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Las mujeres kurdas que toman las armas

En 1992, las mujeres combatientes del PKK se entrenaban en Líbano / BBC Mundo

En 1992, las mujeres combatientes del PKK se entrenaban en Líbano / BBC Mundo

¿Pero cómo fue que mujeres de una sociedad tan conservadora adquirieron esa prominencia en una organización armada?

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La muerte estilo ejecución de tres mujeres kurdas la semana pasada en París, cuyo funeral se realiza este jueves en el sudeste de Turquía, ha vuelto a poner de relieve a la turbia lucha entre este país y sus rebeldes kurdos.

¿Pero cómo fue que mujeres de una sociedad tan conservadora adquirieron esa prominencia en una organización armada?

Entre las tres fallecidas figura Sakine Cansiz, cuyas fotos comenzaron a circular pronto, mostrándola en su uniforme militar caqui, parada al lado del líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), Abdullah Ocalan.

Ella era uno de los símbolos más visibles de las mujeres dentro de las filas militares y políticas del movimiento kurdo.

El PKK, que Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos consideran una organización terrorista por sus ataque contra las fuerzas de seguridad y civiles turcos, es una fuerza altamente capacitada.

Ha luchado contra el enorme ejército turco durante casi tres décadas, en nombre de una mayor autonomía kurda.

Y contiene uno de los más grandes contingentes de mujeres militantes armadas en el mundo.

Esto es en marcado contraste con muchos movimientos insurgentes en Medio Oriente.

"Movimiento dentro de un movimiento"

Las mujeres han estado en el centro del movimiento kurdo casi desde la formación del PKK en 1978, cuando tenía una fuerte influencia de las ideas marxistas-leninistas.

Bajo el liderazgo de Ocalan, quien actualmente cumple cadena perpetua en la cárcel, el PKK intentó reinventarse como "un movimiento social con autoadministración a nivel local, un tipo alternativo de economía, ecología y feminismo como pilares centrales".

El grupo es percibido por muchas mujeres kurdas como un medio para el empoderamiento.

Son prominentes en el consejo de la dirigencia del PKK y hay un partido separado de mujeres con su propio brazo armado.

Entre tanto, el principal partido kurdo en el Parlamento turco, el Partido de la Paz y la Democracia (BDP, por sus siglas en turco), aplica una cuota mínima de 40% de mujeres y siempre tiene un hombre y una mujer como presidentes conjuntos del partido.

Pero la doctora Kariane Westrheim, una académica noruega que realizó trabajo de campo entre militantes femeninas del PKK en las montañas Qandil, en el norte de Irak, dice: "Incluso si el PKK tuviera asuntos de género en el temario, y también cofundadoras femeninas, las mujeres han luchado duramente para hacer escuchar sus voces y para desarrollar sus propias estructuras organizativas".

"En muchos sentidos, la organización de mujeres en el PKK se convirtió en un movimiento dentro del movimiento".

El precio de la lucha

La cantidad de mujeres kurdas en el PKK creció en la década de 1990, cuando el conflicto se intensificó.

En parte, esto se relaciona con la creciente movilización del PKK, tanto en áreas rurales como urbanas, en universidades y a través de Europa, así como su énfasis en los derechos de las mujeres.

Según el doctor Handan Caglayan, un académico de Turquía que ha estudiado el papel de las mujeres kurdas en el conflicto, el manejo por parte del gobierno de Ankara de la crisis kurda -en la que aldeas fueron arrasadas y familias enteras muertas o desaparecidas- condujo a una cada vez mayor politicización de las mujeres.

Leyla Zana, de 52 años, una de las figuras más famosas y simbólicas del movimiento, se convirtió en activista por los prisioneros kurdos en la década de 1990, cuando su esposo fue encarcelado por 16 años tras el golpe militar de 1980.

Según la doctora Westrheim, el motivo más común de las mujeres para unirse al PKK es "la opresión general de todos los kurdos, hombres y mujeres".

Pero agrega: "También es sobre la emancipación de la opresión general de las mujeres en áreas rurales kurdas, perpetrada por el estado y por la tradicional estructura familiar".

Caglayan explica: "En una sociedad en las que las mujeres eran 'invisibles', el PKK las valorizó como individuos y les brindó una atmósfera para expresarse".

Para las familias tradicionales y conservadoras, permitir que sus hijas se unieran a las filas del brazo armado del PKK no fue un proceso sencillo.

Al principio, las familias kurdas se resistían a la idea de que sus hijas tomaran las armas y vivieran al lado de los hombres.

"Sin embargo, la legitimidad lograda por la lucha de la organización entre el pueblo kurdo eventualmente les hizo difícil impedir que sus hijas se unieran al PKK", afirma Caglayan.

La política del PKK de prohibir estrictamente las relaciones sexuales entre sus hombres y mujeres ciertamente ayudó a las familias tradicionales a no ver el ingreso de sus hijas a la organización como un insulto al "honor" de la familia.

Pero, observa Caglayan, mientras que el éxito del PKK en movilizar a las mujeres ha empezado a cambiar las actitudes en la sociedad kurda, el cambio dentro de la familia se está produciendo mucho más lentamente.

De cualquier manera, unirse a la lucha kurda ha implicado un costo humano para estas mujeres; no sólo por dejar su hogar y su familia, sino con frecuencia por renunciar a cualquier esperanza de tener sus propias familias.

Y para muchos, es irónico que el empoderamiento de las mujeres kurdas sólo fue posible por tomar las armas.