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La tienda de esquís en el Sahara que no tiene clientes

La tienda de esquís en el Sahara que no tiene clientes / BBC MUNDO

La tienda de esquís en el Sahara que no tiene clientes / BBC MUNDO

Los esquís están expuestos en el porche de la tienda: una docena de ellos, además de un puñado de tablas de snowboad

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También hay un trineo amarillo con forma de cuchara y uno más grande, de color rojo, si uno prefiere ir sentado como se debe cuando se desliza cuesta abajo.


No hay sin embargo modelos recientes: la mayoría fueron comprados a principios de los años 80. Sólo las tablas de snowboard llegaron más tarde.

Las botas de esquiar se ven tan pesadas que la idea de ponérselas en este calor es extremadamente desagradable.

Esto es Agadez, un bazar polvoriento en Níger, rodeado del desierto del Sahara, no el centro vacacional de Courchevel en los Alpes franceses.

La temperatura aquí supera los 45ºC, y cuando hay un poco de brisa se siente como si alguien estuviera apuntándote con un secador de pelo directo a la cara.

Ya no vienen más

Nadie ha alquilado nada en la tienda de esquís desde 2007.

Abdelkader Baba, su dueño, tampoco ha usado el equipo desde entonces.

Baba no va a esquiar sin turistas, y los turistas ya no se aventuran por estos lados: los secuestros y los ataques armados los han matenido alejados del lugar.

El letrero es lo que la hace famosa después de todo, con sus dos esquís rojos que apuntan en el aire a cada lado, su esquiador tuareg de turbante pintando en blanco y negro en una duna de arena blanca y unas cuantas cruces del desierto de Agadez -símbolo de la ciudad- que parecen copos de nieve.

Ubicado en el mero centro de una transitada intersección, es imposible no verlo.

Baba solía llevar a los turistas a las dunas afuera del pueblo, en lo profundo del desierto.

"Teníamos que ascender antes de las seis de la mañana, porque el calor hacía imposible la tarea poco después de que saliera el Sol", le cuenta a la BBC.

Entre los primeros en probar el esquí en arena había ingleses, australianos, suecos, eslovacos y japoneses.

Pero eso fue hace 30 años.

La idea

"Es común ver camellos deslizándose duna abajo", explica. "Así que cuando vi a europeos esquiando en televisión, pensé que deberíamos probarlo por aquí".

Fue fácil convencer a amigos que participaban en el rally Dakar en la región de que le trajeran varios pares de esquís. Fue mucho más difícil aprender a descender una duna con ellos puestos.

Todavía hay turistas que esquían en arena en Namibia, pero ya no visitan Agadez.

Baba es más conocido como "Danger" (Peligro) por aquí. Su rostro encantandor hace difícil creer que fuera, según dice, un buscapleitos cuando era joven.

De niño, solía construir carros pequeños con alambre cuando era niño y desarrolló una pasión por toda clase de objetos.

Por eso, su tienda de esquí se llenó de cajas y bolsas de pilas de antigüedades, libros, souvenirs y simplemente cosas.

Baba atesora colecciones de monedas de diferentes países del occidente africano y también ha acumulado una pila de billetes de Yugoslavia y monedas de la Unión Soviética.

Me muestra un centavo de la Nigeria preindependentista, de 1959.

La moneda tenía un agujero en el medio, con el rostro de la reina Isabel II en un lado y una gran Estrella de David en el otro.

Supongo que el arte de ser coleccionista es derivar tanto placer de añadir una pieza a su colección como de mostrarle su tesoro a otros. Su completa falta de interés en intentar venderme algo es muy inusual en esta parte del mundo.
Tesoros del desierto

A continuación abre otra bolsa polvorienta que contiene rocas y piedras de diferentes formas y colores, que le llevado guías tuareg quienes viajan por el desierto y las encuentran en sus andanzas.

"Aquí está una rosa de arena. Y esta es un pedazo de estrella que cayó del cielo: es un meteorito. Lo sé porque es magnético", me dice.

El Sahara es un museo a cielo abierto, que contiene algunos de los fósiles más antiguos sobre la Tierra. "Estos son peces que se convirtieron en roca", dice Baba, mientras apunta a cascarones fosilizados de miles de años de antigüedad, cuando el Sahara todavía estaba bajo el agua.

Baba, o Danger, desenrrolla una piel de oveja y se la pone como un par de pantalones cortos. Se levanta y aplaude, flexionando las rodillas y caminando de puntillas entre los tesoros que ha desplegado en el piso. Se trata de movimientos tradicionales de danza Fulani.

Le pregunto si cree que algún día regresará a las dunas. "Mientras que las embajadas europas sigan evitando que sus ciudadanos vengan por aquí, no creo que volveré a ponerme los esquís", me responde.

"Le echan la culpa a al-Qaeda y a otros grupos militantes yijadistas, pero es una pena", dice.

"La muerte te encontrará dondequiera que vayas. ¡La gente también se muere en Europa! Deberían permitirle que la gente haga lo que quiera".