• Caracas (Venezuela)

BBC Mundo

Al instante

Una lista de "cosas por vivir" para el resto de sus días

¿Qué tal una carrerita por una pista de Fórmula 1? / BBC Mundo

¿Qué tal una carrerita por una pista de Fórmula 1? / BBC Mundo

¿Qué haría usted si descubriera que le queda poco tiempo de vida, que puede morir en cuestión de meses y que definitivamente no le quedan más de cinco años? Esa es la situación que yo enfrento.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Todo empezó la Navidad pasada, cuando me diagnosticaron cáncer de ovario incurable. Sentí consternación, tristeza y rabia. Pero también supe que, una vez que me resignara, iba a aprovechar al máximo el tiempo que me quedaba.

Unos días antes de saberlo, mientras esperaba en la recepción del consultorio médico, pensé en las cosas que nunca podría hacer. Empecé a escribir algunas en mi libreta. Así empezó mi lista de deseos antes de morir.

Tener un perro, explorar las ruinas de Roma, ir en lancha rápida por el Támesis, publicar mi libro, aprender a jugar póker y ver pingüinos en el Polo Sur son algunas de las 50 cosas que quiero hacer.

Mucha gente hoy en día escribe listas de deseos antes de morir. Pero no me gusta la expresión "lista de deseos antes de estirar la pata". Prefiero enfocarme en la vida, no en la muerte. Por eso la llamo mi "lista por vivir".

Una por una

El cáncer es tan horrible, que te puede robar la identidad. La lista te da algo en qué enfocarte y hacerte sentir de nuevo tú mismo.

Hasta ahora he logrado hacer diez. Serví una pinta de cerveza en el pub local, fui a almorzar a París con unas amigas, modelé en un desfile de modas y me deslicé a toda velocidad colgada de un cable.

Pero lo más importante está en el primer lugar de mi lista: mudarme a la campiña y vivir en mi propia casa.

Hace dos meses lo conseguí. Hay que hacer algunas remodelaciones, pero podré vivir allí.

Es increíble hacer algo que deseé durante años.

Susan y su esclerosis

No estoy segura si alcanzaré a hacer todo lo que está en mi lista, pero Susan Spencer-Wendel, de Florida, lo hizo. Susan tiene esclerosis lateral amiotrófica incurable, una condición que destruye los nervios que hacen funcionar los músculos.

Susan se dio cuenta de que le quedaba un año de relativamente buena salud e hizo todos los viajes que deseaba con sus seres queridos, incluyendo uno a ver la aurora boreal con su mejor amiga y otro a comprarle un vestido de novia con su hija adolescente en Nueva York.

Susan narró su historia en "Hasta que diga adiós: mi año de vivir con alegría", un libro que escribió con un solo dedo en un iPhone. Me contó que su alegría brotaba de obtener el mejor resultado posible de las peores circunstancias.

"Descubrí la profundidad del amor que siento por la gente que me rodea y del que sienten por mí. Descubrí amistades que nunca supe que tenía. Y esto me eleva cada hora".

Lugares y emociones

Mi lista me dio cierta estructura. Ya no hay excusas. Tienes que salir y hacer cosas en vez de pensar en hacerlas algún día. Es casi como darle prioridad al placer, creando recuerdos poderosos.

Además, mi lista para vivir me hizo caer en cuenta de que cuando participo en algo que disfruto, me siento mucho mejor. En mayo, fui con una amiga a ver el amanecer en Stonehenge. En cuanto me paré dentro del antiguo círculo de piedra, sentí que como si esa nube negra de la quimioterapia se desvanecía.

Durante una hora mágica, las dos vimos la noche convertirse en día. Al irnos, se rompió el encanto. Poco después me sentí tan enferma que casi no podía caminar.

Fue casi al final de un tratamiento muy tóxico. Lo que me ayudó fue mi plan para recuperarme después en una playa ridículamente perfecta. Era el deseo número cinco en mi lista, prueba de cuánto deseaba esa vacación.

Es tan vital tener algo que esperamos con interés. Puedo estar combatiendo una enfermedad mortal, pero sigo necesitando algo de esperanza en mi vida.

Yo solía ser muy deportiva y aún me encantan las descargas de adrenalina. Un amigo consiguió que el excorredor de Fórmula 1 David Coulthard me llevara a Silverstone. La velocidad fue tan estimulante que ni pude gritar. Es gracioso que morirse de miedo te haga sentir tan vivo.

Los pacientes de Bronnie

Una de las razones por las que respondí a mi diagnóstico con una lista fue un libro que recién había leído, "Los cinco principales lamentos de los moribundos". Bronnie Ware cuidaba a enfermos terminales en Australia. Ella vio que muchos compartían las mismas preocupaciones. Por ejemplo, deseaban no haber trabajado tanto y haberse permitido ser felices.

Cuando entrevisté a Bronnie para mi documental, me dijo que una de sus pacientes favoritas, Grace, siempre quiso viajar pero no lo hizo por su esposo.

"Era una dama que pasó su vida en un matrimonio muy infeliz. Su marido fue a un asilo de ancianos porque estaba muy enfermo. Entonces ella se enfermó también a pocas semanas de conseguir la libertad que había esperado 50 o 60 años. Nunca pudo realizar sus sueños e insistió en que le prometiera que yo viviera una vida fiel a mí misma", explicó.

Me alegro de no tener grandes remordimientos. Es en parte gracias a otra lista. Hace 12 años, me diagnosticaron cáncer por primera vez. Mientras estaba enferma con la quimioterapia, no podía más que pensar en lo que quería hacer cuando me sintiera bien nuevamente.

Hice una lista de diez cosas. A las semanas de terminar el tratamiento estaba en Moscú, cumpliendo mi sueño de ser corresponsal de la BBC.

Lo malo de las listas

Está claro que me gustan estas listas, pero entiendo que no son para todos. A la psicoterapeuta Philippa Perry le preocupan.

"Mi primera reacción es pensar en términos de una lista de compras. Me recuerda demasiado a la sociedad de consumo. Una lista de vacaciones, lugares y sensaciones. No es acerca de estar vivo, sino de vivir por inercia".

Mi meta no es sólo marcar cosas en la lista, sino quedarme con un montón de recuerdos especiales con la gente que más aprecio. Sé que cuando esté muriendo y muy enferma estarán a mi lado recordándome nuestras aventuras.

Como cuando fuimos a París y terminamos en un hermoso bar una tarde después de un largo almuerzo. Otra clienta comentó que parecíamos estar disfrutando mucho y me preguntó qué celebrábamos. Le dije estábamos celebrando la vida.