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El recuerdo de un niño de las FARC en fechas decembrinas

Ministro de Defensa de Colombia afirmó que las FARC “siguen extorsionando” y practican la “minería criminal” | Foto EFE

Los paramilitares se desmovilizaron a mediados de la década del 2000 | Foto: EFE

El uso de niños y niñas para la guerra no se limita a una facción en particular

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"Doña, présteme a su hijo para que vaya a hacer un mandado, para que nos traiga un mercadito del pueblo", cuenta Martín (no es su verdadero nombre) que le decían a su madre los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, que operaban en su región.

De este modo comenzó Martín a contarle a BBC Mundo, en conversación telefónica, cómo se incorporó de niño a las filas de las FARC, cómo vivió sus años como guerrillero y cómo -así lo dice él- se voló.

La suya es una de las más de 3.500 historias de menores colombianos que salieron de ese grupo armado desde 1999, según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), entidad dedicada a la infancia y encargada de acoger a los menores que de las filas guerrilleras regresan a la sociedad civil.

El uso de niños y niñas para la guerra no se limita a una facción en particular. Entre 1999 y los primeros cuatro meses de 2015 el ICBF recibió a 5.753 menores que habían sido reclutados por grupos armados, que incluyen no solo a las FARC, sino a otros grupos guerrilleros, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a paramilitares.

Los paramilitares se desmovilizaron a mediados de la década del 2000. Algunos de sus miembros se convirtieron en criminales comunes, organizados en las llamadas bandas criminales o "bacrim", también acusadas de reclutar menores.

"La mayoría de gente que entra a los grupos (armados) siempre entra siendo menor de edad", explica Martín. Y aunque existe registro de reclutamiento forzados por parte de la guerrilla, él aclara: "Mientras yo estuve a nadie obligaron, donde yo estuve no; puede que sí en otras partes pasara eso". No hacía falta, explica: "Ellos se aprovechan de la inocencia".

El acuerdo de Colombia con las FARC incluye la desmovilización de menores de 15 años 

Foto: AP

"Me fui acostumbrando"

Como muchos ex miembros de las FARC, él recuerda a la guerrilla como parte de una suerte de cotidianeidad benigna en su región; una zona donde no había mucho más, una de las tantas partes del país donde la palabra Estado era -todavía puede ser- eco de una ausencia.

"Ellos se aprovechan de esa situación", dice Martín.

"Yo soy de una zona indígena; una zona donde toda la vida hubo guerrilla; una zona de más o menos 50 familias. La presencia de ellos nunca fue para nosotros un obstáculo".

"Ellos llegaban y se quedaban en nuestra casa, se hospedaban allí. Yo siempre viví con mi mamá y mis hermanos; mis padres son separados".

"Todo ese tiempo nosotros compartíamos con ellos, comíamos con ellos; aprendíamos muchas cosas. Me fui acostumbrando".

11 años

De hacerles las compras pasó, junto con su hermano mayor, a hacer tareas de inteligencia, acompañando a algún guerrillero mayor.

Su ingreso definitivo se dio cuando tenía 11 años; entonces dejó el hogar materno.

"Cuando me di cuenta estaba más adentro que afuera, porque las responsabilidades habían aumentado, ya habíamos participado de varias operaciones. Cuando había pelea con el Ejército, nosotros nos encargábamos de informar en qué posición estaba para que la guerrilla lo pudiera emboscar".

"A mí no me entrenaron tres meses, como es el protocolo, con un fusil de palo. A nosotros nos dieron un fusil de una vez. A los 11 yo ya sabía cómo se armaba y cómo se desbarataba un fusil"..

"Con la guerrilla empezamos a trabajar y nos pagaban algo. No era mucho, eran 10.000, 20.000 pesos (entre US$4 y 8, al cambio de la época), dependiendo de lo que tuviéramos que hacer".

"¿Por qué llora, marica?"

Los niños de la guerrilla no sólo están a merced de los elementos, de la rigidez militar, de tareas que parten espaldas; están sobre todo expuestos a la más cruda violencia del conflicto, las muertes, los heridos.

Vio a muchos de sus compañeros heridos. "Eso es muy fuerte, porque te hacen una operación sin anestesia. Y es triste verlos gritar, llorar y botar sangre".

Guerrillero de las FARC. 

Foto: AFP

Tener unas alas

"Muchos compañeros decían 'yo quisiera salir volando, tener unas alas, irme de aquí para lo de mi familia'. Pero muchos de ellos murieron con los sueños frustrados sin poder hacer lo que ellos querían".

"¿Por qué tienen que esperar a que uno sobreviva a una guerra para que lo ayuden? ¿Por qué no hacer algo antes de que esos muchachos se vayan a la guerra?", pregunta con frustración Martín.

Hoy tiene 24 años y trabaja como promotor de reintegración en la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), el organismo encargado de ayudar a desmovilizados y desvinculados de grupos ilegales armados a volver a la sociedad civil.

"Tenemos que demostrarle a la sociedad que somos diferentes. No decir 'yo soy desmovilizado, tienen que ayudarme'. No, hay que demostrar que somos capaces. Para eso tenemos que estudiar, prepararnos, reintegrarnos".