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En tiempos de crisis, garbanzos en vez de flores para la virgen

Ofrendas en la parroquia de la Encarnación de Bormujos

Ofrendas en la parroquia de la Encarnación de Bormujos

Una parroquia sevillana cambia la tradición de llevarle flores a la virgen para asistir a familias que están en problemas con alimentos que van desde garbanzos y arroz hasta guisos

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'Cuando tuve hambre, me disteis de comer', con esta frase del evangelista Mateo escrita en una cartulina sobre una cesta de mimbre con garbanzos y arroz empezó lo que sería la ruptura de una tradición española: la ofrenda de flores a la virgen.

'Pensé que una madre prefiere poder alimentar a sus hijos que pasan hambre antes de recibir flores de regalo. Por eso propuse a los fieles que en lugar de regalarle flores a la virgen, que es nuestra madre, se le ofrecieran alimentos que después serían repartidos entre los más necesitados', cuenta Manuel Jesús Rodríguez Moreno, párroco de la parroquia de la Encarnación de Bormujos, un pueblo de Sevilla, en España.

Empezó poniendo una cesta frente a un altar con garbanzos y arroz, y ahora -en medio de la grave crisis económica que afecta al país- tiene un almacén repleto de leche, galletas y más alimentos de primera necesidad donados por la gente de la localidad de Bormujos.

'La iniciativa ha sido un éxito, la gente ha acogido la idea con muchísimo entusiasmo, he tenido que comprar incluso dos congeladores para poder almacenar todos los productos que han depositado los fieles frente al altar y en los eventos de ofrenda a las vírgenes, y además ya hay otros pueblos que harán los mismo', asegura Moreno.

'Las flores no se comen'

'Un ramo de flores te cuesta como mínimo 30 euros (US$38), y un paquete de garbanzos no llega a un euro. Imagínate la diferencia y el bien que podemos hacer a cientos de personas con 30 euros de comida', dice Juan Antonio, un donante asiduo de comida para la parroquia.

'Normalmente la gente trae alimentos no perecederos como garbanzos o galletas, pero yo tengo una empresa de restauración, y ahora traigo guisos y comida fresca', explica.

'El pueblo es consciente de la necesidad que hay, por eso no ha supuesto ningún problema cambiar las muestras de devoción tradicional que eran traer flores o velas, por la de ofrecer alimentos. Las flores no se comen', ilustra Juan Antonio.

'Hay también donantes anónimos, que piden los productos al supermercado y nos ponen de remitente a la parroquia', añade el párroco. 'Después tenemos que estudiar bien a las personas a las que repartimos los alimentos, que cada vez son más', asegura.

Los necesitados

'Son ahora muchos los que vienen a verme y se echan a llorar preguntándose ¿quién me iba a decir que iba a estar yo aquí pidiendo comida?', cuenta Moreno. 'Antes solo pedían ayuda los indigentes o las personas sin muchos recursos. Pero ahora son familias que han sido trabajadoras y que no pueden mantenerse, y eso llama mucho más la atención', reflexiona el párroco.

'Estamos desbordados con la cantidad de gente que necesita ayuda', concluye.

El banco de alimentos lo gestiona Carolina Hurtado, ella es voluntaria y organiza las bolsas de comidas según el perfil del demandante. 'Atendemos una media de 15 familias a la semana y vienen sobre todo mujeres, madres de familias numerosas que han perdido el trabajo y no tienen ingresos. O que todos viven con los 400 euros al mes de la pensión de un familiar', explica.

'Por ejemplo, a las que tienen niños se les da leche y galletas, si es una mujer sola; paquetes más pequeños de legumbres', ejemplifica.

Para evitar la picaresca, las voluntarias de la parroquia preparan una ficha con el perfil de cada demandante que se introduce en una base de datos para llevar un control de los ayudados. 'Se pide el certificado de empadronamiento, el documento de identidad y el justificante de lo que cobra', resume Hurtado.

'Normalmente atendemos a las personas que pertenecen a nuestra feligresía. No obstante, si viene algún inmigrante, o una persona muy angustiada, le atendemos también. Estamos para ayudar a todos por igual', matiza el párroco.

Comida y más

La Confederación de las entidades de acción caritativa y social de la Iglesia Católica en España, Caritas, es la entidad que aglutina los proyectos de ayuda y recaudación en las iglesias.

'Llevamos años recogiendo ropa usada y donaciones, pero tras esta iniciativa, se ha multiplicado el número de gente que trae además de comida, ropa o pañales', dice Carolina mientras saca de una bolsa una rebeca de bebé.

'Tenemos ahora de todo, zapatos, chándales, abrigos, hasta cunas para niños pequeños. Cosas que la gente no va a utilizar, que están nuevas y que es mejor no tirarlas y que alguien las utilice', ve con claridad Carolina.

El párroco ya le ha pedido al ayuntamiento que le preste un local para depositar las cosas. La habitación de la parroquia se le ha quedado pequeña.

'Yo ordeno la ropa, la lavo y la dejo preparada para entregarla. Es lo que puedo hacer, después de trabajar vengo un rato por las tardes al banco de alimentos y por lo menos me voy con la satisfacción de saber que hay familias que están comiendo algo. Así estamos más tranquilos', concluye Carolina.