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El inesperado éxito de Raspberry Pi

Raspberry Pi / BBC Mundo

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Tiene el tamaño de una tarjeta de crédito, está llena de circuitos y componentes y no cuenta con teclado, ni mouse, ni monitor. Pero es un éxito de ventas para la organización sin fines de lucro que la creó

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La británica Raspberry Pi se vende por US$25, cuenta con una legión de entusiastas y ahora tiene en la mira a América Latina.

A un año y medio de su lanzamiento decidí recorrer su historia y futuro charlando con Eben Upton, uno de sus fundadores y actual director ejecutivo de Raspberry Pi.

Detrás de cada nuevo concepto tecnológico hay una idea sencilla. ¿Cuál era la idea detrás de Raspberry Pi?, le pregunto a Upton.

"Educación", responde sin dudarlo. "La idea era que no estamos produciendo suficientes ingenieros en computación en este país o en el planeta. Todos son o muy grandes o muy... hombres", se ríe. "Así que pensamos que podíamos crear un nuevo dispositivo que produciera una nueva generación de entusiastas de programación".

Esa idea ha sido repetida por varios expertos en la industria tecnológica que aseguran que la era digital está produciendo generaciones que "descargan" programas, pero que no los escriben.

La Pi -como se le conoce afectuosamente- es una computadora de una sola placa o tarjeta (ver especificaciones técnicas a la derecha) con un sistema operativo basado en Linux que puede cambiarse por otra distribución del software de código abierto.

"Hasta poco antes del lanzamiento pensábamos que venderíamos unas mil unidades; ese era el tamaño de nuestra ambición", confiesa Upton y agrega: "Pero justo antes de lanzarla empezamos a sospechar que nos quedaríamos cortos y que habría más demanda de la que esperábamos".

El mayor problema para la organización era que no estaban preparados para una gran demanda, ni tenían la capacidad para fabricar decenas de miles de unidades en poco tiempo.

"Somos una organización de beneficencia, no tenemos mucho dinero. No podemos conseguir inversión privada, ni salir a la bolsa de valores", afirma. Entonces ¿cómo resolvieron el dilema? "Cambiamos el modelo de operación y nos convertimos en una empresa que otorga licencias para usar su creación".

Así con socios a bordo, el proyecto pudo recibir las buenas noticias: 100.000 unidades vendidas en el primer día de lanzamiento, más de un millón hasta la fecha. Curiosamente, cuenta el fundador, 70% de las ventas se han dado fuera del Reino Unido, principalmente en Estados Unidos.

¿Y América Latina?

El equipo de la Pi sabe que hay gente en Latinoamérica experimentando con su computadora (un robot que sirve café en Venezuela, otro que lanza tuits automáticos en México, entre otros) pero creen que aún hay mucho camino por recorrer.

"El principal problema de Latinoamérica son los impuestos y las barreras arancelarias a productos electrónicos", dice Upton. "El bajo precio de Raspberry Pi se ve afectado por los impuestos a la importación".

Pero "queremos que llegue a más personas en la región y ese es uno de nuestros objetivos este año". Para lograrlo están buscando socios locales que puedan fabricar en América Latina los componentes de Raspberry Pi para dicho mercado.

"No tenemos nada amarrado aún, pero creemos que hay buenas posibilidades de realizar la fabricación en Brasil y ello nos daría acceso a más mercados más grandes".

El proceso, sin embargo no es sencillo porque fabricar los componentes y circuitos de la pequeña computadora es una tarea complicada.

En lo que ese momento llega, Upton me comparte dos cosas que le han sorprendido desde el lanzamiento del dispositivo. Uno es el hecho de que la gente está usando Raspberry Pi como parte central de nuevos equipos, particularmente robots. "Creíamos que las innovaciones iban a venir más por el lado del software".

La segunda es que -a pesar de que tenían la educación de niños y jóvenes en mente cuando crearon la Pi- muchos adultos la están usando. "Además de los niños que eran nuestro objetivo central, resulta que una gran cantidad de adultos se han sumado y están haciendo cosas muy divertidas con ella", asegura.

"Puede explicarse porque en el Reino Unido hay una gran tradición de ver a a la computación como algo divertido con lo que se puede innovar y crear cosas sorprendentes", aclara.

Su proyecto de llevar la Raspberry Pi a escuelas también está avanzando. La oficina de Google en el Reino Unido, por ejemplo, les otorgó una subvención de US$1 millón para distribuir el dispositivo en miles de escuelas.

A diferencia del proyecto "Una computadora por niño" (One Laptop Per Child, en inglés) Raspberry no trabaja con gobiernos, sino que lo hace con comunidades o escuelas que se acercan a ellos creando así una red de entusiastas que creen en el producto.

Upton dice que el software del dispositivo se actualiza en promedio cada dos meses y que no habrá una nueva versión de la computadora hasta dentro de un par de años. "No queremos que la gente invierta dinero y esfuerzo en un producto que caduca al poco tiempo. Aún hay suficiente espacio para crecer con el modelo actual y desafíos por atender".
¿Pero en dónde ve a Raspberry Pi en cinco años?

"El objetivo seguirá siendo el mismo: educación. Así que espero que en cinco años los chicos que ahora tienen 13 y están comprando una Pi decidan ir a la universidad a estudiar ingeniería en computación", afirma.

"Espero que en cinco años se haya convertido en una plataforma que sea genuinamente útil para que cualquier persona haga con ella lo que quiera. Y espero que pueda ser una computadora que se encuentre en muchas casas de los países en vías de desarrollo", insiste.

Al nombrar a su creación como Raspberry Pi (o "Frambuesa Pi" en español) sus fundadores buscaron seguir la tradición de empresas informáticas que usan frutas como nombre. ¿Acaso no han oído de Apple o BlackBerry?

"Raspberry (frambuesa) nos pareció una fruta divertida y que proyectaba la imagen que queríamos. Y el Pi (más allá de su referencia al número π) fue un homenaje al lenguaje de programación Python, uno de los más didácticos que existen.

Hasta ahora la gente parece divertirse con Raspberry Pi, haciendo eco a su nombre. Su éxito futuro dependerá en buena medida de lo que ocurra con su comunidad de entusiastas.

Cómo ha ocurrido con otros proyectos de código libre, serán ellos los que encuentren nuevos usos y aplicaciones. La diferencia es que ahora cuentan con una pequeña máquina a un precio sumamente accesible.

Las posibilidades son infinitas.