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El extraño caso de los ladrones de rastas surafricanos

Las rastas pueden alcanzar un valor de 220 dólares / BBC

Las rastas pueden alcanzar un valor de 220 dólares / BBC

Tres hombres en Suráfrica asaltaron hace poco a Jack Maseko. Querían su celular y sus rastas, que pacientemente cuidó durante tres años

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"Solía ver a gente vendiendo rastas en la calle y no sabía de dónde venían", agrega. Todavía no da crédito sobre lo que le ocurrió una noche en Johannesburgo mientras volvía a casa.

Las rastas requieren de varios años para crecer, pero mucha gente no quiere esperar. Y es esta necesidad por tener el pelo largo de forma instantánea que impulsa la demanda en el mercado negro.

Los ladrones son rápidos y a veces despiadados. Usan cualquier cosa, desde un cuchillo hasta un pedazo de vidrio roto para robar el preciado cabello. La maniobra se conoce en la jerga callejera como "cortar y correr".

Las bandas operan en Johannesburgo, la ciudad más grande del país, pero la práctica se ha extendido a la ciudad costera de Durban.

Las rastas que llegan hasta los hombros se venden por entre 200 y 700 rand (entre US$22 y US$76), mientras que las más largas pueden costar hasta 2.000 rand (US$220).

Entonces, ¿qué pasa con el pelo robado?

Los estilistas utilizan un método conocido aquí como ganchillo. Usan una fina aguja para poder convertir un pelo alisado en trenzas al tejerle cabello humano adicional. Un proceso que resulta en rastas instantáneas.

Debido a que es una técnica relativamente nueva, los peluqueros todavía no han acumulado reservas, la competencia es intensa y el que tenga las rastas domina el mercado.

Las rastas en África

Las rastas se asocian mayormente con el movimiento rastafari, pero muchos grupos étnicos en África también las usan.

La mayoría de los sudafricanos escucharon por primera vez de este fenómeno cuando llegó a la prensa el caso de otro zimbabuense, Madonko Mutsa, cuyo pelo fue cortado fuera de una discoteca en Johannesburgo. Se cree que había dejado crecer su pelo durante diez años.

El ex peluquero de Maseko, Andile Khumalo, maneja un improvisado salón de belleza en la acera de una transitada calle del centro de Johannesburgo.

Sus tres sillas suelen estar ocupadas, una señal de que el negocio marcha bien, dice.

Pero le preocupa que los robos puedan afectar su negocio.

"En los últimos seis meses escuché cuatro casos aparte del de Jack. La cosa está empeorando y hay que hacer algo".

Algunos temen salir a calle de noche y exponer sus rastas.

El origen de las rastas se desconoce. Han estado estrechamente asociadas con el movimiento rastafari pero muchas comunidades africanas tienen un larga historia usándolas.

Algunas personas se dejan creer rastas como parte de su identidad étnica, por creencias culturales o religiosas, como los guerreros masai de Kenia que son instantáneamente reconocibles por sus rojizos cabellos.

Pero para muchas personas en todo el mundo no son más que una cuestión de moda.

El empresario y gurú del cabello sudafricano Jabu Stone, conocido cariñosamente como "El señor rastas", dice que este tipo de cabello no siempre fue popular.

"A mediados de los noventa la gente prefería quemar su cuero cabelludo con productos químicos para alisarlo y ajustarse al estándar occidental de belleza que mantener su pelo natural y eso me dolía", dice apasionadamente.

"Eran percibidas como algo desaliñado, sucio, y sólo para los rastafaris. Me tomó un montón de trabajo durante años cambiar esa percepción", agrega Stone, quien ha dedicado su vida a cambiar los estereotipos acerca de las rastas.

Jabu Stone, empresario y gurú del cabello sudafricano

Ha estado en esta industria durante décadas y ha llevado su negocio de pelo a Estados Unidos y Europa. Y dice que los informes sobre los robos son una conmoción.

"No es justo, porque cuando te dejas las rastas te apegas a ellas, inviertes años en ellas y que la gente simplemente te las saque por la fuerza es inaceptable, es criminal", dice enojado.

Stone tiene peluquerías en Sudáfrica y en el exterior y dice que no compra pelo postizo si desconoce su origen.

"Mi política es simple: si quieres venderme pelo, me debes mostrar una fotografía tuya con las rastas o entrar a alguno de mis salones para que las cortemos nosotros".

Stone anima a otros salones a ser igual de estrictos. Dice que eso acabaría con la demanda en el mercado negro.

La policía insta a la gente a denunciar los casos.

Aquellos que han sufrido robos de cabello no esperan que su situación se tome en serio.

"No fui a la policía porque no pensé que se podía hacer algo al respecto. No creo que la policía siga un caso de pelo robado", dice un angustiado Maseko.

Sin embargo, la policía quiere que la gente denuncie los casos de asalto.

"Sólo hemos oído historias, pero no nos han reportado casos", dice el portavoz de la policía de Johannesburgo, Lungelo Dlamini.

La policía dice que las víctimas recibirían asistencia en la apertura de un caso de asalto, pero agrega que no hay ningún cargo adecuado para el robo de cabello.

Otros funcionarios policiales dicen creer que la gente es reacia a presentarse por vergüenza.

Para Maseko, el sólo hecho de pensar en tener rastas otra vez es algo traumático.

"Tengo miedo de tener rastas, me temo que me las van a cortar de nuevo. Mis amigos me advirtieron que no me las dejara crecer, la próxima vez quizá me maten".