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El problema de interpretar las emociones en la era del bótox

En el mundo del espectáculo y la moda el uso de inyecciones de toxina botulínica es común, como lo demuestran la actriz Goldie Hawn (izq.) y la diseñadora italiana Donatella Versace / Getty Images

En el mundo del espectáculo y la moda el uso de inyecciones de toxina botulínica es común, como lo demuestran la actriz Goldie Hawn (izq.) y la diseñadora italiana Donatella Versace / Getty Images

No es sólo la falta de expresión lo que pierden los que se aplican el procedimiento, advierten los especialistas 

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Con cada vez más frecuencia se ven más hombres y mujeres, particularmente en los medios de comunicación, con una tez extraordinariamente lisa y templada para su edad.

Otra característica notable es que esas personas, en su mayoría famosos, aparentan tener una expresión inamovible, congelada, impertérrita, no importa cuál sea su estado emocional.

Sus caras están literalmente paralizadas por inyecciones de toxina botulínica o bótox, como se le conoce en el mercado de la cirugía plástica, para eliminar la formación de arrugas y esconder los años.

Pero no es sólo la falta de expresión lo que pierden los que se aplican el procedimiento, advierten los especialistas.

También se les afecta la habilidad de entender las expresiones faciales de otras personas, una herramienta humana indispensable para la comunicación y la interacción social, según una reciente investigación de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados en Trieste (SISSA), en Italia.

Propiocepción

El Botox, dicen los científicos de laSISSA, bloquea temporalmente la llamada retroalimentación propioceptiva, un proceso que nos ayuda a entender las emociones ajenas reproduciéndolas en nuestros propios cuerpos.

Internet y los medios que dan mucho espacio a los famosos nos han acostumbrado a ver los resultados, positivos o adversos, de los tratamientos con toxina botulínica en políticos y personalidades del cine y la televisión.

Pero el mercado del bótox abarca a una gran cantidad de personas globalmente.

La toxina botulínica sigue siendo la intervención estética más común de todas para hombres y mujeres, según las estadísticas de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS, por sus siglas en inglés).

Para tener una idea de cuántos son, sólo en 2014 se realizó un total de 4.830.911 tratamientos con bótox en todo el mundo, informó la ISAPS.

Es, entonces, natural contemplar los posibles efectos secundarios de esta práctica.

Una consecuencia inesperada está relacionada al campo de las emociones, en particular la percepción de la información emocional y las expresiones faciales.

"La parálisis de los músculos faciales -afortunadamente temporal- causada por esta toxina afecta nuestra habilidad de interpretar el significado de las expresiones faciales de otras personas", explicó Jenny Baumeister, directora de investigación científica de la SISSA y directora del estudio.

Personificación

El argumento de Baumeister surge de una muy conocida teoría científica en el campo de la psicología cognitiva llamada embodiment o personificación.

La idea es que el procesamiento de la información emocional, como las expresiones faciales, involucra en parte la reproducción de esas mismas emociones en nuestros propios cuerpos.

Por ejemplo, cuando observamos a alguien sonreír, nosotros también tendemos a sonreír, frecuentemente de una manera imperceptible y automática, a medida que tratamos de interpretar esa expresión.

Sin embargo, si nuestros músculos faciales están paralizados con bótox, el proceso para descifrar la expresión emocional ajena se puede volver más difícil.

Jenny Baumeister realizó una serie de experimentos con una muestra de personas, inmediatamente antes y dos semanas después de que se hubieran sometido a inyecciones de bótox.

Hizo evaluaciones en ambos períodos de su entendimiento de las emociones y los comparó con otros voluntarios que no habían recibido el tratamiento estético. El efecto de la parálisis era obvio.

"El efecto negativo es muy claro cuando las expresiones que observan son sutiles, mientras que si la sonrisa era amplia y manifiesta, todos eran capaces de reconocerla, aun los que habían recibido el tratamiento", comentó Francesco Foroni, investigador de la SISSA y coordinador del estudio.

"Con estímulos muy intensos, la diferencia no fue muy significativa. Pero, con estímulos 'ambiguos' que son más difíciles de captar, el efecto de la parálisis fue muy notorio", explicó.

Las conclusiones confirman la presunción de que, hasta determinado punto, los procesos de personificación nos ayudan a entender las emociones de otros.

También sugiere que el efecto negativo del bótox podría manifestarse en circunstancias en que ese mecanismo de empatía podría ser de mayor beneficio para el individuo.

Tomemos el caso de una conversación normal entre dos individuos, donde el mutuo entendimiento es vital para garantizar una adecuada interacción social.

El no poder captar las sutilezas emocionales o los cambios súbitos en el estado de ánimo de la otra persona puede ser la diferencia entre una comunicación exitosa o un rompimiento total.

¿Empezarán a notarse cada vez más los efectos negativos del bótox en los ámbitos profesional, político y comercial, además del personal?