su nombre y que se convirtió en una palabra vinculada con la traición.

Malinchista en México es una persona que prefiere a los extranjeros y sus costumbres por encima de su país.

El origen de esta definición viene de 1519 cuando Malinalli fue entregada como esclava a Hernán Cortés, a quien sirvió como traductora y enlace con algunos de los pueblos originarios.

Destino inesperado

La vida de Malinalli o Malintzin, como también se le conoce, es una de las más controvertidas en la historia de México.

Durante siglos los mexicanos aprendieron que la mujer ayudó a los españoles a derrotar al pueblo azteca, que era la civilización dominante en esa época, y que permitió a España apoderarse del territorio de Mesoamérica.

Pero recientemente algunos han reivindicado el papel de La Malinche. El historiador Luis Barjau la define como una especie de embajadora con posibilidad de decisión, y de imponer su criterio al transmitir los mensajes de los españoles.

Sus conocimientos de las lenguas maya-chontal, náhuatl y castellano permitieron a Malinalli ocupar una posición de poder inusitada para una mujer de origen indígena.

Algo muy distinto para el destino original de la mujer quien fue vendida como esclava desde que era una niña a comerciantes mayas y gobernantes locales, y terminó como pareja del capitán español con quien procreó un hijo, Martín Cortés.

Pieza única

El recuerdo de La Malinche reaparece en momentos como ahora, cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) divulgó imágenes del huipil que se cree pertenece a la polémica mujer.

Es una de las joyas del Museo Nacional de Antropología, dijo Alejandro González Villarruel, subdirector de etnografía del recinto.

"No tenemos otro igual, ni en acervos de México ni en ninguna otra parte", explicó el especialista a medios locales. "Es un resumen de los conocimientos textiles de México en técnicas de bordado, en tintes, en técnicas de hilado; es como un mural: refleja todo aquello que es original del país".

No se tiene claro el origen de la prenda localizada en el acervo del antiguo Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, aunque investigadores del INAH creen que perteneció a Malitzin por su parecido a imágenes del códice llamado Lienzo de Tlaxcala donde se muestra al personaje.

Los huipiles son blusas o vestidos adornados de origen prehispánico. Antes de la llegada de los españoles eran utilizados por los nobles de algunos pueblos originarios, pero en otras comunidades como las mayas las mujeres llevaban el torso desnudo.

Sin embargo, los religiosos que llegaron con el grupo de Cortés dijeron que esa costumbre atentaba contra la moral católica, y obligaron a las mujeres a cubrirse con huipiles.

Fue el caso de Malinalli, quien recibió el bautizo cristiano después de ser entregada como esclava y desde ese momento vistió con huipiles, algunos de mucho lujo como el que ahora conserva el INAH.

La prenda permanece desde 1998 en un sitio especial para garantizar su conservación, y se espera exhibirla al público dentro de cinco años.