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Los poderosos telescopios del Polo Sur que registraron las ondas del Big Bang

Telescopio

En la foto vemos al telescopio del Polo Sur (izq.) y al BICEP3 (derecha) | BBC Mundo

Las ondas gravitacionales son uno de los fenómenos más misteriosos del cosmos

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Pocos saben que a poco más de un kilómetro del Polo Sur se encuentra uno de los telescopios más poderosos de la Tierra. Operativo todo el año, es parte de uno de los grandes experimentos de nuestro tiempo: escanea los cielos en busca de ondulaciones, las huellas del primer instante tras el Big Bang.

Son pequeñas ondas en el tiempo y espacio que, de detectarse, servirían para probar la teoría de la inflación, la expansión superrápida del espacio que se cree ocurrió inmediamente después del Big Bang.

Llegamos al polo el 1º de diciembre, tarde por la noche. Cuando bajamos del avión de la Fuerza Aérea estadounidense y pisamos la nieve sentimos la intensidad del frío.

Hacía -35º y el viento soplaba con fuerza. Estábamos a gran altura y el aire era delgado.

En la distancia, podíamos ver una serie de telescopios. Habíamos llegado a la estación del Polo Sur.

En marzo de 2014, un equipo de astrónomos sorprendió a la comunidad científica cuando anunció que su telescopio en el Polo sur había detectado posiblemente una señal de las "ondas gravitacionales" del universo temprano.

Las ondas gravitacionales son uno de los fenómenos más misteriosos del cosmos.

Son ondulaciones en el espacio y el tiempo, y las ondas que el equipo cree haber detectado surgieron en las primeras fracciones de segundos de la historia del universo, momentos después del Big Bang.

Fue una de las historias científicas más excitantes de 2014, y nosotros vinimos al Polo Sur a filmar -junto al astrónomo John Kovac y su equipo- un documental para el programa de la BBC Horizon.

Una ventana de tres meses

La estación Amundsen-Scott es una de las tres bases de investigación permanentes de Estados Unidos en la Antártica, financiada por la Fundación Nacional de Ciencia.

Es sólo accesible por avión durante el verano austral -de fines de octubre a mediados de febrero- y en esa época es cuando John Kovac y su equipo viajan allí para trabajar con sus telescopios.

"La estación del Polo sur es accesible solo tres meses al año. Las temperaturas son lo suficientemente cálidas como para llegar y salir en avión en ese período", dice Kovac.

"Cuando llevamos uno de estos telescopios como el BICEP1 o el BICEP2 al Polo Sur, viajamos con un equipo y trabajamos sin pausa por tres meses para que todo quede funcionando. Calibramos el telescopio, lo afinamos y lo dejamos en perfectas condiciones".

"Luego nos subimos a un avión y nos vamos, excepto por una persona. Él ve como los aviones se van y sabe que no va a ver a otro por unos nueve meses. Durante esos nueve meses verá al sol acercarse cada vez más al horizonte. Y luego vienen seis meses de oscuridad".

Más seco que el Sahara

En este viaje, el equipo estaba instalando un nuevo telescopio llamado BICEP3. Llegó cuidadosamente embalado en varias cajas de madera. El equipo debe armarlo, probarlo y dejarlo listo para el invierno.

El nuevo telescopio está siendo instalado en el edificio que albergó antes al BICEP2 - el telescopio que detectó por primera vez las enigmáticas señales que causaron tanta conmoción el año pasado.

Pero en esta historia había otro personaje: un telescopio llamado Keck Array.

En pocas semanas el equipo lo está actualizarlo, con "nuevos ojos", para que continúe buscando ondas a la par de su vecino, el BICEP3.

Ambos telescopios tiene la misma misión, pero ¿por qué están ubicados en el Polo Sur?

Por varios factores: están en una zona elevada (2.835 metros), el frío es extremo -las temperaturas pueden descender en invierno hasta -82º, y el aire es increíblemente seco.

A pesar de la nieve, el Polo Sur es más seco incluso que el desierto de Sahara. Todo esto convierte al Polo Sur en el sitio ideal para los telescopios que tratan de detectar las ondas gravitacionales primordiales.

La carrera por descubrir las ondas

Lo que el equipo había pensado que era una señal de las ondas gravitacionales del universo primitivo, parece ahora tener un origen mucho más complejo.

Información del satélite Planck de la Agencia Espacial Europea y un nuevo análisis de los equipos del Planck, BICEP y Kek Array, apuntan a que la mayoría de las señales del BICEP2, sino todas, vienen del polvo galáctico.

Hace falta hacer más mediciones antes de que los científicos puedan estar seguros de que las ondas gravitacionales del universo temprano realmente existen.

Esto es un gran golpe para Kovac y sus colegas. Pero, con el nuevo telescopio BICEP3 y la versión actualizada del Keck Array, el equipo está en una buena posición para continuar trabajando.

A diferencia de lo que hacían el BICEP2 antes, el BICEP3 y el Keck Array escrutarán el cielo en frecuencias múltiples y esto aportará nueva información crucial que permitirá diferenciar el polvo galáctico de cualquier señal de una onda gravitacional.

El equipo compite con otros grupos de investigadores que operan telescopios en diversos sitios, desde el Polo Sur hasta el norte de Chile, hasta desde telescopios que viajan en globo por la estratósfera.

No importa quién llegue primero, lo cierto es que la búsqueda de ondas gravitacionales del universo temprano se está calentando.