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El hombre que derrotó al matrimonio gay en Colombia

El Procurador Alejandro Ordóñez es un hombre de profundas convicciones religiosas / BBC Mundo

El Procurador Alejandro Ordóñez es un hombre de profundas convicciones religiosas / BBC Mundo

Cuando el 2 de octubre un juez anuló el primer matrimonio entre parejas del mismo sexo celebrado en Colombia, fueron muchos los dedos inmediatamente apuntaron a Alejandro Ordóñez, el Procurador General de la Nación

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Y es que si bien la decisión judicial formalmente se dio en respuesta a una acción de tutela interpuesta por una ONG teóricamente independiente, Ordóñez es sin duda la figura más poderosa de entre todas las que se oponen al denominado "matrimonio igualitario" en Colombia.

Además, bajo su mandato, la Procuraduría también ha introducido acciones similares en contra de todos los matrimonios de personas del mismo sexo registrados en el país.

"Ordóñez puso a funcionar toda la maquinaria que tiene bajo su control en la entidad para evitar que los jueces puedan garantizar la igualdad de derechos civiles a las parejas homosexuales", es la conclusión de una reciente investigación del portal periodístico La Silla Vacía.

"De esta manera, convierte esa lucha en prioridad en una entidad muy poderosa y que tiene otras funciones como vigilar disciplinariamente a todos los funcionarios públicos o proteger los derechos humanos", sostiene la publicación.

Y Ordóñez, un ferviente católico, tampoco ha ocultado nunca su abierta oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo, ni si disposición a utilizar su cargo para enfrentar una figura que va en contra de la definición de matrimonio que figura en la actual Constitución.

Profundamente religioso

La del matrimonio igualitario, sin embargo, no es la única polémica que tiene como protagonista al actual Procurador de la República de Colombia.

A Ordóñez también se le acusa de haberse constituido en uno de los principales obstáculos a los esfuerzos por garantizar la prestación de los servicios de interrupción de embarazos incluso en los casos admitidos por la ley.

Y su sombra también planea sobre debates como el de la legalización de la droga, e incluso sobre el futuro del Proceso de Paz.

Pero, ¿quién es el hombre que muchos consideran el funcionario público más poderoso de Colombia? Y, ¿se puede afirmar realmente que libra todas sus batallas en nombre de la religión?

Nacido en Bucaramanga, departamento de Santander, en 1955, la primera vocación de Alejandro Ordóñez fue el sacerdocio, pero según diferentes testimonios renunció a la idea cuando conoció a la que hoy es su esposa.

Optó entonces por el estudio del derecho, con una especialización en derecho administrativo, y ha dicho que desde muy joven le interesó el puesto de Procurador, cargo para el que eventualmente fue electo por primera vez en el año 2009 y ratificado por cuatro años más en noviembre del año pasado.

Antes, sin embargo, se desempeñó como jefe departamental de las Juventudes Conservadoras, concejal del Partido Conservador en Bucaramanga, juez del tribunal administrativo de Santander, docente e investigador de varias universidades, y Presidente del Consejo de Estado, el máximo tribunal de lo contencioso-administrativo de Colombia.

Y con su decisión de cambiar el retrato del General Francisco de Paula Santander que adornaba la sala plenaria de esta instancia del estado por un crucifijo, dejó constancia de su disposición a ejercer sus cargos públicos con profundo apego a su religiosidad, a pesar de que Colombia no tiene religión oficial.

Cinco años después, en 2005, Ordóñez también protagonizaría una sonada polémica al demandar a la revista colombiana SoHo por la publicación de una parodia erótica de "La última cena" de Leonardo Da Vinci.

Pero las advertencias de algunos sectores preocupados por su celo religioso –la revista Semana tituló su primer perfil de Ordóñez ‘El Cruzado" –y su vocación conservadora –el Procurador favorece la misa en latín– no lograron evitar su elección, por una abrumadora mayoría, al frente del mayor órgano disciplinario del país.

