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Las personas que arriesgan sus vidas para detener los virus

El primer caso de SRAS había pasado unos días en Hong Kong antes de llegar a Vietnam. Allí el virus también causó estragos / BBC Mundo

El primer caso de SRAS había pasado unos días en Hong Kong antes de llegar a Vietnam. Allí el virus también causó estragos / BBC Mundo

Hace diez años el mundo estaba en medio del pánico debido al brote de una enfermedad misteriosa: SRAS. El virus mató a cientos de personas e infectó a miles, pero su impacto pudo haber sido mucho más devastador si no hubiera sido por la valentía de un puñado de doctores y enfermeros

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"Era como una pesadilla, cada mañana llegaba más y más gente". En 2003, el doctor Olivier Cattin estaba trabajando en un hospital francés de Hanoi, en el norte de Vietnam.

"Llegamos al viernes con sólo una enfermera disponible en nuestra sala que estaba tratando a las otras enfermeras, y ella también estaba enferma".

Un día de finales de febrero de ese año, un ciudadano chino-estadounidense, Johnny Chen, llegó con lo que parecía ser un caso de gripe severa.

En cuestión de días, casi 40 personas del hospital habían caído enfermas, incluyendo varios del personal sanitario. Siete morirían. Este fue el lugar donde la enfermedad mortal -que más tarde se llamó síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)- llamaría la atención del mundo.

Era altamente contagioso, y con frecuencia fatal. Más de 8.000 personas en todo el mundo se infectaron y unas 770 murieron.

Pero esta es una historia sobre personas y no estadísticas.

Mientras más te acercas a la historia del SRAS, más abrumado te quedas con la experiencia y el heroísmo de aquellos que estuvieron en primera línea.

Guerra es una metáfora que con frecuencia usamos para la lucha contra una enfermedad. Pero rara vez es tan adecuada como en el caso del SRAS.

Valiente decisión

En el hospital francés de Hanoi, se sembró el pánico cuando los médicos revisaron los rayos X de todos aquellos que se habían enfermado. Sabían que se estaban enfrentando a algo muy serio e inusual.

"Todas las radiografías del pecho eran anormales y... muy parecidas a las de Johnny Chen. Nos dio un ataque de pánico. Pensamos que todos iban a morir", recuerda Cattin.

"Una tras otra, fuimos viendo las radiografías. Tras lo cual se produjo un gran silencio porque no podíamos hablar... No sabíamos lo que estaba pasando. Era muy, muy aterrador".

El virus tenía un patrón de trasmisión muy inusual. La cumbre de contagio ocurría tarde en el curso de la enfermedad, cuando sus víctimas estaban en peor estado y con frecuencia bajo cuidados hospitalarios".

Debido a esto, los peores casos se agruparon en algunas salas de hospital y unidades de cuidados intensivos en un puñado de grandes ciudades. Y a partir de allí, el virus se esparció como la pólvora.

Cuando Johnny Chen y algunos del personal médico que lo cuidaron murieron, empezaron a entender qué era a lo que se estaban enfrentando y el riesgo que significaba para el resto del mundo.

Con este conocimiento, tomaron el increíble paso de encerrarse en cuarentena, lejos de la ciudad, para proteger al país.

"Nunca conocí a doctores y enfermeras tan maravillosos como en el norte de Vietnam", señala Cattin. "Perdí a cinco colegas, eran amigos. Nosotros somos los sobrevivientes de este brote".

Otra sobreviviente es la doctora Le Thi Quyen Mai, jefa de virología del Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología en Hanoi. "Tengo mucha, mucha suerte".

En la medida que se esparcía en su instituto la noticia de un nuevo virus mortal, la mayoría de sus colegas huyó, temiendo por sus vidas. Ella se quedó a pesar de tener una hija de tres años en casa.

¿Por qué? "Era el deber", dice sencillamente.

Activo humano

En esos primeros días, cuando los eventos amenazaban con una espiral fuera de control, quizás el activo más importante en este brote fue el italiano Carlo Urbani, un experto en enfermedades infecciosas quien estaba trabajando para la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Hanoi.

Urbani sintió que no podía permanecer en la oficina como un oficinista burócrata. Como doctor, tenía que ayudar.

Fue Urbani quien tomó muestras de los pacientes para ser analizadas, un gran riesgo personal, y quien alertó por primera vez al mundo sobre la crisis.

Tras trabajar exhaustivamente durante semanas en el hospital francés, se le exigió que tomara un descanso. Fue entonces cuando descubrió que él también tenía el virus SRAS.

"Sabía que estaba cada vez más enfermo", cuenta su hijo mayor Tommaso Urbani, quien en ese entonces tenía 15 años.

