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El pueblo donde uno de cada cuatro habitantes tiene una discapacidad

Uno de cada cuatro habitantes tiene problemas mentales o físicos en este remoto pueblo de Indonesia | Foto: BBC

Uno de cada cuatro habitantes tiene problemas mentales o físicos en este remoto pueblo de Indonesia | Foto: BBC

De acuerdo a la información de la Organización Mundial de la Salud, los defectos de nacimiento usualmente ocurren en un 6% de la población, pero en una localidad al sur de Indonesia esa tendencia se cuadruplica 

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En Karangpatihan, una remota población ubicada en el sur de Indonesia, uno de cada cuatro personas sufre de alguna discapacidad.

Y durante años nadie se hizo cargo de ellos. Hasta que un hombre cambió sus vidas: Eko Mulyadi, quien fue elegido líder el año pasado.

"Nunca quise ser la cabeza de la familia. Nunca fue mi ambición. Pero una noche un joven me despertó y me llevó a un cuarto donde estaban todos los habitantes del pueblo. Y allí me dijeron: 'Queremos que seas nuestro líder'".

La casa de Mulyadi es un lugar donde la mayoría de los discapacitados pasan el día.

Uno de sus visitantes más asiduos es Duey, un hombre que no puede hablar. Él viene la mayoría de los días a pasar el rato junto a la esposa de Mulyadi y sus hijas.

Discapacitados

Cuando se encuentra con el líder, se inicia un curioso diálogo donde Duey se explica mediante sonidos guturales y el movimiento de sus manos. Así trata de explicarle por qué está vestido con dos trajes superpuestos de camisa y shorts raídos.

"Me está diciendo que tiene mucha ropa en su casa, pero no pantalones", traduce Mulyadi mientras se ríe.

En la esquina me encuentro a Bagus Waras recogiendo basura. Es una mujer que sufre de hidrocefalia y cuando le pregunto qué está haciendo, su respuesta me sorprende.

"Por favor señora, solo tengo 5 años. Voy a ir ahora, voy para la escuela", dice tímidamente.

Dicha enfermedad hace que el desarrollo de su cerebro se parezca al de un niño, a pesar de que tiene ya 30 años.

De acuerdo a la información de la Organización Mundial de la Salud, los defectos de nacimiento usualmente ocurren en un 6% de la población, pero en Karangpatihan esa tendencia se cuadruplica.

"En su mayoría, las personas que nacieron con problemas mentales y físicos eran hijos de personas que habían nacido en los 50", explica Mulyadi.

Mulyadi

"Y aquí no había doctores. No fue hasta que estos niños cumplieron 4 o 5 años que se dieron cuenta que no eran como los otros niños", añadió.

Amistad eterna

Debido a la extrema pobreza de la zona, no pudieron tener asistencia médica o psicológica para atender este problema. Muchos de esos niños se convirtieron en marginales que a nadie parecían importarle.

Uno de los afectados fue Duey, que fue llevado a la casa de Mulyadi cuando ambos eran unos niños. Poco a poco, con el trato, Mulyadi supo descifrar lo que él quería decirle con los gestos y los extraños sonidos de su boca.

"Se convirtió en mi amigo y, como yo era uno de los pocos chicos que iba a la escuela, la gente comenzó a verlo como una persona normal", relata Mulyadi.

"Entonces me di cuenta que el problema no es que las familias no quisiesen a estos niños, sino que no sabían qué hacer con ellos. Simplemente les daban comida y ya", agrega.

Numo

Mientras crecía, su preocupación por las personas con discapacidad también fue creciendo.

"Eran muy pobres y me preocupó siempre que no fueran felices. Además, siempre pensaba en quién se haría cargo de ellos cuando murieran sus padres", dijo.

Después de graduarse de la universidad, Mulyadi regresó a su pueblo para ver cómo podía ayudar. Intentó varias cosas, entre ellas invitar a un periodista a que visitara la localidad para contar su historia.

