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¿Serán olorosos los mensajes de texto del futuro?

El dispositivo tiene el tamaño de un pelota de ping-pong / BBC Mundo

El dispositivo tiene el tamaño de un pelota de ping-pong / BBC Mundo

Imagine enviar un texto a su amigo y que este lo reciba con una ráfaga de su olor favorito

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Suena imposible y algo un poco raro, pero una empresa en Japón, ChatPerf, ha lanzado un accesorio de teléfono inteligente que tiene como objetivo hacer justamente eso.

El dispositivo se llama Scentee y se conecta a la toma de auriculares.

Una vez instalado en el teléfono, los usuarios pueden seleccionar desde un cartucho con aromas de esencias florales como lavanda y jazmín, hasta de alimentos que van desde café hasta tocino.

Se trata del más reciente intento por crear un dispositivo que otorgue al usuario una experiencia multisensorial, una posibilidad explorada primero por el cine, desde principios del siglo XX y que ahora se ha expandido desde las computadoras hasta el propio internet.

De algodones con ventiladores a internet

El principio en todos los casos es muy parecido: el aparato original -teléfono, pantalla de cine, computador- no está adaptado para emitir el olor. Para cumplir esta función se necesita de un dispositivo adicional.

En una prueba en 1916 para incorporar olor al cine en una sala de Pensilvania, en EE UU, tal dispositivo consistía en una bola de algodón empapada de aceite de rosas y colocada frente a un ventilador.

Hoy en día la tecnología es un poco más sofisticada.

El Scentee es un aparato del tamaño de una pelota de ping-pong que se coloca en teléfonos compatibles -iOs y Android-, y que lleva adentro un cartucho, con capacidad de liberar olores unas cien veces.

Para poder enviar un mensaje oloroso la persona debe elegir uno de los aromas incluidos en el cartucho.

Al pulsar "Puff" en la pantalla del teléfono inteligente, las luces del dispositivo conectado se encienden y se libera una nube de olor. Para la otra persona reciba el aroma enviado, también debe tener instalado el dispositivo Scentee.

Otros usos incluyen sincronizar la alarma para que, además de despertar al usuario con un sonido, lo haga con un olor. Por ejemplo, de café o tocino.

Yendo un paso más allá, un poco en serio y un poco en broma, sus promotores creen que puede llegar a servir como "sustituto" de ciertos alimentos, como la carne: por ejemplo, para olerla cuando no se la puede comer, porque se está a dieta o porque no se la puede comprar.

La idea de un aparato que permita a los usuarios disfrutar de los olores durante el uso de sus teléfonos inteligentes nació en 2010, de acuerdo con Aki Yamaji, directora de la compañía creadora, ChatPerf.

"Al principio, era simplemente una idea y estábamos hablando de que sería genial que hubiese algo que permitiera a la gente disfrutar de los olores con su teléfono móvil", añadió.

De acuerdo con información de la compañía, el aparato cuesta unos US$35 y los cartuchos se mercadean por poco más de US$5.

Olorvisión y la red

Hasta ahora, la idea de incorporar el olor a una experiencia tecnológica multisensorial no ha parece haber logrado capturar la imaginación de las grandes audiencias.

El Olorvision de Hans Loube, que intentaba no sólo añadir olor sino amplificar las historias contadas en las películas, sólo se empleó una vez por completo, en el largometraje de 1960 "Scent of Mystery".

En la sala de proyecciones, un encargado seguiría instrucciones precisas de cómo ir dosificando cada uno de los olores mediante un panel de mandos.

En cada uno de los asientos había un pequeño tubo de plástico gracias al cual cada uno de los espectadores tenía acceso al olor de forma individual.

En ese entonces los comentaristas se quejaron de que el ruido emitido por el aparato molestaba la experiencia cinematográfica, y de que los olores llegaban a la nariz demasiado tarde, desfasados con la acción en la pantalla.

A principios de este siglo, varios aparatos intentaron incorporar el olor al uso de internet. Un dispositivo llamado iSmell, de la empresa DigiScents, liberaba un olor codificado en mensajes de correo electrónico.

La compañía terminó cerrando por un problema de flujo de caja.

Un sistema similar, bautizado Scent Dome, se probó en 2004 en Reino Unido. Coincidió con el lanzamiento del Kaori Web en Japón, que operaba bajo el mismo principio, con la diferencia de que se ofrecía en cafés internet. El experimento se dio por clausurado en 2005.

Con todo, los científicos amantes de los gadgets en general siguen intentándolo.

Hace unos años, investigadores japoneses prometieron sacar al mercado en 2020 una televisión tridimensional y olorosa.

Más recientemente, a principios de 2013, otro grupo -también de investigadores japoneses, de la Universidad de Agricultura y Tecnología de Tokio- dio a conocer un prototipo de pantalla que distribuye olores, de modo que no sólo los reproduce, sino que parece captarlos.

Habrá que esperar a ver si éste -como el nuevo "juguete" oloroso para teléfonos celulares- sigue la suerte de sus predecesores, o por el contrario se convierte en todo un éxito.

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