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Qué se siente cuando a uno lo retocan

Ahora, las imágenes perfectas no se toman, se hacen / BBC Mundo

Ahora, las imágenes perfectas no se toman, se hacen / BBC Mundo

Mi placer culposo es leer revistas de moda y chismes. No me pierdo esas fotos poco favorables de celebridades en bikini y me sorprendo al ver cuán bien funcionan sus dietas, que les dejan los abdominales perfectos en apenas seis semanas. O me maravilla la piel impecable de una estrella que aparece casi desnuda y pienso "¿por qué mi piel/pelo/dientes no son así de divinos?"

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No es secreto que los anunciantes y revistas retocan las imágenes para que los sujetos se acomoden más a un ideal… y lo han estado haciendo por décadas.

En 2008 se dijo que pronto se le prohibiría a este tipo de publicaciones que alteraran las fotografías de celebridades, tal era la ansiedad por los trastornos alimentarios entre los adolescentes.

Pero eso nunca sucedió.

Sería difícil hacer cumplir una ley de esa índole.

Normalmente el debate se presenta en términos de si se les está vendiendo una realidad falsa a los adolescentes.

Pero, ¿que sienten quienes son retocados? Decidí averiguar.

Comentario del editor de imágenes

Desde el nacimiento de la fotografía, las imágenes han sido manipuladas para adaptarse a la visión creativa del fotógrafo o presentar un punto de vista específico. Personas y cosas aparecen y desaparecen, en pos de la composición perfecta.

En algunos casos, la razón del engaño -si es que esta práctica lo que es- era alterar el registro de la historia. El caso más famoso es el de los estalinistas que borraron a Trotsky de las imágenes de la Revolución rusa.

En la era de los rollos de fotografía, el trabajo lo hacían técnicos calificados, a veces directamente en el negativo antes de la impresión, o, con mayor frecuencia, en el cuarto oscuro bajo la fría luz de la ampliadora.

Hoy, la manipulación de fotografías digitales se hace apretando un botón en un teléfono móvil y está disponible a todos. Con la posibilidad de usar filtros predefinidos, la única pregunta que hay que hacer es: ¿cómo queremos que sea el mundo hoy?

Sin embargo las fotografías no son la realidad, sino un mero reflejo de ella. La validez y veracidad de la fotografía depende de quien la toma, el fotógrafo, y eso es algo que no ha cambiado y ni cambiará.

Phil Coomes, BBC

Frente a la cámara

No fui lo suficientemente valiente como para dejarme fotografiar sin maquillaje, así que me eché un poco de base, colorete y brillo de labios.

Las sesiones de fotos, de por sí, son una experiencia extraña.

"Mire al lado... Ponga las manos en las caderas... Sonría... No sonría... No sonría con la boca tan abierta", me ordenaban.

La fotógrafa Sarah Brimley trató de que me relajara para que encontráramos mi mejor foto "natural". Ha trabajado con algunas de las modelos más grandes de la moda, así como varias celebridades.

Dice que es estándar hacerle pequeños retoques a las fotos, como corregir imperfecciones en la piel o pelos fuera de lugar.

"Las cámaras digitales tienen tal grado de definición que retocar se ha vuelto aún más necesario pues se ve cada pequeña mancha en la piel. Con la película no se veía tanto".

Pero los retoques extremos son raros, le dice a la BBC la fotógrafa.

La excepción son las celebridades.

"Piden que se les cambie la forma a la nariz o que se les haga más delgadas. Eso pasa con casi todos los famosos que fotografiamos". La petición más común es que la cintura sea más delgada o las piernas más largas.

Quienes trabajan en la industria lo saben. "Pero el público en general cree que lucen como aparecen y no es así", dice Brimley.

Hizo un gran trabajo con mis fotos y me parece que me veo bien en las imágenes.

Pero llegó el momento de la post producción.

La experiencia fue brutal

Como muchos fotógrafos de moda, Brimley retoca todas las fotos que toma, pero nunca en extremo. Pero yo quería ver qué era posible, así que le propuse hacer más de lo que normalmente haría.

Me quitó 18 kilos de encima y alrededor de 10 años. Todo en menos de una hora.

