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La tragedia de las niñas robadas de India

Los asesinatos de niñas pequeñas y los abortos de fetos femeninos están bien documentados, pero es poco lo que se sabe del tráfico de niñas de un lugar a otro del país

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La muerte de una estudiante que fue violada por varios hombres en un autobús de Nueva Delhi ha provocado un intenso debate sobre la situación de la mujer en la sociedad india.

Los asesinatos de niñas pequeñas y los abortos de fetos femeninos están bien documentados, pero es poco lo que se sabe del tráfico de niñas de un lugar a otro del país para compensar la escasez de menores de ese género en determinado sitio.

Rukhsana estaba barriendo el piso cuando la policía irrumpió en su casa.

Sorprendida, se quedó quieta en el medio del cuarto con la escoba en la mano. Los agentes se le echaron encima, gritándole preguntas como: "¿Cuántos años tienes? ¿Cómo has llegado aquí?".

"Catorce", respondió Rukhsana suavemente. "Me secuestraron".

Pero justo en el momento en el que iba a contar su historia, una mujer rompió el círculo de policías que la rodeaban. "¡Miente!", gritó. "Tiene 18, casi 19. Le pagué a sus padres por ella".

Cuando la policía se llevaba a la menor, la mujer les pidió que esperasen un momento. Se acercó a Rukhsana y le sacó los pendientes. "Son míos", dijo.

Del hogar al infierno

El año pasado Rukshana era una niña de 13 años que vivía con sus padres y sus dos hermanos en un pueblo de India, cerca de la frontera con Bangladesh.

"Me encantaba ir a la escuela y jugar con mi hermana pequeña", recuerda.

Su infancia acabó el día en el que, de camino a la escuela, unos desconocidos la obligaron a subirse a un automóvil.

"Me mostraron un cuchillo y me dijeron que me cortarían en pedazos si me resistía".

Después de un horrible viaje de tres días en auto, autobús y tren, llegaron a una casa en el estado de Harayana, en el norte del país, donde vendieron a Rukhsana a una familia de cuatro miembros (una madre y sus cuatro hijos).

Durante un año entero, Rukhsana no pudo ni salir de la vivienda. Asegura que fue humillada, golpeada y sistemáticamente violada por el mayor de los hijos, que se autoproclamó su "marido".

"Solía decir: 'Yo te compré, así que harás lo que te diga'. Tanto él como su madre me pegaban. Pensé que no volvería a ver a mi familia nunca más. Lloraba todos los días", cuenta Rukhsana.

Miles de desaparecidas

Decenas de miles de niñas desaparecen cada año en India. Se las vende como prostitutas o como esclavas y, cada vez más, como es el caso de Rukhsana, como esposas en los estados del norte del país, donde la relación entre ambos sexos se ha visto reducida por la práctica ilegal, aunque extendida, del aborto de fetos femeninos.

La agencia para la infancia de Naciones Unidas, Unicef, asegura que el problema ha alcanzado "proporciones de genocidio" y que 50 millones de niñas indias han desaparecido por el infanticidio y los abortos.

El gobierno no está de acuerdo con estas estimaciones, pero la realidad diaria en lugares como Haryana no deja demasiado lugar a la duda.

"No tenemos suficientes niñas aquí", grita la mujer que compró a Rukhsana mientras intenta convencer a la policía de que no se la lleve.

"Hay muchas niñas de Bengala aquí. Pagué dinero por ella", insiste.

Sin números oficiales

No hay cálculos oficiales del número de mujeres vendidas como esposas en los estados del norte de India, pero activistas creen que el fenómeno va en aumento, alimentado tanto por la demanda del rico norte como por la pobreza reinante en otras partes del país.

"Todas las casas del norte sienten la presión. En todas hay jóvenes que no pueden encontrar mujeres y que se sienten frustrados", dice el activista Rishi Kant, cuya organización Shakti Vahini trabaja junto con la policía para rescatar a las víctimas.

En el distrito Pergana Sur 24, en Bengala Occidental, los cinco pueblos visitados por la BBC habían sufrido casos de menores desaparecidos, en su mayoría niñas.

Según los últimos datos oficiales, en 2011 hubo 35.000 denuncias de niños desaparecidos en el país, y más de 11.000 de ellos se registraron en Bengala Occidental. Las autoridades estiman que tan solo un 30% de los casos son denunciados.

