• Caracas (Venezuela)

BBC Mundo

Al instante

La historia del hombre que robó un banco por amor

Wojtowicz descubrió su homosexualidad en Vietnam

Wojtowicz descubrió su homosexualidad en Vietnam

John Wojtowicz era un romántico. Dice que por eso fue que intentó robar un banco, para financiar la operación de cambio de sexo de su amante

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Su intento de atraco fallido inspiró la película "Tarde de perros" (Dog Day Afternoon, en el original en inglés) y varios documentales, el último "The Dog" (El perro), un cariñoso retrato de este excéntrico neoyorquino.

"Nadie robaría un banco para regalar una operación de cambio de sexo, es por eso que hicieron la película", dice Wojtowicz en "The Dog", la historia del hombre que cometió uno de los crímenes más sensacionales de Estados Unidos.

El 22 de agosto de 1972, Wojtowicz y dos cómplices, Salvatore Naturale y Bobby Westenberg, entraron con escopetas en una sucursal de Brooklyn del Chase Bank.

Inmediatamente todo empezó a salir mal.

Westenberg dijo que no se atrevía y se marchó. La caja fuerte resultó estar medio vacía y uno de los trabajadores tuvo tiempo para hacer saltar la alarma.

Pronto, el edificio estaba rodeado y ocho de los empleados quedaron como rehenes. La policía se estableció en un salón de belleza al otro lado de la calle y empezaron las negociaciones.

Una concurrida audiencia de unas 2.000 personas se agolpó al calor de la noche veraniega, junto a los agentes del FBI, servicios de emergencia, francotiradores en los techos y camiones de televisión.

"Era un circo", dice el periodista Bob Kapstatter en la película. "Había una multitud en Brooklyn. Era todo un espectáculo".

Wojtowicz desempeñó su papel con cierto estilo. Pidió comida para los rehenes y pagó al joven que les llevó las pizzas con fajos de billetes. Luego tiró dinero hacia los curiosos.

"Cualquiera lo hubiera amado, era un Robin Hood", dice Kapstatter, que tabajaba entonces para el Daily News.

Junto a otros periodistas fue capaz de llamar al banco y hablar con Wojtowicz directamente. El drama cada vez más extraño estaba siendo retransmitido en directo por televisión.

Dos horas después, Wojtowicz hizo públicas sus exigencias para liberar a los empleados retenidos: "Quiero que traigan a mi esposa del hospital. Su nombre es Ernest Aron. Es un hombre. Soy gay".

Wojtowicz dijo que estaba robando el banco para pagarle el cambio de sexo. Se habían "casado" el año anterior en una boda pública pero Aron, que quería ser una mujer, había sufrido depresiones y se había intentado suicidar.

"Estaba siendo honesto, fue un bombazo. La liberación gay directo a la yugular", dice en el documental Jeremiah Newton, un amigo de Aron.

En ese momento la primera esposa de Wojtowicz -Carmen Bifulco, una mujer y todavía su esposa legal- estaba en la playa con dos de sus hijos, sin saber nada del intento de robo perpetrado por un "homosexual confeso", su marido.

Aron fue llevado a la escena, despeinada y angustiada, en bata, pero rehusó ir a hablar con el atracador. Quien sí lo hizo, sin embargo, fue su madre, quien estuvo 13 horas en el lugar.

Dentro del banco, los rehenes pasaban calor, estaban cansados y asustados, aunque no fuera particularmente por el miedo a Wojtowicz.

En una entrevista posterior que sale en el documental, Shirley Ball, comentó: "Me di cuenta de que era amable, quería ser amigable, tenía un motivo para robar el banco, no creyó que se fuera a alargar tanto, pensó que iba a ser entrar y salir, pero tal como salieron las cosas, no pudo salir".

El sitio duró 14 horas y terminó sólo cuando les prometieron a los atracadores un vuelo al exterior.

Un agente del FBI los condujo hasta el aeropuerto pero al llegar, a Naturale le dispararon y lo mataron y a Wojtowicz lo detuvieron. Los rehenes fueron liberados sanos y salvos.

Wojtowicz fue sentenciado a 20 años de prisión, así que todavía estaba en la cárcel cuando salió en 1975 la película "Tarde de perros".

El dinero que obtuvo por la película se lo dio a Aron, que finalmente se realizó la operación y se convirtió en Liz Eden. Wojtowicz estaba muy orgulloso.

En un programa de televisión, poco antes de que fuera liberado en 1978, le dijo a Eden: "No me arrepiento de haberlo hecho porque te salvó la vida".

Los documentalistas neoyorquinos Allison Berg y Frak Keraudren decidieron buscar el rastro de Wojtowicz en 2002 y lo encontraron.

"Teníamos curiosidad sobre cómo sería su vida real, ¿sería tan escandaloso y carismático como quien aparece en la película?", se pregunta Berg.

De hecho, "resultó cien veces más inusual, interesante y divertida".

Para esa época, Wojtowicz se llamaba a sí mismo "El perro" por lo de "Tarde de perros" y se deleitaba con su infamia.

"En aquel entonces, vivía en el olvido con su madre y se alegró de que alguien se acercara a interesarse por él", explica Keraudren.

