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El protocolo de los golpes de Estado

Una manifestante sostiene un fotografía con el rostro tachado de Mohamed Mursi | FOTO REUTERS

Una manifestante sostiene un fotografía con el rostro tachado de Mohamed Mursi | FOTO REUTERS

Los pioneros en el arte del comunicado del golpe de Estado fueron el general Augusto Pinochet y los miembros de su junta en Chile en septiembre de 1973

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Hay ciertas costumbres que mantener cuando se declara un golpe de Estado.

La declaración del general Abdel Fattah al-Sisi, el 3 de julio en Cairo, Egipto, se ajustó a un libreto y vestuario, que data de al menos cuatro décadas.

Un general tosco lee un comunicado en la televisión estatal en el que informa que, renuentemente, las Fuerzas Armadas han decidido tomar medidas para salvar al país.

El general tiene que asegurarse de que proyecta la imagen correcta: necesita un uniforme impecable, equipado con medallas.

Necesita también un podio o, al menos, una mesa sólida. Las gafas son opcionales.

La apariencia del general cuando lee la declaración puede convertirse en la imagen definitoria de su país en el mundo exterior y ciertamente será una imagen que recordará su propio pueblo.

La declaración también debe seguir cierto formato.

El general debe subrayar que el ejército está cumpliendo a su deber patriótico. Ante todo, el líder debe evitar calificar sus acciones con la palabra "golpe", pues podría hacerlo parecer un bandido. La palabra preferida es "intervención".

Marcando la pauta

Los pioneros en el arte del comunicado del golpe de Estado fueron el general Augusto Pinochet y los miembros de su junta en Chile en septiembre de 1973.

Los cuatro líderes militares aparecieron en uniforme detrás de una mesa sólida.

"Las fuerzas armadas y de orden actuaron sólo bajo la inspiración patriótica de sacar al país del caos que en forma aguda lo estaba precipitando el gobierno marxista de Salvador Allende", anunció el Pinochet. "La junta mantendrá el poder judicial... las Cámaras quedarán en receso hasta nueva orden. Eso es todo".

Su colega Gustavo Leigh añadió unas palabras que le sirvieron a generales futuros en busca de inspiración para sus propias declaraciones: deber patriótico, sacrificio, apoyo del pueblo.

"Por los sagrados intereses de la patria nos hemos visto obligados a asumir la triste y dolorosa misión que hemos acometido", declaró Leigh. "No tenemos miedo. Sabemos la responsabilidad enorme que cargará sobre nuestros hombros. Pero tenemos la certeza, la seguridad, de que la enorme mayoría del pueblo chileno está con nosotros".

En equipo

Los generales chilenos de 1973 decidieron sentarse juntos, y así lo hicieron los egipcios en 2013.

Eso da la apariencia de igualdad y trabajo de equipo, pero también puede crear problemas en el futuro.

Los oficiales militares chilenos se tuvieron que asegurar de que las puertas fueran lo suficientemente anchas para que pudieran entrar todos al mismo tiempo en las apariciones públicas.

Eventualmente, el general Pinochet decidió que gobernaría sólo. Y lo hizo hasta 1990. Más de 3.000 personas perdieron la vida durante sus años de gobierno militar.

En solitario

A veces un general decide que es mejor aparecer solo. En septiembre de 1980, el general turco Kenan Evren apareció en la televisión ataviado con su uniforme para declarar el fin del gobierno civil. Su libreto fue el estándar de una declaración de golpe de Estado.

"Las Fuerzas Armadas de Turquía tuvieron que tomarse la administración del país para mantener el bienestar y felicidad de la nación turca, para proteger la unidad del país y la nación".

"Nosotros, los comandantes, oficiales, suboficiales y soldados estamos listos a sacrificar nuestras pertenencias, incluso nuestras vidas, por el país y el bienestar y la felicidad de la nación".

El discurso del general Evren marcó el inicio de tres años de gobierno militar durante el cual se estima que 650.000 personas fueron detenidas.

En el éxito

El formato estándar de la declaración del golpe de Estado también puede ser usado para declarar uno fallido.

En febrero 1981, los oficiales de la Guardia Civil Española asaltaron el parlamento con la esperanza de provocar una sublevación militar más amplia.

El rey Juan Carlos decidió frenar el intento. Tarde en la noche, se puso su uniforme de comandante en jefe, consiguió una mesa sólida y requisó un espacio televisivo.

"La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día, a través de referéndum", declaró el monarca.

La intervención de Juan Carlos ayudó a asegurar la supervivencia de la joven democracia española. Más de tres décadas después, el discurso del rey en su uniforme militar sigue siendo la única acción definitoria de su reinado.

En el fracaso

Quienes están en el lado errado del golpe -líderes de intentonas o presidentes depuestos, por ejemplo- a menudo tratan de transmitir sus propios mensajes.

El depuesto presidente egipcio Mohamed Morsi difundió una declaración en un video a través del sitio web presidencial insistiendo en que aún era el presidente constitucional, pero sus palabras fueron rápidamente sacadas del espacio virtual.

Perdedores anteriores optaron por medios más tradicionales: radio o televisión.

En febrero de 1992, el comandante Hugo Chávez trató de derrocar al gobierno pero falló. Pero le permitieron transmitir un mensaje por televisión para sus colegas golpistas.

"Compañeros: Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital", señaló.

"Nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor".

Ese "por ahora" del discurso no pasó desapercibido. Sus palabras formaron la base de una plataforma política que lo llevó a ser electo presidente de Venezuela seis años más tarde, un cargo que ocupó hasta su muerte en 2013.

El adiós

Quizás la declaración más famosa de un derrotado fue hecha por el presidente de Chile Salvador Allende en la mañana en la que fue depuesto, ese septiembre de 1973.

Durante el ataque militar en su contra, Allende hizo una última transmisión radial desde el palacio presidencial de La Moneda.

"Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor".

Allende murió más tarde ese mismo día. Sus palabras de despedida están ahora grabadas en una estatua afuera del palacio presidencial.

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