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¿Cómo sacarte de la cabeza las canciones pegajosas?

En promedio, con el chicle, la melodía se repite tres veces menos / Foto: Thinkstock

En promedio, con el chicle, la melodía se repite tres veces menos / Foto: Thinkstock

Mascar chicle puede hacer que la recuerdes menos, según un estudio realizado en Reino Unido 

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Caminas hacia la parada del autobús y en tu cabeza Madonna canta: "Like a virgin... touched for the very first time...".

Llegas a tu trabajo, te sientas frente al escritorio y la bendita canción vuelve a sonar dentro de ti.

A la mayoría de nosotros, en algún momento -una vez a la semana para al menos 90% de la población- se nos queda pegada una canción en la cabeza.

El fenómeno es sin duda irritante, pero si además el tema no nos gusta, la sensación aún es mucho peor.

¿Cómo quitarnos esta música de la cabeza? De acuerdo con un nuevo estudio de la Universidad de Reading, en Reino Unido, con un método muy simple: mascando chicle.

Según los autores de la investigación, masticar un chicle después de escuchar una canción pegadiza nos hace pensar en ella con menos frecuencia.

Mandíbulas en acción

Pero, ¿qué tiene esta acción de particular para ayudarnos a olvidar esta memoria involuntaria?

Lo que ocurre, le dice a BBC Mundo Phil Beaman, profesor de la Escuela de Psicología y Ciencias del Lenguaje de la Universidad de Reading y autor principal del estudio, es que "para ensayar la canción en tu cabeza, cuando intentas recordarla, utilizas muchos de los mismos sistemas que emplearías para prepararte para hablar y cantar y, si estás mascando chicle, usas en cambio esos sistemas para planificar los movimientos de tus mandíbulas".

"Al forzar a estas regiones a permanecer activas durante el acto de mascar chicle, están menos disponibles para apoyar la generación o el recuerdo de una melodía pegadiza", añade.

En el experimento participaron alrededor de 100 personas a las que les hicieron escuchar dos temas: "Payphone", de Maroon 5 y "Play Hard", de David Guetta.

Luego, durante un período de tres minutos, se les pidió a los participantes que no piensen en las canciones que habían escuchado pero que apretasen un botón si volvían a recordarlas.

Cuando mascaron chicle, manifestaron pensar y "escuchar" la canción en menor medida que cuando no mascaban chicle o cuando ejercían la acción de golpetear los dedos contra la mesa.

En promedio, con el chicle, la melodía se repitió tres veces menos.

"Supongo que si masticas chicle en el momento que escuchas la canción, el efecto será similar", comenta Beaman.

Si bien esta acción es bastante específica -Beaman la eligió porque es una actividad común con la que la gente se puede identificar- el investigador aclara que otras acciones semejantes, que involucren actividad en la mandíbula y la lengua, como comer o hablar, pueden tener un efecto parecido.

Soluciones alternativas

Más allá de que este simple truco pueda ayudarnos con las canciones que se nos quedan pegadas, los investigadores creen que este estudio puede abrir el camino para hallar metodologías para controlar otro tipo de pensamientos involuntarios -con consecuencias más negativas- en personas con condiciones psiquiátricas.

"Interferir con nuestro 'discurso interior' mediante una versión más sofisticada de la acción de masticar chicle puede funcionar en un sentido más amplio".

No obstante, Beaman aclara que aún hacen falta más estudios para evaluar si este tipo de metodologías pueden ser útiles para contrarrestar síntomas de conductas obsesivo-compulsivas u otros desórdenes similares.

Un estudio anterior, llevado a cabo por la Universidad Western Washington, en Estados Unidos, sugiere otra forma de acabar con el efecto molesto de las canciones pegadizas: resolver anagramas complejos.

Esto, dicen, puede ayudar a expulsar a la música invasora de nuestra memoria, reemplazándola con otros pensamientos más agradables. Si no cuentas con un libro de anagramas a mano, leer una novela puede cumplir la misma función.

El problema de esta aproximación, le dice Beaman a BBC Mundo, es que hay que calibrar la dificultad del anagrama: si es muy complejo nuestra mente puede distraerse y volver a la canción y si es muy simple no será suficiente para distraernos.

Otras soluciones (aunque no están científicamente probadas) según le sugirieron distintas personas a la psicóloga británica Vicky Williamson, quien recopiló información sobre cómo la gente lidia con el problema, podrían ser escuchar otras canciones, salir a correr o resolver un crucigrama.