Le gustamos porque sabía que nos autofinanciábamos y pensó que éramos unos desvalidos neoyorquinos cómo él, así que decidió ayudarnos.

"Incluso se ofreció a robar un banco para nosotros", comenta Berg.

Así comenzó una década de filmación. Lo visitaron cada dos fines de semana. Pasaban el rato en su apartamento, salían a hacer recados y lo acompañaron muchas veces al hospital.

"Fue nuestra vida por una década. Éramos como de la famila", afirma Keraudren.

Cuando ya llevaban unos años en el proyecto, Wojtowicz les dijo que tenía cáncer. Se negó a recibir tratamiento y murió en 2006.

"Hasta un día antes de morir, seguía haciendo comentarios lascivos y pidiendo hamburguesas que no iba a poder comer porque ya estaba demasiado enfermo", dice Berg. "Pero nunca cambió su forma de ser".

Sólo entonces, Berg y Keraundren completaron su historia con otras entrevistas, incluyendo las de sus esposas. Liz Eden había muerto en 1987 de una enfermedad relacionada con el sida.

Carmen Bifulco, la primera mujer de Wojtowicz, lo había conocido cuando ambos trabajaban para el Chase Bank. "¿Por qué no eres mi novia de la suerte del futuro?", le dijo en su primera cita.

"Pensé que ya estaba loco", dice. Se casaron en 1967, después de su regreso de Vietnam, pese a la desaprobación de la familia. "Para decepción de mis suegros, sobreviví a la guerra", dijo.

Sin embargo, en el ejército Wojtowicz había descubierto el sexo con los hombres y en 1969 se separaron.

"El matrimonio, para mí, era una institución sagrada", dice en la película. "El amor es una institución sagrada. Si amaba a alguien, quería casarme con esa persona. Quería comprometerme. Y en una sociedad heterosexual, lo haces casándote. Así que no veía por qué los homosexuales no podían hacerlo".

Wojtowicz y Aron se casaron a su manera. Aron quería, y tuvo, el vestido más caro de la tienda, les costó casi US$1.000.

Pero la pareja rompió después de las interminables discusiones porque Aron se quería operar. "No quería que se cambiara de sexo, pero él deseaba ser una mujer", recuerda Wojtowicz, a quien le preocupaba dejar de sentir atracción por su pareja.

Entonces Aron volvió a intentar suicidarse y Wojtowicz se dio cuenta de que no sería feliz jamás si no se hacía la cirugía, así que decidió conseguir el dinero… robando un banco.

Hubo quien se preguntó si ese era el verdadero motivo para el atraco por las sospechas de que fuera un trabajo de la mafia que salió espectacularmente mal.

Por su naturaleza ilícita en el momento, muchos bares gays eran gestionados por bandas del crimen organizado.

Eden misma acusó a Wojtowicz de haberse endeudado con la mafia cuando le compró el vestido de novia.

La policía tampoco estuvo de acuerdo con la versión de Wojtowicz. "No creían la verdad, que robaba el banco para que mi pareja tuviera un cambio de sexo, así que tuve que inventarme algo", dice en la película.

"Firme una confesión en la que decía que me había reunido con el vicepresidente de Chase y él me indicó cómo hacerlo".

Pero los cineastas no creyeron que hubiera sido planeado. La película pone de manifiesto lo caótica que fue la operación.

El atracador y sus dos cómplices, a los que había conocido en un bar, se habían pasado el día deambulando por Nueva York, tratando de encontrar un banco que robar.

Una vez allí, dejaron caer la escopeta, se les disparó y tuvieron que huir. En un segundo banco, Westenberg se encontró con la mejor amiga de su madre.

El trío incluso se fue a ver la película "El padrino" para inspirarse.

Y finalmente pasaron por delante de un tercer banco que tenía un cartel que decía: "Esta es una oferta que no vas a poder rechazar".

Pocos en la comunidad gay expresaron su apoyo a Wojtowicz. "A nadie parecía importarle", dice Randy Whicker, miembro de la Alianza de Activistas Gay (GAA, en inglés).

"La reacción de la GAA fue de horror. Dijeron simplemente que no querían tener nada que ver, que se trataba de un enfermo mental, que era un loco", dice.

El expresidente de la GAA Rich Wandel todavía defiende aquella idea. "El hecho es que aterrorizó a ocho personas y fue la causa directa de que alguien muriera. Eso no es un Robin Hood para mí, era alguien muy enfermo", afirma.

Berg cree que Wojtowicz era un producto de su tiempo. "Es alguien que era más bien un machista tradicional italiano del Brooklyn de los años 50 que evolucionó con los tiempos en los 60 y 70", afirma.

"Su historia es como la de un Forrest Gump: toca con los inicios de los movimientos de defensa de los derechos de los homosexuales, toca Vietnam, el principio de la revolución sexual", agrega.

"John era para mí un individuo loco y malo, pero lo que me gustaba de él era que tenía corazón", dice George Heath, antiguo reo (y tercera "esposa" de Wojtowicz).

Heath, que había asaltado un banco armado con un cuchillo y lo puso bajo su protección, se "casó" con él en la prisión el 31 de julio de 1974.

"Le encantaba estar casado, necesitaba tener una esposa, así que yo fui la tercera", explica.