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Tres pecados capitales al hablar en público

Es muy importante conocer al público al que uno se dirige / Foto Thinkstock

Es muy importante conocer al público al que uno se dirige / Foto Thinkstock

“Un discurso exitoso se reduce a seducir a la audiencia hacia tu propio modo de pensar a través de tu presencia, tu energía, tu actitud y tu elección de las palabras” 

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Mac Macdonald, consultor y profesor de ejecutivos de Seattle, Estados Unidos, nunca olvidará la metida de pata que cometió una vez en el escenario. Es probable que la audiencia que lo escuchaba ese día tampoco lo haya olvidado.

Macdonald acababa de empezar su carrera y estaba impartiendo un seminario a unos trabajadores en Los Ángeles. Llevaba un micrófono enganchado a su corbata y hablaba al público desde cerca.

"Estaba hablando de objetivos y me hice un lío", recuerda.

En vez de decirles que se centraran en sus objetivos primero, como era su intención, Macdonald acabó hablando al público de pedos (las palabras "primero" y "pedo" se parecen bastante en inglés).

McDonald intentó obviar su error, pero la situación empeoró cuando una mujer sentada en las filas delanteras empezó a hablar con otra que llevaba un audífono.

El chisme se propagó rápido, gracias al micrófono que llevaba el ponente, que estaba muy cerca.

"¿Has escuchado eso? Quiere que nos tiremos un pedo. ¿Cómo va eso a ayudarnos en nuestros objetivos?", recuerda que dijo la mujer a otro miembro del público.

Es perfectamente posible aprender a hablar con más confianza y persuasión ante una audiencia.

También puedes aparecer más auténtico o más humilde y aprender a utilizar metáforas apropiadas, explican los expertos en discursos.

Conviene no olvidar, ahora que mucha gente utiliza teléfonos inteligentes, que cualquier paso en falso puede quedar inmortalizado en Internet. Esto hace que hablar con solidez sea más importante que nunca.

BBC Capital explica algunos de los pecados más comunes y cómo evitarlos.

Falta de autenticidad

Hay una charla en el canal de TED en Internet que tiene 1,2 millones de visitas. Muestra a una mujer que habla sobre cómo la sociedad convierte en objetos a personas con discapacidades y explica por qué ella no quiere ser inspiración de nadie sólo por su discapacidad.

En este caso, el público no tuvo razones para dudar de la importancia que el tema tenía para la conferenciante, ya que ella misma era discapacitada e iba en silla de ruedas.

La audiencia nota a los impostores. El conferenciante debe mostrar que está interesado en el tema y que le importa.

Una audiencia atenta está siempre alerta contra los impostores. Por eso, para llamar la atención es necesario que el conferencista esté de verdad interesado en el tema de su charla y sepa transmitir al público por qué es importante, según explica el consultor Andreas Franken.

Si el público no entiende cuál es la relación que tiene el conferenciante con el tema o percibe la presencia de un ego desmesurado, empezará a preguntarse cuál es la verdadera motivación del ponente.

"Un conferenciante que parece forzado, que ha pulido mucho su estilo, aparecerá de forma poco natural, porque los gestos son algo muy personal", dice Franken.

Vanidad

No hay nada que se perciba como más vanidoso y egocéntrico que no conocer a tu público o dirigirte a él de manera poco apropiada.

Si el que habla se dirige por teleconferencia a una audiencia que está en varios países del mundo, mejor no decir "buenos días", porque para algunos no será la mañana, argumenta Joan Detz, autor del libro Cómo escribir y dar una charla.

Judy Gould, consultora basada en Francia, recuerda un conferenciante estadounidense de una prestigiosa universidad que no logró que sus ideas fueran aceptadas porque estaba demasiado alejado de la mentalidad europea.

"Todos sus ejemplos eran sobre políticos estadounidenses que se habían visto envueltos en escándalos sexuales. Muchos entre el público no conocíamos a las personas de las que hablaba y, además, a los europeos no les preocupan los escándalos sexuales", dice Gould.

Metáforas poco apropiadas

Cuando Chris Parry, que había sido soldado en la Armada Real británica, aceptó un trabajo en un organismo educativo del Reino Unido, su anterior profesión se colaba en su lenguaje cuando intentaba defender reformas educativas.

Parry se dio cuenta pronto de que las metáforas militares no llegaban a los educadores. Poco después de un discurso en 2008, cambió de trabajo.

El pecado de Parry fue utilizar metáforas poco adecuadas.

El lingüista Jonathan Charteris-Black explica que las metáforas funcionan a nivel del subconsciente para ayudar a las personas a controlar sentimientos de incertidumbre originados por situaciones de cambio.

Pero utilizar una metáfora mal elegida puede causar estragos.

Las posibilidades de equivocarse son elevadas: los conferenciantes suelen emplear muchas metáforas, dice Simon Lancaster, escritor de discursos establecido en Londres y escritor de un libro sobre el tema.

Si Parry hubiera mirado hacia la naturaleza y hubiera hablado de "vientos de cambio" o "brotes verdes" en sus charlas, quizás hubiera llegado más lejos.

En los negocios, las metáforas suelen evocar viajes. En política son comunes las metáforas religiosas y morales, como la que utilizaba el ex presidente estadounidense George W. Bush al hablar del "eje del mal".

La clave, dice Lancaster, es utilizar metáforas que son fácilmente comprensibles para el público. "Si no se entiende, puede ser una catástrofe, un choque metafórico", dice.

En el mundo de la medicina, los gestores suelen hablar de "acelerar" las reformas, por ejemplo, mientras que los médicos suelen utilizar metáforas de guerra, como "luchar contra el cáncer".

Un discurso exitoso se reduce a seducir a la audiencia hacia tu propio modo de pensar a través de tu presencia, tu energía, tu actitud y tu elección de las palabras.

"Un buen conferenciante no impone su visión", dice Lancaster. "Lo que hace es hilar la propuesta entre las ideas preconcebidas del público para que la audiencia acabe pensando que las ideas son suyas".

Cómo escribir tu propio discurso

Consejos para escribir tus propios discursos brillantes sin cometer ninguno de los tres pecados capitales, según Simon Lancaster.

-Empieza con una historia original emocionante.

-Organiza tu argumento con un flujo original.

-Utiliza buenos ritmos sonoros, con rimas y contrastes.

-Memoriza la charla lo mejor que puedas.

-Practica, pero sin pasarte.