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¿Qué harán con la casa donde nació Hitler?

Braunau am Inn es una pequeña ciudad en el norte de Austria, ubicada en la frontera con Alemania  | Foto: BBC Mundo

Braunau am Inn es una pequeña ciudad en el norte de Austria, ubicada en la frontera con Alemania | Foto: BBC Mundo

Braunau carga con la pesada herencia de alojar, un poco más allá de la plaza central, en el número 15 de la calle Saizburger Vorstadt, un antiguo hostal del siglo XVII en el que nació Adolfo Hitler.

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Corría el año 1889 y la familia Hitler alquiló unas habitaciones pues el padre, Alois, había sido enviado a cumplir sus funciones como funcionario aduanero.

Saizburger Vorstadt 15: el primer hogar de quien luego retornaría como líder de todo el país. Adolfo Hitler sólo vivió ahí durante unas pocas semanas, pues su familia fue trasladada a otro lugar en Braunau.

De la ciudad se fueron cuando Hitler tenía 3 años de edad.

Él sólo volvió en 1938 por un corto rato cuando estaba camino a Viena, luego de haber anexado Austria a la Alemania nazi.

Hitler nació en la casa, pero sólo vivió ahí durante unas pocas semanas. Su familia fue trasladada a otro lugar en Braunau. No obstante, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el edificio de la calle Saizburger Vorstadt se convirtió en un dolor de cabeza.

Peregrinaje

Los locales cuentan que el lugar todavía atrae a simpatizantes neonazis.

"He visto gente proveniente de Italia o Francia que viene con el propósito de adorar", le dice a la BBC Josef Kogler, un profesor de Braunau.

"Creo que uno era un profesor de historia francés, y vino y me preguntó por la casa natal de Hitler... es difícil de comprender", agrega.

En este momento, el lugar está cerrado y vacío.

Frente a la casa, una inscripción recuerda a los muertos en el campo de concentración de Mauthausen, en Austria: "Para la paz, la libertad y la democracia. Nunca jamás fascismo. Millones de muertos lo advierten". Durante años, el gobierno austriaco estaba tan preocupado por la posibilidad de que se convirtiera en un lugar de peregrinaje para quienes admiran al hombre y su obra que el Ministerio del Interior lo tuvo alquilado desde 1972.

Alguna vez fue un centro de cuidados diurnos para discapacitados, pero en 2011 tuvo que cerrar.

Hoy está vacante, pues la dueña, Gerlinde Pommer, no está de acuerdo con planes de renovación.

"No acepta ninguna propuesta para usar el lugar para oficinas u otros propósitos", explica el historiador local Florian Kotanko.

"Ella no permite que se le haga ningún cambio a la casa, así que no se puede reconstruir ninguna habitación, ni construir baños modernos o instalar un ascensor, así que es difícil".

¿Recordar u olvidar?

Durante los últimos tres años ha habido varias propuestas para utilizar la edificación, como convertirla en apartamentos y un centro de educación para adultos, o en un museo o en un centro de responsabilidad, para confrontar el pasado nazi.

Un miembro del parlamento de Rusia ofreció incluso comprar la casa y hacerla explotar.

A falta de un acuerdo, el Ministerio de Interior apeló recientemente a todos los otros ministerios regionales y federales para que ayuden a decidir el futuro del lugar.

El debate no cesa: para unos, ya es hora de cerrar capítulo. Para otros, como Kotanko, no se debe ignorar la historia. El vicealcalde de Braunau, el socialdemócrata Guenter Pointner, dice que el Ministerio está considerando finalizar el contrato de alquiler con la señora Pommer. Ella no estaba disponible para dar su opinión.

Los contratiempos con el antiguo hostal han sacado del olvido recuerdos incómodos para la próspera ciudad.

"No somos hijos de Hitler", asegura el vicealcalde de Braunau. Algunos, incluido el segundo vicealcalde de Braunau Christian Schilcher, del ultraderechista Partido Libertad, piensan que es hora de dejar el pasado atrás.

"Hay una conexión entre Braunau y Hitler incluso sin esa edificación", dice. "¡Todo el mundo puede leer que Hitler nació aquí!".

Por muchos años, los austríacos y la gente de Braunau se han mostrado renuentes a discutir su pasado nazi, pero Katanko afirma que está cambiando.

"Antes, la gente se rehusaba a hablar de los hechos, pero ahora lo hacen. Es cuestión de cómo lidiar con la herencia".