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El hombre que congeló el tiempo

Fue la primera persona que supo aprovechar la electricidad para congelar el tiempo en un instante / Foto Archivo MIT

Fue la primera persona que supo aprovechar la electricidad para congelar el tiempo en un instante / Foto Archivo MIT

El flash de Harold Eugene Edgerton podía disparar un destello de luz que duraba tan solo 10 microsegundos  

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Cada vez que usted utiliza el flash de su celular inteligente o de su cámara fotográfica, debería honrar silenciosamente a Harold Eugene Edgerton.

En la era de los tubos de vacío y las radios del tamaño de una mesa, Edgerton logró crear una manera de detener el mundo; una bala que pasa a través de una manzana; el botín de un futbolista cuando toca el balón; el chapoteo en forma de corona de una simple gota de leche.

Él fue el primer hombre que supo aprovechar la electricidad para congelar el tiempo en un instante.

Todavía hoy en día sería bastante difícil recrear las imágenes emblemáticas de Edgerton, incluso utilizando computadores para abrir y cerrar el obturador y disparar el flash.

Edgerton tomó sus imágenes en la era analógica, grabándolas en una cámara de cine que había sido convertida para disparar a velocidades que antes eran imposibles, y las iluminaba con un flash electrónico que él mismo inventó.

De repente se hizo posible captar y admirar aquellas geometrías intrincadas que se sucedían tan rápido que el ojo humano era incapaz de comprender.

“Él logró captar imágenes maravillosas y cautivantes que trascendían los límites de la ciencia, el arte y el entretenimiento”, dice Colin Harding, un curador del Museo Nacional de Medios de Reino Unido en Bradford.

El momento de iluminación

Para muchos alumnos del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés), era el “Doc”. Para el pionero explorador acuático Jacques Cousteau, quien fue su colaborador, el “Papá Flash”.

Edgerton nació en Nebraska en el año 1903 y tanto la fotografía como la electricidad siempre fueron sus dos pasiones.

Su tío le enseñó a utilizar la cámara fotográfica y trabajó para una compañía de electricidad local antes de ser aceptado como estudiante en el MIT.

Durante un experimento en el cual utilizaba un computador rudimentario, Edgerton notó que las luces de emergencia sobrecalentadas (que titilaban 60 veces por segundo) parecían congelar las partes en movimiento de un motor de manera que se veían como si estuvieran quietas. Eso le dio la idea a Edgerton de que los cortos destellos brillantes de luz podían iluminar este mundo que gira a tanta velocidad.

En esos días, no existían las películas de alta velocidad que permitían filmar con la luz del ambiente, a menos que se utilizara un obturador de alta velocidad por varios segundos, bastante inútil a no ser que el sujeto se quedara quieto. El flash fue una herramienta vital para iluminar adecuadamente esas películas “lentas” para poder captar objetos en movimiento.

Del magnesio al mercurio

Hasta entonces, el flash fotográfico dependía en gran medida del polvo de flash, una mezcla de magnesio y clorato de potasio que creaba una explosión controlada incandescente.

Edgerton creó una luz estroboscópica que contenía una lámpara con un gas inerte, inicialmente mercurio. La lámpara se conectaba a una batería, el voltaje de la corriente excitaba a las moléculas del gas generando una brillante luz instantánea.

La duración del flash podía ser ajustada fácilmente, lo que lo hacía más flexible, y podía ser recargado y disparado una y otra vez gracias a su batería (en contraste con las lámparas de magnesio que sólo podían ser utilizadas una vez y luego debían ser desechadas).

Edgerton lo llamó el estroboscopio.

Luz brillante

El flash de Edgerton podía disparar un destello de luz que duraba tan solo 10 microsegundos (1/100,000 de segundo) y utilizaba xenón en lugar de mercurio, lo que permitía que los tubos fueran más pequeños. Así, podía congelar a la bala más rápida o al ala de un pájaro colibrí batiendo con rapidez. El diseño básico todavía perdura en los flashes electrónicos de hoy en día.

Pero más que esto, dice el Dr Michael Pritchard, director de la Sociedad Real de Fotografía, Edgerton utilizaba su fotografía de alta velocidad como herramienta de diagnóstico.

“Tal vez su legado más grande (además de sus imágenes) es la utilización y el desarrollo de una técnica fotográfica como herramienta para que los ingenieros resuelvan problemas y examinen el funcionamiento de las máquinas”.

Al principio, el gigante fotográfico Kodak se mostró un tanto desdeñoso pues predecía que no iba a ser fácil vender ni 50 ejemplares del dispositivo.

Pero Edgerton tomó una foto nocturna durante una pelea de boxeo, capturando perfectamente a los dos peleadores y la mandó a los periódicos nacionales para demostrar su punto. Así nació la era del flash electrónico y muchos, muchos millones han sido recaudados desde entonces.

En la guerra

El trabajo pionero de Edgerton no se quedó entre las paredes del estudio fotográfico.

Durante la Segunda Guerra Mundial desarrolló una versión gigante del flash electrónico que podía ser transportado en la bodega de bombas de un bombardero modificado: para demostrar el valor de su invento a los escépticos jefes de inteligencia, iluminó el antiguo sitio de Stonehenge en una noche sin luz de la Luna.

El sistema de flash se utilizó más adelante para tomar fotografías de las zonas de lanzamiento en Normandía antes de los aterrizajes de paracaidistas aliados, que mostraban las áreas libres de tropas alemanas que podían ser utilizadas como zonas de aterrizaje.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Edgerton creó sus fotografías más impresionantes desde el punto de vista técnico, capturando los primeros momentos de una explosión atómica.

Hasta ese momento, no existía cámara alguna capaz de abrir y cerrar el obturador lo suficientemente rápido, por lo que Edgerton construyó la suya propia (llamada la cámara rapatrónica). La luz proveniente de la explosión activaba una celda fotoeléctrica ubicada en el frente de la cámara, que abría y cerraba la cámara.

Hacia el año 1950, el equipo técnico de Edgerton había logrado acortar el tiempo de apertura del obturador llevándolo a 1/4.000.000 de segundo: las explosiones atómicas que pudo captar en Eniwetok Atoll en 1952 (a varias millas de distancia) son orbes surrealistas que parecen enormes bolas de cera derretida.

Ningún artista

Edgerton, quien trabajó hasta su muerte en 1990 a la edad de 86 años, continuó con sus experimentos fotográficos a lo largo de su carrera académica y sus invenciones.

Sus imágenes fueron alabadas no solo como hazañas de destreza técnica sino como obras de arte moderno.

“Un gran popularizador, las fotografías de Edgerton atraían a una público muy amplio con sus temas inusuales, detalles nítidos, colores fuertes y composición formal”, dice Harding. “Confirman el extraordinario poder de la fotografía y crean una sensación maravillosa a partir de eventos cotidianos como la caída de una gota de leche”.

Pero a Edgerton no le gustaba ser llamado artista. “No me conviertan en artista. Soy un ingeniero. Me interesan los hechos. Sólo los hechos”. El destello del flash de la próxima vez que tome una fotografía quizás sería entonces un homenaje suficientemente digno.