Pero cuando el periodista publicó su crónica, la tituló "El pueblo de los idiotas".

"Lo que menos quería era ridiculizar a mis vecinos, a mis amigos", recordó.

Aunque eso también tuvo un efecto positivo: personas de distintas partes del país comenzaron a llamarlo para preguntarle por qué había tal concentración de personas con discapacidad en la región del Ponorogo.

Las teorías 

Sin embargo, Mulyadi no tenía una respuesta clara: porque había muchas teorías. El aislamiento era una posible razón. Aunque para Mulyadi era un tema relacionado con la alimentación durante el embarazo.

Discapactiados

"Una dieta deficiente debido a la incapacidad de comprar alimentos adecuados podría ser una razón", explicó.

Un 70% de los habitantes de la región vive por debajo de la línea de pobreza y muchos no pueden acceder a una alimentación balanceada.

Pero el artículo, a pesar de estar mal titulado, puso a Karangpatihan en el mapa y las cosas comenzaron a cambiar.

El gobierno inició un programa para ayudar a los discapacitados. Y aunque para Mulyadi es una oportunidad para "que la gente tenga un apoyo", otras personalidades del pueblo son escépticos.

"Cuando comenzamos con el programa algunas personas pensaron que estaba loco. Estaban realmente en contra y decían que era imposible", anotó.

Cierto es que no fue fácil.

"Les enseñamos a hacer labores simples en sitios de construcción. Pero es una tarea compleja enseñarle cosas a una persona con discapacidad, requiere una paciencia infinita", dice.

Esfuerzo y recompensa 

Pero aquel empeño tuvo un premio: el cambio de la actitud de las personas que lograron construir una carretera y hasta una escuela.

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Y también con fondos oficiales y privados se iniciaron cultivos de peces para que las familias con hijos con alguna discapacidad tuvieran un medio de subsistencia.

Contrario al mito, muchas parejas en las que un miembro muestra alguna discapacidad han tenido hijos que no sufren de ningún problema.

"Aprendí a hablar el lenguaje de señas para comunicarme con mi madre, pero algunas veces puede ser difícil", dijo Nuomo, un joven de 10 años a quienes sus padres no pueden hablarle, pero creció bajo la tutela de su abuela.

Las fallas

Pero Mulyadi no puede ayudar a todo el mundo, especialmente en las poblaciones más lejanas.

Allí nos encontramos con el caso de Campret. Su padre es ciego y él, que tiene 39 años, apenas soporta el contacto con otras personas.

Cuando nos ve acercarnos comienza a llorar sin control, como si fuera una niño. Se tira al suelo y grita. Se la nota bastante molesto.

Talleres

Pregunto cuándo fue la última vez que lo llevaron a un doctor.

"Lo llevamos cuando era un adolescente, pero cada viaje era un problema. Se ponía furioso cuando le decíamos algo sobre los doctores", relata su madre.

Hace 20 años que Campret no visita un doctor. Y esa parece ser una de las peleas actuales de Mulyadi: tener una persona que los pueda ayudar a trabajar cada caso.

Otro de los empeños es lograr diagnosticar a tiempo los posibles casos y hacer que las futuras madres en la población tengan una alimentación adecuada que le permita a los niños nacer sin tantas dificultades.

Y para aquellos que no pueden viajar hasta el hospital –que está ubicado a 45 minutos- o no pueden pagar una revisión, él les ofrece transportarlos y pagar los gastos clínicos.

Por eso el sueño de Mulyadi se divide en dos partes: "Me gustaría que no nacieran más niños con alguna discapacidad y que los que están creciendo actualmente, puedan valerse por sí mismos algún día".

Por ahora se siente orgulloso de lo que ha logrado: "Antes era normal ver niños o jóvenes en el borde de la carretera sin hacer nada. Ahora eso no se ve tanto. Nuestra población es un lugar muy diferente".