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¿Qué tan parecida es la leche materna a la de otros animales?

La leche materna es, en gran proporción, agua

La leche materna es, en gran proporción, agua

Nueve de cada 10 vasos de leche cruda que se producen en el mundo provienen de las vacas

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El vaso restante es de cabras, búfalos, ovejas y camellos.

Los humanos también consumen este alimento de fuentes menos comunes, como alpacas, llamas, alces y bueyes.

En total, la industria láctea produce unos 700 millones de toneladas de leche al año.

Sin embargo, hay una fuente más en esta lista que escapa a esa estadística: la leche humana.

¿Te has preguntado cuál es la diferencia entre ambas categorías? Siendo todos mamíferos, ¿qué tan parecida es la leche humana y la leche animal?

Qué tan nutritivas son

Todos los mamíferos producen leche, desde de los llamados monotremas (mamíferos con pico y cloaca, como las aves) que ponen huevos como los ornitorrincos, hasta los marsupiales con su bolsa, como los canguros.

Pero debido a que cada especie tiene diferentes necesidades y viven en distintos ambientes, la leche también tiene características específicas.

Tiene ingredientes similares, pero en proporciones diferentes.

Por ejemplo, la foca capuchina vive en las gélidas aguas del Atlántico Norte. Luego de nacer, necesita desarrollar rápidamente una capa de grasa que le permita mantenerse caliente y así poder sobrevivir a las duras condiciones de su medio ambiente.

Eso permite explicar por qué la leche que producen estas focas contiene 61% de grasa, y solo 5% de proteínas y 1% de azúcares.

A fin de evitar el frío y el ataque de osos polares, las madres tienen 4 días para transferir a su cría siete kilogramos de grasa láctea cada día.

Por el contrario, los animales que pastan libremente no tienen que transferir tanta energía en tan poco tiempo.

De hecho, las madres pueden alimentar a sus hijos durante semanas, o meses, administrando una cantidad similar de nutrientes en pequeñas dosis.

Tal vez eso permita explicar por qué la leche de los rinocerontes negros tiene 0,2% de grasa, mientras que la de gorilas es 1,5% grasa comprimida.

La leche humana se ubica en medio de estos dos extremos, y como en el caso de las otras especias, su composición revela el balance entre las necesidades nutritivas de la madre y del bebé.

Qué contiene la humana

Al nacer, los humanos requieren un largo período de cuidado por parte de los padres; eso permite que su leche sea más acuosa.

Si su leche tuviese componentes que concentraran mucha energía, como la de las focas capuchinas, nuestras madres no tendrían fuerzas suficientes para corretearnos.

Es por ello que la humana solo contiene 4% de grasa, 1,3% de proteína y 7,2% de lactosa. Cerca de 90% es simplemente agua.

En ese sentido, las antropólogas Katie Hinde y Lauren Milligan indican que la leche de las cebras es similar a la nuestra: 2,2% de grasa, 1,6% de proteína, 7% de lactosa y 89% agua.

Estas similitudes se registran a pesar de que ambas especias están separadas por unos 95 millones de años.

La explicación para esta coincidencia en la composición se puede buscar nuevamente en el proceso evolutivo: los humanos necesitan una leche más diluida porque su velocidad de desarrollo en la etapa de infante es muy lenta; mientras que las cebras necesitan mucha agua debido a que su medio ambiente es muy caliente y seco.

Misma fórmula, para un objetivo distinto.

Evolución de la leche

A fin de comprender la evolución de la leche, la bióloga de la Universidad de Auburn (EE.UU.), Amy L. Skibiel, acumuló estadísticas de la leche producida por 130 especies de mamíferos.

Skibiel descubrió que las especies que tienen vínculos más cercanos tienden a producir una leche con una composición similar.

Después de la filogenia, el otro elemento determinante para la composición es el período para amamantar. Las focas capuchinas tienen 4 días, mientras que los delfines nariz de botella pueden hacerlo a lo largo de 18 meses.

Luego está el tipo de dieta: los mamíferos que comen carne, como los tigres, tienen más grasa y proteína en su leche que los que comen hierbas, como las jirafas y las gacelas.

Sin embargo, las investigaciones de Hinde y Milligan señalan que las dos teorías que explican la función inicial de la leche no tienen que ver con la nutrición.

De acuerdo con una de las hipótesis, la leche surgió como un medio para repotenciar el sistema inmunológico de los recién nacidos.

De esta forma, los anticuerpos pasan al hijo, sirviéndoles para protegerse de los patógenos a los que la madre ha estado expuesta.

La otra hipótesis sugiere que la leche se desarrolló inicialmente como una especie de barniz para el huevo, para formar una sustancia que impermeabilizara la cáscara que protegía a las crías.

Los ornitorrincos recién nacidos también beben leche de sus madres, pero en lugar de succionar pezones, lamen glándulas sudoríparas que se han modificado.

Bien sea que la causa de su origen sea la nutrición, un escudo inmunológico o para impermeabilizar, todos debemos darle las gracias a un protomamífero ponedor de huevos que vivió hace unos 160 millones de años.

Sin esa especie, no seríamos tan grandes ni fuertes.

Claro, gracias también a la mantequilla, el yogurt, el queso y el helado de los que tanto hemos disfrutado en el camino.