"Pero desde muy adentro de mi corazón tenía la esperanza de que podía hacerlo porque era mi padre. Lo veía como una persona fuerte, un doctor fuerte y pensaba que era invencible o algo parecido. Así que nunca pensé que podía morir".

Pero Carlo Urbani murió. Ocurrió dos semanas después de desarrollar la enfermedad. Diez años después, Tommaso dice que está orgulloso del sacrificio que hizo su padre.

"Estoy seguro de que si pudiera ir atrás en el tiempo, mi padre haría exactamente las mismas cosas. Estoy contento por lo que hizo porque salvó muchas vidas".

Pero si bien la historia del SRAS empezó en Hanoi, no terminó allí.

Johnny Chen, el primer paciente que llegó a Vietnam con el virus, era un hombre de negocios internacional. Por lo que la cola del SRAS los guió en el camino de vuelta de Vietnam a su punto original de explosión: Hong Kong, donde Chen había estado antes.

Hong Kong

"En una habitación había dos decenas de mis colegas sentados. Todo el mundo estaba temblando y con fiebres altas, muchos tosían", recuerda el profesor Joseph Sung, quien entonces era el jefe de la facultad de medicina Príncipe de Gales y era el hombre encargado de este desastre en desarrollo.

"Ese era el inicio de la pesadilla, porque a partir de ese día vimos a cada vez más personas desarrollar la enfermedad".

Sung dividió a su equipo en dos grupos. Uno se encargaría de los pacientes en el hospital y el segundo, llamado el "equipo sucio", estaría encargado del peligroso trabajo de tratar a estos pacientes y arriesgarse a ser infectados.

Todos aquellos con niños pequeños recibieron una exención del "equipo sucio". Pero a los solteros y a aquellos con hijos grandes se les animó para que dieran un paso al frente.

No sólo hubo voluntarios, sino que siguieron saliendo en las semanas posteriores.

"Necesitaba un suministro continuo de personal. Me conmovió mucho el hecho de que después de haber agotado a todo el mundo en el departamento médico, cirujanos, ortopédicos, ginecólogos e incluso oftalmólogos vinieron a ayudarnos".

El mismo Sung terminó pasando tres meses dentro del hospital.

Toronto

En Toronto, al otro lado del mundo, el virus les tomó por sorpresa. En el hospital Scarborough Grace, un solo paciente, que llegó sintiéndose mal y con un cuadro inicial de neumonía severa, infectó a una decena del personal.

A muchos los trasladaron a un hospital antiguo de tuberculosos, en las afueras de Toronto, para cuarentena y tratamiento.

Y al igual que en Hanoi y Hong Kong, hubo aquellos que eligieron huir y aquellos que se aparecieron un día a trabajar y se quedaron, sin regresar a casa, durante semanas.

"Le escribí una nota a mis hijos", cuenta Monica Avendano, médico general y especialista en enfermedades respiratorias del Centro de Cuidados West Park de Toronto, quien fue una de las que decidió quedarse.

"Les puse: 'He estado expuesta, puede que me haya contagiado, esto me podría matar y si lo hace, no lloren mucho. Lo hice porque soy médico y mi deber es cuidar de los enfermos'".

La doctora Avendano sobrevivió, pero la experiencia del SRAS en Toronto fue, cuanto menos, aterradora para aquellos que estuvieron involucrados.

Bruce England era paramédico de guardia en Toronto durante los primeros días del brote de SRAS y, tras asistir a un paciente con una infección en el pecho, él cayó enfermo.

Para él, y para muchos otros afectados por el brote del virus en Toronto, los efectos de esta experiencia se sienten todavía hoy en día. Diez años después, Bruce tiene debilidad y dificultad para respirar.

"Tuve SRAS. Dejó un impacto duradero en mí y en mi vida. ¿Sobreviví? Quizás no, para mí todavía está presente", explica.

Para el verano de 2003 la cadena de transmisión de humano a humano se había roto. Los doctores llegaron a entender las épocas de mayor contagio para cualquier persona infectada y qué precauciones tomar para evitar que pasara a otros.

Pero lo que ocurrió en Hong Kong, Vietnam y Toronto pudo fácilmente haber ocurrido en Londres, Nueva York o cualquier otro destino al que se pueda llegar en avión.

Los portadores de este virus no eran ratas en barcos, sino viajeros en aviones que van a cientos de kilómetros por hora por todo el mundo. La razón por lo que esta es una historia importante de contar se debe a cómo por poco se evitó el desastre.

Y ahora pienso que los márgenes fueron mucho más pequeños de lo que pensaba.

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