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Las protestas violentas que dividen a la oposición

El fotógrafo Williams Marrero retrató una de las guarimbas apostadas en Altamira el día 4 del mes de marzo | Williams Marrero / El Nacional

El fotógrafo Williams Marrero retrató una de las guarimbas apostadas en Altamira el día 4 del mes de marzo | Williams Marrero / El Nacional

Hay una palabra que, en estos dos meses de protestas y violencia política en Venezuela, hace coincidir, en su repudio, a una parte de la oposición con los simpatizantes del gobierno: la palabra "guarimba"

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Se refiere a las barricadas hechas con muebles, escombros quemados y alambres de púas, entre otros, que opositores ponen en las calles de algunos sectores del país con dos objetivos: generar un impacto en el sistema en forma de protesta y defenderse de las fuerzas oficialistas que, según ellos, vienen a atacarlos.

El gobierno de Nicolás Maduro condena las guarimbas, de las que dice son acciones ilegales organizadas por "extremistas de derecha", con el objeto de provocar el caos y desestabilizar al "legítimo" gobierno.

La mayoría de los opositores está a favor de la protesta antigubernamental. Dicen que el gobierno es -entre otros alegatos- autoritario e incompetente. Y comparten las razones que se han esgrimido para explicar la ola de protestas: un profundo y creciente descontento frente al hecho de que su calidad de vida, en medio de una crisis económica y de inseguridad, se ha deteriorado.

Pero en lo que a las guarimbas se refiere, los opositores están divididos: hay quienes no solo la consideran un mecanismo de protesta inútil, sino que vieron cómo sus rutinas se afectaron más allá de lo tolerable.

"La guarimba ardiendo sola en mitad de una calle vacía, abandonada, es la imagen que representa esa lucha diaria confusa y sin verdadero objetivo", le dice a BBC Mundo la bloguera caraqueña Aglaia Berlutti, quien dice ser opositora pero crítica de las actuales protestas.

Incluso algunos políticos opositores, como el excandidato presidencial Henrique Capriles, se han desmarcado de las guarimbas y condenado la protesta violenta.

El sábado se cumplen dos meses del 12 de febrero, o 12F, el primer día en que las marchas se tornaron violentas y resultaron en víctimas mortales. Desde entonces, han muerto 41 personas (nueve de ellas, funcionarios de seguridad), más de 600 han resultado heridas y cerca de 2.500 fueron arrestadas.

Algunas de esas víctimas fueron producto de las guarimbas, un fenómeno que se suele dar en las zonas de mayoría opositoras y afecta, sobre todo, a los mismos críticos del gobierno.

Opositores "presos"

"Además de que, de por sí, salir de la casa es un caos porque el tráfico es terrible, ahora con las guarimbas la situación es peor, porque no solo es el tráfico, sino no saber con qué te encontrarás", le dice a BBC Mundo una economista de 27 años que vive y trabaja en sectores afectados por barricadas.

Los atascos en Caracas son, ciertamente, un lugar común, y de ahí que existan diferentes medios en las redes sociales y la radio que informan constantemente de las condiciones el tráfico.

"Ahora en la mañana toca revisar Twitter, no para ver las vías despejadas y las palabras de 'vía libre', sino toca buscar 'cerrada', 'barricada', 'guarimba', 'no hay paso' más la vía en cuestión", dice la economista.

Y continúa: "Hasta las conversaciones por WhatsApp cambiaron: 'Buenos Días' es '¿lograste salir?', 'buenas noches' es '¿lograste llegar?', 'épale, ¿qué más?' es '¿guarimbas por allá?" y 'fino' es 'hay paso'".

La postura crítica de los opositores que cuestionan las guarimbas -como la persona que ofreció este testimonio- añade una complicación al ya complejo cuadro de divisiones y desencuentros que se ha agudizado con la ola de protestas desatada el pasado mes de febrero.

La economista prefirió que su nombre no fuera revelado por miedo a la reacción de sus vecinos, quienes -según ella- no respetan su postura y atacan a los críticos de las guarimbas por una supuesta falta de compromiso.

La misma razón para no revelar su nombre da una internacionalista de 26 años residente de Santa Fe -un sector en Caracas que depende de la vía neurálgica de Prados del Este, trancada en los últimos días- porque en su edificio quienes apoyan la guarimba son mayoría y ven mal a los opositores que la critican.

"Yo estoy a favor de la protesta, de que expreses tu malestar, pero impidiendo el paso a tus propios vecinos e incitando a las fuerzas de seguridad del Estado a que te repriman, no lo veo como opción viable", opina.

Y relata una anécdota que le ocurrió la semana pasada en El Cafetal, otra zona del este de Caracas trancada: "Íbamos camino el Cementerio del este, fue imposible llegar por vías principales y nos dijeron 'lamento lo de su muerto, pero no los puedo dejar pasar'".

Un incidente similar contó el abogado y profesor universitario José Ignacio Hernández en su blog de la página Prodavinci, quien en un ataque de alergia se encontró con una tranca en su camino al hospital y finalmente tuvo que llegar en motocicleta.

La conclusión del constitucionalista fue que la guarimba es un mecanismo de protesta antidemocrático: "Trancar una calle no conduce a tener más y mejor democracia, por una razón básica: tal modo de protesta se basa en la imposición de la fuerza de unos sobre otros. Y -vuelvo a citar a (Juan Germán) Roscio- donde reina la fuerza, no hay libertad. Ni democracia".

"Mecanismo de defensa"

Un elemento adicional es que, desde que arrancaron las protestas, los choques de los manifestantes con los cuerpos policiales -que operan con el apoyo de civiles armados afines al gobierno, conocidos como "los colectivos"- han hecho que algunos opositores hayan radicalizado no solo su opinión, sino su lucha.

BBC Mundo visitó dos de las ciudades donde más se recrudecieron las protestas, Mérida y San Cristóbal, ambas en el oeste del país, y pudo constatar cómo las guarimbas son financiadas y apoyadas por los vecinos, que les llevan comida a los guarimberos y los consideran una suerte de guardianes.

"Los grupos paramilitares que tiene el gobierno bajo su mando arremetieron contra las viviendas y las comunidades, entonces eso dio que las comunidades hicieran refuerzos en sus barricadas que en un principio no eran de defensa", le dijo a BBC Mundo un guarimbero encapuchado en Mérida.

Y otro guarimbero, en San Cristóbal, que dijo estar siendo perseguido por la policía, fue incluso más escueto al explicar las razones de las guarimbas: "Es que la violencia genera violencia".