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Cada vez que un científico se hace preguntas de ese estilo, el resultado es interesante

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¿Qué pasa en el cerebro cuando uno no está pensando en nada? ¿Cuál es el propósito de un animal que no está haciendo nada? ¿Qué había antes del Big Bang?

"Cada vez que un científico se hace preguntas de ese estilo, el resultado es interesante", le dice a la BBC Jeremy Webb, editor en jefe de la revista New Scientist, que acaba de publicar un libro llamado "Nothing: From absolute zero to cosmic oblivion" (Nada: del cero absoluto al olvido cósmico).

En biología, por ejemplo, hay animales, como el perezoso o la serpiente pitón, que pasan largos períodos de tiempo haciendo nada. ¿O no?

"La pitón es asombrosa: una serpiente no es más que un cerebro y un estómago (claro que eso se podría decir de todos nosotros). Pero lo peculiar es que puede acelerar el ritmo de su metabolismo 44 veces", señala Webb.

"Así que cuando parece que está comatosa tirada en el piso, está trabajando realmente duro pues su sistema de digestión está esforzándose hasta el límite. Lo que pasa con las serpientes es que comen tan esporádicamente que necesitan aprovechar hasta el último vestigio de sustancia".

De manera que a menudo, cuando pensamos que un animal no está haciendo nada, resulta que está muy ocupado.

Algo parecido pasa con el cerebro.

La vida íntima del cerebro

Se podría pensar que cuando uno se relaja después de un día de trabajo, el cerebro descansa y el uso de energía disminuye: qué se comporta casi como una computadora cuando la apagan. Pero no es así.

"En los 80s, los científicos empezaron a notar que cuando uno deja de pensar activamente, hay una red de regiones en el cerebro que se prende y el uso de energía nunca baja. Se le llama red neuronal por defecto (RND)", explica Webb.

"La gran pregunta es qué está haciendo ese sistema. Al principio se pensaba que sólo se activaba en momentos como cuando se sueña despierto. Pero recientemente los científicos descubrieron que esta red está activa durante las primeras etapas del sueño, lo que indica es que está guardando recuerdos y dándoles significado: es un recuerdo feliz, importante, aterrador... ese tipo de cosas".

"Lo interesante es que la nada no parece existir", apunta director de la compañía de teatro Complicite, Simon McBurney.

"Cada vez que se piensa que no hay nada o que no está pasando nada, no es cierto. Incluso el cero... el cero dividido cero, ¿es cero o es infinito? Uno empieza a hablar de nada y termina hablando de todo", dice McBurney, quien exploró el mundo de las matemáticas cuando escribió la obra "Un número que desaparece".

El cero inofensivo

El cero tiene dos caras en nuestro mundo. Una es la de marcador de posición: al tomar un lugar, nos ayuda a saber que 2013 no es 213 o 2130. Los antiguos babilonios no tenían un marcador de posición.

"Con suerte, dejaban un espacio para evitar confusiones. No se sabe qué impulsó el cambio pero alrededor de 300a.C. a alguien se le ocurrió poner un marcador de posición -dos flechas oblicuas- y, de repente, las matemáticas se volvieron más fáciles de entender. Y unos siete siglos más tarde, al otro lado del mundo, el cero fue inventado por segunda vez. En este caso, fueron los astrónomos mayas en Centroamérica, que empezaron a usar un símbolo como la concha de un caracol en su calendario", cuenta Webb.

Habían inventado el cero como un símbolo, que representaba un espacio, pero aún no como número, que puede ser usado para calcular y tiene sus propiedades matemáticas propias. Cuando el número al fin llegó, causó revuelo.

"Primero la idea del cero era prohibida y luego no se permitía hacer varias cosas con él pues llevaba a implicaciones espinosas. Era un tabú pensar en el cero", recuerda McBurney.

El cero herético

"Se puede decir que el concepto del cero empezó en India -con el astrónomo Brahmagupta en el siglo VII-. Quizás la idea del cero no podría haber sido concebida por ninguna otra cultura: para los occidentales era herética", subraya McBurney.

Efectivamente, agrega Webb, "en la Grecia antigua, la cosmología y ciencia predominante de la época dictaba: el vacío no puede existir. Los dioses no habrían creado algo que valiera nada. Así que la Grecia antigua era incapaz de avanzar hacia la noción del cero".

En India, entendían la nada. Y Brahmagupta puso esa nada -que se llamaba sunya- en las matemáticas, que súbitamente se tornaron más abstractas; aparecieron los números negativos y el infinito en ambas direcciones.

Pasaron casi mil años antes de que llegara a Europa, en 1202, gracias a un joven italiano llamado Leonardo Fibonacci y su libro "Liber Abaci".

"Él detalla el sistema de conteo árabe, con el que se había topado en sus viajes por las costas sur del Mediterráneo (el cero había viajado de India con los moros)", le cuenta Webb a la BBC.

La recepción fue mixta.

En Florencia, por ejemplo, en 1299 prohibieron el uso del cero pues, aunque los mercaderes y banqueros pudieron inmediatamente apreciar las ventajas del nuevo sistema, las autoridades consideraron que era una invitación abierta al fraude, ya que agregando un solo dígito al final se podían multiplicar las ganancias, algo que no se podía hacer con los números romanos.

No es sino hasta el siglo XVII que el cero triunfó, y de qué manera: no sólo es imposible imaginar el mundo sin él sino que es uno de sólo dos protagonistas del sistema binario reinante.

¿Pero el cero es nada?

Si uno tiene una caja con cero cosas adentro, se puede decir que está vacía, que no tiene nada.

Y si se le suma a cualquier número un cero, no pasa nada: sigue igual.

Sin embargo, con sólo agregarle un cero a cualquier número, se vuelve 10 veces más grande.

Y no hay número que, por grande que sea, sobreviva a ser multiplicado por cero.

Eso, sin internarnos en lo que sucede cuando el mismo cero se divide por cero y el resultado tiende a infinito, que se parece más al todo que a la nada.

El gran vacío

Si es difícil declarar que el cero es nada, ¿qué tal el espacio?

"El tiempo y el espacio son parte del Universo físico, no son sencillamente un escenario en el que pasan cosas", es una noción que entusiasma a la astrónoma Carolin Crawford.

"El espacio es un protagonista, tiene propiedades físicas. Incluso si está desprovisto de materia el hecho es que tiene energía, campos de fuerza que lo atraviesan; tiene forma, se hincha, se expande, está haciendo que el Universo se separe... hay cosas sucediendo en el espacio, incluso cuando está completamente vacío", le dice a la BBC.

"Incluso cuando uno encuentra el vacío más enorme en el que no hay materia, hay mucha energía y cosas pasando a nivel cuántico -se crean pequeños pares de partículas que se destruyen mutuamente-... está bullendo con cosas sucediendo todo el tiempo y eso influye en lo que pasa en todo el Universo".

El espacio, entonces, es un estadio muy activo y turbulento en el que todo lo demás sucede.

Además, apunta Webb, hay cosas que suceden sin que nada las cause.

"Estamos acostumbrados a causa-efecto, pero en física cuántica las cosas pueden pasar sin razón. Y eso es extraordinario: que el Universo pueda haber sencillamente aparecido sin ninguna razón".

Y eso implica que quizás es ahí donde está esa escurridiza nada.

"Hay una famosa frase de Stephen Hawking que dice que preguntar qué había antes del Big Bang es lo mismo que preguntar qué hay al norte del Polo Norte. La respuesta es que la pregunta es absurda: no hay nada al norte del Polo Norte".

Quizás, sólo quizás.

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