Quemando libros

Con medidas como la inhabilitación por 18 años de la senadora Piedad Córdoba, por supuestos vínculos con las FARC, y más adelante al secretario de la Presidencia de Álvaro Uribe, Bernardo Moreno, por el escándalo de las escuchas ilegales del DAS, Ordóñez rápidamente dio pruebas tanto de su independencia, como de su poder como procurador.

Aunque más que su independencia política, es el celo religioso de un hombre que llegó incluso a participar en la quema de "revistas pornográficas y publicaciones corruptoras" durante su juventud lo que preocupa a algunos sectores.

El Procurador, sin embargo, asegura que su participación en la actividad ha sido "caricaturizada", al igual que otros detalles de su profunda religiosidad, como su hábito de rezar el rosario todos los días o la presencia de una pila con agua bendita a la entrada de su casa de habitación.

Y también sostiene que, en cuanto servidos público, siempre ha actuado con estricto apego a la ley.

"Yo soy católico y católico practicante y eso no puede ser desafío para nadie, sino todo lo contrario: garantía para el cumplimiento del deber", dijo por ejemplo Ordóñez en una entrevista concedida a la agencia colombiana de prensa, Colprensa, en el año 2010.

"Hay una especie de cristianofobia en algunos sectores intelectuales y mediáticos que no soportan que frente a esa especie de crisis de valores haya una persona que sostenga los principios y valores que han construido nuestra nacionalidad", denunció en esa ocasión.

Y para Jesús Herrera, director de la publicación VotoCatólico.org, Ordóñez es, efectivamente, uno de los pocos políticos colombianos que defienden los más importantes valores católicos y, con ello, los valores "de la mayoría de los colombianos".

"El marco de los valores católicos es bastante amplio. Se refiere a unos principios muy elementales dentro de los que puede haber una gran diversidad de opiniones y agendas políticas, pero establece algunos puntos no negociables", le explicó Herrera a BBC Mundo.

Y, entre esos "puntos no negociables" destacan, precisamente, "la defensa de la vida y la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural" y "la defensa de la familia como célula fundamental de la sociedad constituida por varón y mujer".

"Abuso de poder"

El problema, sin embargo, es que la actual legislación colombiana ya no coincide plenamente con esa forma de entender el mundo.

Por ejemplo, tanto la Corte Constitucional Colombiana como el Consejo de Estado ya determinaron que las parejas del mismo sexo también pueden constituir una familia.

Y desde mayo de 2006 la ley colombiana también autoriza la interrupción del embarazo en tres casos: cuando hay malformación del feto, en embarazos producto de una violación, o cuando peligra la vida o la salud mental de la madre.

Por eso muchos acusan a Ordóñez de estar empleando su cargo para intentar detener el reloj.

O, incluso, para devolverlo al tiempo en que el Estado estaba supeditado a su religión, en sintonía con los planteamientos de su tesis de grado –titulada "Presupuestos fundamentales del Estado Católico– en donde planteaba "la existencia de un derecho político católico y la necesidad de volver a él".

"Aunque él trata de justificar sus actuaciones en derecho, al final lo que está haciendo es un abuso de poder, ese poder que le da ser procurador", afirmó Ariadna Tovar, de Women’s Link, una organización de defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres que en 2010 interpuso un queja disciplinaria en contra de Ordóñez.

"Nosotras consideramos que habido hostigamiento, persecución e intimidación para quienes al final estamos defendiendo los derechos sexuales y reproductivos", le dijo a BBC Mundo.

"Pero hasta ahora no ha sido sancionado, porque parte de lo que sucede es que al final aquellos que tienen que elegir al Procurador, o tienen que investigarlo, de alguna manera también están sujetos a su poder", aseguró.

Ni las organizaciones que defienden el derecho al aborto, ni las que promueven el matrimonio igualitario están sin embargo dispuestas a quedarse de brazos cruzados.

La batalla con "el funcionario más poderoso de Colombia" está pues planteada. Y todo parece indicar que no ha hecho más que empezar.

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