El tráfico humano en esta zona llegó a su punto máximo después de que un mortal ciclón destruyese las cosechas de arroz hace unos cinco años.

El granjero local Bimal Singh, como otras miles de personas, perdió todos sus ingresos, así que cuando le ofrecieron a su hija de 16 años un trabajo en Nueva Delhi pensó que era una buena idea.

"Se subió a un tren. Me dijo: 'Padre, no te preocupes por mí, volveré con suficiente dinero para que puedas casarme'".

Nunca más tuvieron noticias de ella.

"La policía no nos ha ayudado en nada. Una vez golpearon la puerta del traficante, pero no lo arrestaron. No me tratan bien cuando voy a hablar con ellos, así que ahora tengo miedo de ir", dice Singh.

Una cuestión de dinero

En un barrio marginal de Calcuta conseguimos hablar con un hombre que se dedica a vender niñas. Aunque no quiere dar su nombre, no le importa hablar abiertamente sobre el negocio.

"La demanda crece y por eso he ganado mucho dinero. Ahora tengo tres casas en Nueva Delhi", afirma.

"Trato con entre 150 y 200 niñas al año, con una edad de desde 10 y 11 hasta los 16 o 17".

"Yo no voy al terreno, tengo a gente trabajando para mí. A los padres les decimos que les vamos a conseguir trabajos en Nueva Delhi y entonces las llevamos a las agencias de colocación. Lo que les pase a las chicas a partir de ahí no es de mi incumbencia", dice.

El traficante asegura ganar unas 55.000 rupias (unos US$ 1.000) por cada niña. Los políticos locales y la policía aparentemente facilitan la tarea.

"La policía sabe muy bien lo que hacemos. Tengo que decirles cuándo estoy transportando a una niña y los soborno en cada lugar, en Calcuta, en Nueva Delhi, en Haryana. He tenido problemas con las autoridades pero no tengo miedo. Si fuese a la cárcel, tengo dinero suficiente como para pagar mi salida", asegura.

El director de la Unidad de Investigación Criminal a cargo de luchar contra el tráfico en Bengala Occidental, Shankar Chakraborty, describe la corrupción policial como "negligente" y afirma que su unidad está "absolutamente resuelta" a combatir el problema del tráfico.

"Organizamos campamentos de formación y campañas para concienciar. Hemos recibido a muchas niñas también y seguiremos luchando", afirma.

La mera existencia de esta unidad, añade, muestra la resolución del gobierno, y los activistas reconocen que la policía está más pendiente del tema: todas las comisarías de Bengala Occidental tienen en este momento un especialista en tráfico. Pero los casos son numerosos y los recursos escasean.

"Simplemente cambiando a la policía no se arreglará el problema. Después de rescatar a una niña, ¿qué hacemos?", se pregunta Rishi Kant, de Shakti Vahini.

"Lo que necesitamos es una rápida rehabilitación. Necesitamos sistemas sociales y judiciales que funcionen".

Rishi Kant dice que faltan tribunales de vía rápida, como el que está juzgando a los sospechosos del caso de violación de la joven del autobús, para impedir que los acusados puedan salir en libertad tan fácilmente tras pagar una fianza.

Cambiar actitudes

Aún más importante, según algunos observadores, es la necesidad de cambiar actitudes.

Dos semanas antes del caso de violación en el autobús un grupo de ancianos líderes locales se reunieron en Haryana para discutir lo que consideraban los problemas más importantes a los que se enfrentaban sus comunidades: violaciones, abortos ilegales y leyes matrimoniales.

Pero su interpretación sobre el origen de esos problemas muestra la necesidad de un cambio de actitudes.

Uno de ellos se refirió a lo que consideró un "alarmante" aumento de los casos de violaciones. Pero añadió: "¿Han visto la sugerente forma en la que las chicas montan en motocicleta? Ya no hay modestia en la forma en la que las mujeres se visten o actúan".

Otro hombre habló sobre las raíces de los abortos femeninos. "La sociedad está cada vez más formada y las niñas han empezado a fugarse. Cuando las niñas avergüenzan a sus padres portándose así, ¿quién querría tener una hija?".

Rupa, de 25 años, procede de Bihar y fue llevada por traficantes hasta Haryana. La vendieron a un hombre que no pudo encontrar esposa entre las mujeres de su comunidad. La familia la forzó a abortar dos veces hasta que finalmente quedó embarazada de un niño.

En India, el ciclo de los abusos continúa.