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Tras la pista del mayor estafador arqueológico

No está confirmado si se trataba de una mandíbula de orangután

No está confirmado si se trataba de una mandíbula de orangután

Fue uno de los uno de los escándalos más sonados de la esfera científica británica. Un fraude como ningún otro, que ahora cumple unos 100 años de haberse perpetrado

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Fue uno de los uno de los escándalos más sonados de la esfera científica británica. Un fraude como ningún otro, que ahora cumple unos 100 años de haberse perpetrado. Ahora se busca al culpable.

El caso de los "fósiles del Hombre de Piltdown", como se le conoce hasta la fecha, conmovió los cimientos del establishment científico británico y no británico a mediados del siglo pasado.

Por más de 40 años, un conjunto de huesos hallados en una fosa en el sureste de Inglaterra fueron tenidos por restos de un ancestro humano, posiblemente hasta un "eslabón perdido" entre el hombre y los monos.

Pero nada era cierto: se trataba de fragmentos sueltos, uno de orangután, otros de humanos modernos, algunos otros de mamíferos antiguos, todos maquillados y "sembrados" convenientemente en la fosa por una mano inescrupulosa.

En balde resultaron las advertencias de algunos investigadores, en el sentido de que algo no olía bien en el hallazgo de Piltdown. No fue hasta 1953 que el fraude resultó expuesto.

Ahora la colección vuelve al microscopio, pero no para buscarle una legitimidad perdida, sino para aplicarle un tratamiento casi policial, con el fin de confirmar la identidad del autor de semejante farsa.

Sospechoso

La tesis más aceptada tiene como principal sospechoso a un abogado, anticuario y paleontólogo aficionado llamado Charles Dawson.

Dawson estaba ahí cuando se produjo la mayoría de los "descubrimientos": en esencia, un fragmento de mandíbula de orangután, un diente molar y otro canino, partes de cráneo de tipo humano, y una variedad de herramientas, mucho de ello tratado con tinte para dar la impresión de que había estado enterrado por largo tiempo.

"Estamos tratando de aplicar técnicas forenses a este material", le explicó a la BBC el profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres.

"Queremos determinar cuántas técnicas de modificación se usaron, cuántos especímenes fueron ensamblados. Mientras más logremos reducirlo a una sola persona, más apuntaremos hacia Dawson", sostuvo.

Con pruebas de ADN se determinará si el fragmento de mandíbula pertenece, en realidad, a un orangután, y el análisis con isótopos podría revelar dónde se obtuvieron algunos de los materiales. Se sospecha, por ejemplo, que las partes de cráneo fueron tomadas de una colección proveniente de Egipto.

La edad precisa de los artefactos se determinará con técnicas de carbono y una espectroscopia expondría la química de los tintes. Si se obtiene un "cóctel" común de colores, se fortalecería la hipótesis del sospechoso único.

Regreso a la fosa

El doctor Matt Pope, el University College de Londres, ha vuelto a las fosas en busca de pistas.

"Queremos revisar los registros de las excavaciones originales, seguir la lógica de Dawson y otras personas involucradas y ver los depósitos con ojos arqueológicos y geológicos modernos", le dijo Pope a la BBC.

"Esto nos ayudará a comprender el contexto del fraude, además de darnos la oportunidad de estudiar los hallazgos genuinos que hubo en el caso".

Entre los huesos de Piltdown se encontraban los de un mastodonte y un rinoceronte de dos a tres millones de años de antigüedad, pero sin relación con la zona. Se cree que los trajeron de otros sitios de Reino Unido para ayudar a dar la impresión de que las partes humanas eran auténticas.

No sería descabellado suponer que, en el fondo, la comunidad científica británica preferiría meter todos los especímenes de Piltdown en una caja y destruirla. Pero el recuerdo y el interés se mantienen, así sea sólo por el hecho de que el asunto sirve de advertencia sobre cómo determinados "descubrimientos" científicos pueden terminar en catástrofe.

Dicho esto, también demuestran que el poder del método científico para hallar la verdad. Teorías dominantes se mantienen o caen gracias al cuestionamiento constante, y aunque tomó 40 años desenmascarar el fraude, el caso ya se estaba desmoronando mucho antes de su colapso definitivo gracias a los descubrimientos hechos en otras partes del mundo.

"Obviamente, la gente tiene que mantenerse en guardia cuando se trata de un nuevo hallazgo", dice Stringer.

"A veces, si algo parece demasiado bueno para ser verdad, quizás sea demasiado bueno para ser verdad. Y sólo porque algo cuadra con tus teorías no deberías bajar la guardia y creerlo desde el principio", sentencia.