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El imbatible récord de Tom Gregory, el niño que a los 11 años cruzó nadando el Canal de la Mancha

Tom cruzó el Canal de la Mancha en unas 12 horas cuando tenía apenas 11 años, un hito histórico inigualable  | Foto: BBC

Tom cruzó el Canal de la Mancha en unas 12 horas cuando tenía apenas 11 años, un hito histórico inigualable | Foto: BBC

En total tardó 11 horas y 54 minutos en cruzar el canal, tenía 11 años y 336 días de edad. Nadie más joven ha logrado esta hazaña. 

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Tom Gregory tenía sólo 11 años cuando se convirtió en la persona más joven en cruzar el Canal de la Mancha a nado, un hito que nadie más ha logrado batir.

Eran las 5 de la mañana del 6 de septiembre de 1988 cuando Tom se asomó al borde del agua en el lado francés. A su costado estaba John Bullet, su entrenador. Al otro lado del agua oscura, su casa.

Todo empezó cuando Tom se trasladó junto a su familia a Eltham, en el sureste de Londres, cuando tenía 6 años. Sus primos nadaban en la piscina municipal, al igual que muchos otros chicos que vivían en la zona en viviendas de protección oficial.

John Bullet era el entrenador de natación del club. "Elegía a chicos de la zona y les ayudaba a lograr cosas increíbles", rememora Tom a la BBC.

Eltham está situado a unos 110 kilómetros de Dover y la especialidad del club era conseguir que sus chicos cruzaran el Canal de la Mancha a nado. En 1979, Marcus Hooper, de 12 años, se convirtió en la persona más joven en lograrlo.

"Mirando atrás creo que John estaba buscando a alguien aún más joven para batir ese récord", comenta Tom.

Así que Tom, bajo la mirada de sus padres que observaban lo que estaba pasando con temor y cuando tenía apenas 8 años, empezó nadando el kilómetro y medio de ancho del lago Windermere en el norte de Inglaterra, elegido por su similitud con el canal (profundo, frío y bravo).

Y así siguió avanzando, evitando el agua caliente y durmiendo con las ventanas abiertas meses antes de intentar la hazaña.

Hasta plantarse frente a las frías aguas del canal, en el Cabo Gris-Nez, el punto más cercano entre Francia e Inglaterra, tras atravesar la noche anterior en un ferry, comiendo un shepherd´s pie (pastel de carne y puré de patatas) que le había preparado su madre.

"La gente que muere en el intento de cruzar el canal a nado, y las hay, tienden a morir por hipotermia," afirma Tom. "Si soportas el frío entonces has conseguido la mitad".

En el agua

Tom untó su cuerpo con grasa que tenía guardada en el auto en el que llegaron junto a su entrenador. Se puso una gorra y unas gafas para nadar. Y se adentró en el agua.

Tom y su entrenador John durante el cruce

Justo en ese momento apareció una luz. Era un bote que le guiaría hasta un pesquero que le mostraría la ruta. Su entrenador John se subió abordo para ayudarle en lo que pudiera.

Aunque el Cabo Gris-Nez está a sólo 32 kilómetros en línea recta de Dover en Inglaterra, Tom tenía que nadar 51,5 kilómetros ya que los nadadores tienen que seguir una ruta en forma de "S" por las corrientes.

"Al principio estás realmente inquieto", dice Tom. "Está oscuro, hay oleaje. Tienes un sentimiento real que todavía te faltan 51,5 kilómetros. Tienes miedo a fracasar".

Al principio todo fue bien.

"Sabía que estaba nadando rápido. Alcancé el punto medio en menos de cinco horas. Pronto avisté los acantilados de Dover. Pero parecía un espejismo".

Tortura

"Recuerdo la fina banda blanca en el horizonte. Cada vez que miraba arriba seguía sin verse más cerca. Era una tortura mental y ahí fue cuando comenzó el dolor".

Sentía como sus hombros se restregaban. Sus piernas le quemaban. Su cuerpo comenzó a apagarse.

"¿Sabes esa sensación de estar cómodo y caliente en la cama justo antes de dormirte? Pues sentía eso. Te dejas llevar y saltas por algo: una bocina, un ruido de motores, el olor a diésel".

La mayoría del tiempo, Tom sólo vio a John cuando paraba para comer galletas digestivas y botellas con sopa de tomate caliente. Pero en el último tercio del trayecto John le miró a los ojos y no dejó de mirarle.

"Intentaba animarme, pero me sentía fatal. Estaba como deprimido. En un momento me caían las lágrimas. Pero tenía demasiado miedo de parar. No era miedo a alguien, sólo temor a no terminar".

Final 

Tom Gregory tras el cruce

Los acantilados de Dover por fin se veían cerca. El pesquero se paró, y John saltó a un bote para guiar a Tom a casa.

"Era raro, estaba tan agotado pero en los últimos 5 o 10 minutos aceleré hasta la orilla. Era como si fuera en piloto automático. Recuerdo a John que me gritaba '¡Dale, dale, dale!'".

Tom nadó hasta Shakespeare Cliff, una playa de gravilla al oeste de Dover. Unas 20 personas –incluyendo sus padres– le esperaban. Por fin Tom había tocado tierra.

En total tardó 11 horas y 54 minutos en cruzar el Canal. Tenía 11 años y 336 días de edad. Nadie más joven ha logrado esta hazaña, y nadie lo logrará.

En noviembre de 2000, la Asociación de Natación del Canal prohibió a menores de 16 años intentar cruzarlo.

"Cuando alcancé la orilla estaba muy cerca de perder la conciencia", recuerda Tom. "Estaba mareado, confundido. Me habían dicho que tenías que tomar tres pasos sin ayuda al llegar a tierra, si no no lo habías logrado. Pero yo no podía aguantarme de pie, estaba de rodillas".

"Esos pasos eran fundamentales. Era un 'momento Neil Armstrong'. Eventualmente di tres pasos y me senté. Recuerdo estar rodeado de gente que me acurrucaba".

John

Tom Gregory y su entrenador John (centro) tras llegar a Inglaterra

Tras entrar en calor, Tom y su entrenador John fueron en barco hasta el puerto de Folkestone donde les esperaban los periodistas. La noticia apareció hasta en el New York Times.

"Pero una vez se calmó el revuelo, realmente no hablaba sobre ello. John no quería que se me subieran los humos a la cabeza".

Tom tiene ahora 39 años y fue a la universidad y de ahí a Sandhurst, una prestigiosa academia militar. Sirvió en Irak y Afganistán y ahora trabaja en la firma de contabilidad Deloitte. Vive en Surrey al suroeste de Londres junto a su esposa e hija.

Tras cruzar el Canal, Tom y John hicieron planes de nadar hasta Irlanda del Norte, entrenarse para las Olimpíadas.

Pero cinco meses después de lograr el récord, John falleció. Tenía 50 años.

"Para mi fue como perder a un padre. Estaba destrozado. Pasaba tanto tiempo con él".

Más de 300 personas acudieron a su funeral a pesar de que no tenía familiares.

"Todo fue gracias al coraje y visión de John. Me imagino que tuve suerte de ser el elegido para esta prueba".

Los entrenamientos al amanecer, horas en la piscina, las duchas frías, las ventanas abiertas, el dolor, las lágrimas. ¿Podía un niño disfrutar eso?

"Por supuesto", afirma Tom, sorprendido por la pregunta. "Me encantaba. El club transformó la vida de muchas personas".