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La odisea de viajar en el tren de aterrizaje

Tren de aterrizaje / BBC

Tren de aterrizaje / BBC

Viajar en las ruedas de un avión significa una muerte casi segura. Sin embargo, desde 1947 unos 96 migrantes aventureros, desesperados o ignorantes del riesgo usaron ese sistema en su intento de llegar a su destino soñado

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La policía investiga si un hombre que fue hallado muerto en una calle al oeste de Londres era un polizón que se cayó de un avión. ¿Qué tan a menudo sucede esto?

Nadie vio caer el cuerpo desde el cielo hacia la avenida Portman.

Unos pocos vecinos creyeron oír algo, un ruido sordo, o fuerte. Pero no había un alma en los alrededores cuando el hombre golpeó el pavimento de esta tranquila calle residencial en Mortlake, al suroeste de Londres, temprano a la mañana en un soleado domingo de septiembre.

La policía dice que la muerte está siendo investigada como 'inexplicable'. Pero las primeras versiones de los medios de comunicación suponían que se había escondido en el tren de aterrizaje de un avión que iba hacia el aeropuerto internacional de Heathrow, a menos de 10 kilómetros de distancia.

John Taylor, de 79 años, escuchó un ruido sordo desde su casa al otro lado de la calle en este suburbio apacible. 'Creo que ya estaba muerto. Pobre hombre, debía estar desesperado'.

No es el primer incidente de este tipo en la trayectoria de vuelos hacia Heathrow.

En 2001, el cuerpo de Mohammed Ayaz, un paquistaní de 21 años, fue encontrado en el aparcamiento de una tienda de la cadena de artículos para el hogar Homebase en las cercanías del barrio de Richmond. Cuatro años antes de eso, otro pasajero oculto cayó del tren de aterrizaje de un avión en una fábrica de gas cerca de esa misma tienda.

Otros cuerpos cayeron en el propio aeropuerto de Heathrow. El 24 de agosto, sólo 16 días antes del hallazgo de la avenida Portman, se hallaron los restos de otro hombre en el tren de aterrizaje de un Boeing 747 que aterrizó después de un vuelo de 10.000 kilómetros desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Y en 2002 se encontraron los cuerpos de dos niños, de unos 12 años, en el tren de aterrizaje de un vuelo de Ghana Airways procedente de Acra.

Stephen Véronneau, de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, ha identificado 96 individuos de todo el mundo que han tratado de viajar en los huecos de las ruedas de los aviones desde 1947. Los incidentes ocurrieron en 85 vuelos. Véronneau está trabajando en la hipótesis de que el cuerpo hallado en Mortlake era de un polizón.

Peligros

De éstos, más de tres cuartas partes han muerto en el intento.

No es difícil darse cuenta del porqué. El tren de aterrizaje de un avión no tiene calefacción, oxígeno ni presión, elementos cruciales para sobrevivir en la altitud.

A 5.490 metros, según los expertos, ocurre la hipoxia, que causa debilidad, temblores, mareos y trastornos visuales. A los 6.710 metros, el polizón tendrá que luchar para mantenerse consciente ya que el nivel de oxígeno en sangre disminuye. Por encima de los 10.065 metros, los pulmones necesitan presión artificial para funcionar normalmente.

Al mismo tiempo, es probable que se alcance la hipotermia, en temperaturas que alcanzan los 63 grados bajo cero.

Los polizones que hayan tenido la suerte de no resultar mutilados por el tren de aterrizaje retráctil o muertos en estas condiciones extremas, casi seguro estarán inconscientes al momento de que las puertas del compartimiento se abran a unos pocos miles de metros sobre el suelo y caerán al vacío.

'O mueren aplastados contra el suelo o congelados', dice el experto en aviación David Learmount, de la revista Flight International.

'Hay un enorme grado de ignorancia. Si supieran en lo que se están metiendo, no lo harían'.

Pero algunos polizones han sobrevivido. Generalmente luego de recorrer distancias bastante cortas, pero todos más gracias a la suerte que a su buen juicio.

En 2010, un rumano de 20 años sobrevivió a un vuelo de Viena a Heathrow escondido en el tren de aterrizaje, pero sólo porque ese avión privado volaba por debajo de los 7.600 metros debido al mal tiempo.

En 2000 Fidel Maruhi Tahiti sobrevivió al viaje de 6.400 kilómetros de Tahití a Los Ángeles y, dos años más tarde, Víctor Alvarez Molina llegó de Cuba a Canadá con vida. Pero todos sufrieron hipotermia severa.

Teniendo en cuenta la baja tasa de supervivencia, la pregunta obvia es por qué alguien querría embarcarse en un viaje de tan alto riesgo.

Al parecer, algunos de los polizones lo han hecho como una travesura o a partir de un equivocado sentido de la aventura. En 2010, el cuerpo del estadounidense Delvonte Tisdale, de 16 años, fue hallado en la trayectoria de vuelo del aeropuerto Logan de Boston después de haberse escondido en la rueda de un Boeing 737 de US Airways desde Charlotte, Carolina del Norte.

Pero estos casos son excepcionales. La inmensa mayoría de los casos son personas procedentes de países en desarrollo que tratan de llegar a Europa o América del Norte.

También son casi exclusivamente hombres, a pesar de que según cifras de la Organización Internacional del Trabajo las mujeres constituyeron el 49,6% de todos los migrantes del mundo en 2005.

Desesperados

Ya sea por un deseo de escapar de alguna persecución o buscar la prosperidad económica en Occidente, este método representa la desesperación final.

'No conocemos las circunstancias de estas personas en particular, pero por nuestro trabajo con los refugiados sabemos que las personas se ven obligadas a tomar medidas extremas con el fin de huir de sus países', dice Deborah Harris, directora de operaciones del Consejo de Refugiados de Reino Unido.

'En situaciones de conflicto, las personas a menudo tienen que abandonar sus hogares en un plazo muy corto, y sin acceso a dinero o sus pertenencias se ven obligadas a tomar medidas desesperadas para escapar'.

Sin embargo, es difícil imaginar que incluso el migrante más desesperado emprendería un viaje que casi seguro lo conducirá a la muerte. Es fácil suponer que la ignorancia total sobre el riesgo que corren es lo que lleva a los polizones a seguir adelante.

En Occidente, una campaña de información pública sería una respuesta obvia a este problema. Pero como los casos tienden a proceder de países en desarrollo, es difícil imaginar dónde empezar una campaña sobre esa cuestión.

Por lo tanto, estos individuos representan un enorme desafío para las autoridades.

De acuerdo con Norman Shanks, exjefe del grupo de seguridad de los aeropuertos británicos, la amenaza para los pasajeros, la tripulación de vuelo y la gente en tierra es mínima.

Pero evitar que alguien caiga del tren de aterrizaje depende de unos controles y procedimientos que no siempre están presentes, advierte.

En cuanto al hombre que cayó en la avenida Portman, la policía todavía está esperando los resultados de su autopsia.

Aunque todavía no han podido identificarlo, una moneda de Angola hallada entre sus restos ofrece una pista sobre su origen.

En el lugar donde fue encontrado alguien ha improvisado un homenaje floral. Cada pocos minutos, otro vuelo pasa por encima para aterrizar en Heathrow.