Cada mancha desapareció de mi piel, así como la cicatriz en mi frente. Blanqueó mi cara, alargó mi cuello, cambió la forma de mi nariz, amplió mis ojos, alargó mis piernas, cortó pedazos de mis brazos y muslos y redujo mis caderas.

De repente, en las imágenes originales, con las que yo estaba tan contenta al principio, me veía vieja, cansada y un poco gordita.

Georgina Wilkin, una ex modelo de 23 años que desarrolló un trastorno alimenticio debido a las presiones del trabajo, reconoce el fenómeno.

"Un par de veces posé para una revista y cuando salió a la venta, casi no me reconozco. Mis piernas eran más largas, mis poros, inexistentes y tenía la nariz arreglada".

El resultado puede ser humillante. "Me sentí muy mal, como que el ser humano que soy no es suficiente".

Problemático

Para Vena Raffle, de la Autoridad de Estándares de Publicidad británica, a la hora de retocar hay que hacerlo responsablemente, sin pasar la raya que lleva a que "el anuncio sea engañoso, perjudicial u ofensivo".

Lo difícil es precisar qué es socialmente irresponsable… ¿hacer los brazos y piernas de una actriz más delgados?

¿O quizás añadirles caderas y pechos grandes a mujeres extremadamente flacas? En 2010 la revista Cosmopolitan admitió que habían retocado fotos de modelos anoréxicas para que parecieran más saludables.

Las técnicas de retocar están creando expectativas imposibles, argumenta Wilkin. "Modelos de revistas y maniquíes en tiendas… ese cuerpo no es alcanzable. Parece cada vez más alejado de la realidad".

Lo peor es que "como está en todas partes, hemos perdido algunas de nuestras facultades críticas para entender cuando algo deja de ser real", señala Susan Ringwood, directora ejecutiva de Beat, una ONG de trastornos alimentarios.

O no tanto

Hay una visión alternativa: que se trata sólo una parte inevitable del cambio tecnológico.

"En los viejos tiempos había que usar un montón de maquillaje, la selección de modelos tenía que ser muy cuidadosa, la iluminación excelente y se hacían innumerables tomas con cámaras e ingenieros, que se aseguraban de que saliera una imagen perfecta", subraya Ian Twinn, de la Sociedad Incorporada de Anunciantes Británicos.

"Ahora se puede hacer más rápidamente y manipular, cambiar y mejorar digitalmente la imagen luego".

Los consumidores no son estúpidos, alega. Saben lo que está pasando y quieren comprar el sueño, argumenta.

Retocado en casa

No está claro qué efecto está teniendo en los adolescentes de hoy.

Jemma es una colegiala de 14 años de edad que quiere ser un modelo o actriz, y utiliza técnicas de post producción.

Edita los autorretratos que pone en las redes sociales. "A veces me gusta cómo me veo naturalmente pero tienes que tomar muchas fotos para conseguir una buena. La mayoría de las fotos que he puesto en Instagram o Facebook fueron editadas: las he hecho más claras, les he quitado manchas, cosas así".

Aunque está consciente de lo que se puede hacer con esas técnicas de retoque y las usa, Jemma dice que se le olvida cuando mira una revista. "Como uno no está pensando en eso, cree que son realmente así de flacas".

Flaca pero cabezona

Cuando vuelvo a ver mis imágenes retocadas, noto que hay algo más que se me borró: mi personalidad.

Me veo como una clon, casi inhumana. Mi cabeza es demasiado grande para mi cuerpo delgado y el retrato no se parece a mí en absoluto.

Las modelos de las revistas son naturalmente hermosas, así que sus fotos no necesitan la cantidad de cambios que le tuvieron que hacer a las mías, pero es simultáneamente reconfortante y asustador cuánto se puede cambiar de una persona.

La próxima vez que vea esa cara perfecta o aquellas imposiblemente largas piernas y piense: "¿por qué no me puedo ver así?", recordaré que, con un poco de ayuda de Photoshop, sí puedo.

Pero tras haber visto el resultado, no creo que quiera hacerlo por un largo tiempo.

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