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Los suculentos negocios que atan a Brasil con Venezuela

Nicolás Maduro y Dilma Rousseff: una amistad puesta a prueba / AP

Nicolás Maduro y Dilma Rousseff: una amistad puesta a prueba / AP

La relación entre ambos países enfrenta desafíos inéditos ahora que Venezuela pasa crecientes problemas económicos, tensiones políticas y surgen reclamos de una actitud más firme de Brasil ante el gobierno “amigo”

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Brasil nunca ocultó que veía en la Venezuela socialista de Hugo Chávez un mercado atractivo para sus empresas.

“La presencia de Venezuela en el Mercosur (…) abre oportunidades a varios emprendimientos”, dijo la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, cuando dio la bienvenida al país vecino y rico en petróleo al bloque regional, en julio de 2012.

Y varios números sugieren que la apuesta brasileña rindió sus frutos.

Sólo el año pasado, el gigante suramericano tuvo en su intercambio comercial con Venezuela un superávit de $ 3,4 millardos.

Para Brasil ese saldo positivo fue a contramano de su balanza comercial total, que el mismo 2014 registró su primer déficit anual en lo que va de este siglo.

Expertos como Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales en la Fundación Getulio Vargas, con sede en São Paulo, calculan que las empresas brasileñas tienen contratos en Venezuela por unos $ 20 millardos.

“Brasil obtuvo muchos beneficios económicos (en Venezuela) a lo largo de los últimos 15 años y el chavismo era un socio comercial confiable. Chávez y (su sucesor Nicolás) Maduro dieron preferencia a las inversiones brasileñas”, indicó Stuenkel a BBC Mundo.

Pero esa relación enfrenta desafíos inéditos ahora que Venezuela pasa crecientes problemas económicos, tensiones políticas y surgen reclamos de una actitud más firme de Brasil ante el gobierno “amigo”.

“Cuestión interna”

Hasta ahora la administración de Rousseff evitó criticar directa y públicamente a Maduro, lo que contrasta con la actitud de Estados Unidos, otro actor clave en el hemisferio y socio comercial importante de Caracas.

El presidente estadounidense, Barack Obama, declaró a Venezuela una amenaza para la seguridad nacional y ordenó sanciones contra siete altos funcionarios de ese país.

En cambio, Brasil ha medido sus palabras sobre Venezuela desde el arresto el mes pasado del alcalde de Caracas, el opositor Antonio Ledezma, acusado por el gobierno de Maduro de participar de un supuesto plan para derrocarlo.

La Cancillería brasileña primero señaló que acompañaba “con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela”. Pero la propia Rousseff calificó el arresto de Ledezma como una “cuestión interna” de ese país.

Unos días después, Itamaraty emitió otro comunicado sobre Venezuela que afirmó que “son motivos de creciente atención medidas tomadas en los últimos días, que afectan directamente partidos políticos y representantes democráticamente electos”.

Al igual que lo hizo el año pasado tras las manifestaciones antigubernamentales que fueron reprimidas en Venezuela, Brasil llamó a retomar “el diálogo” en el país, a través de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y el apoyo del Vaticano.

Grupos defensores de los derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han criticado la posición de Brasil -el primero la calificó de “tímida”- ante la “prisión arbitraria” de opositores y otros abusos que afirman que se cometen en Venezuela.

Y opositores brasileños acusaron al gobierno de Rousseff de ser “cómplice” de Maduro y actuar en función de vínculos ideológicos con las autoridades vecinas.

Sin embargo, Stuenkel calificó esta visión como “simplista”.

“La cuestión económica (en Venezuela) es más importante que cualquier factor político”, sostuvo. “El comportamiento brasileño hasta hoy fue principalmente pautado por intereses económicos”.

Pero, ¿cuáles son exactamente esos intereses?

Puentes, usinas y deudas

Las empresas brasileñas tienen un abanico amplio de actividades en Venezuela: desde la colocación de alimentos y otros bienes de consumo en un mercado con serios problemas de escasez, hasta grandes obras de infraestructura.

La constructora Odebrecht, por ejemplo, tiene una docena de proyectos en Venezuela, incluida la ampliación del Metro de Caracas, el tendido de un puente de 11,4 kilómetros sobre el Lago de Maracaibo y el desarrollo de la central hidroeléctrica Tocota.

Por otra parte, la lista de productos brasileños exportados a Venezuela es extensa: las carnes bovinas tienen un peso destacado, pero también hay leche, azúcar, medicamentos, maquinarias, champú, afeitadoras…

El propio gobierno brasileño ha buscado empresas brasileñas que abastezcan productos básicos a Venezuela para aliviar la crisis, tras al menos dos pedidos personales de Maduro a Rousseff, informó el diario Folha de S.Paulo el martes.

No obstante, las dificultades de los importadores venezolanos para obtener dólares ha provocado importantes atrasos de pagos a los exportadores brasileños, mientras que empresas brasileñas instaladas en el país vecino también tuvieron problemas para enviar fondos a la matriz.

La Cámara de Comercio Venezuela-Brasil calculaba a comienzos de año que esos atrasos sumaban $ 5 millardos. Pero un funcionario venezolano que habló en condición de anonimato por tratarse de un tema sensible dijo a BBC Mundo que la cifra podría llegar al doble.

Welber Barral, exsecretario brasileño de Comercio Exterior y socio de la consultora Barral M Jorge, señaló que los atrasos varían según del ramo del exportador y que a clientes suyos del área de los alimentos “les están pagando”.

Sin embargo, indicó que los atrasos que hubo en general y los problemas de liquidez que causó a Venezuela el desplome del precio del petróleo provocaron una reciente contracción del comercio bilateral.

Las exportaciones brasileñas a Venezuela cayeron 47% en los dos primeros meses de este año respecto al mismo período de 2014, mientras el superávit del intercambio se redujo 53%.

La situación parece preocupar al gobierno de Rousseff, que estudió plantearle a Venezuela que las exportaciones brasileñas tengan como garantía el petróleo de la estatal Pdvsa o sus derivados, para “desmonetizar” el comercio, informó el diario brasileño Valor Económico a fines de enero.

Pero Barral dijo a BBC Mundo que eso sería insuficiente, ya que Brasil produce el mismo tipo de petróleo que su vecino. “Brasil no tiene qué importar” de Venezuela, resumió.

Con crecientes dificultades políticas y económicas también en Brasil —que incluyen un creciente descontento social doméstico, una devaluación de más de 20% del real ante el dólar este año y una inflación a 12 meses que en febrero llegó al máximo en una década— muchos creen que lo último que quiere Rousseff es más inestabilidad en Venezuela.

“No se puede decir que el impacto de un colapso venezolano afectaría apenas algunos sectores de la economía brasileña”, dijo Stuenkel. “En la situación actual, con tantas noticias negativas, sería otro factor que afectaría de manera muy negativa el cuadro”.