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El chef estrella que quiere revolucionar la cocina boliviana

"La comida es un instrumento para mejorar la sociedad y las condiciones de vida", dice Claus Meyer

"La comida es un instrumento para mejorar la sociedad y las condiciones de vida", dice Claus Meyer

La idea del chef danés es gestar un movimiento de cambio desde los fogones, que incluye un manifiesto de la cocina boliviana -aprobado el mes pasado

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Es uno de los chefs más prestigiosos, el restaurante que cofundó, el renombrado Noma de Copenhague, ha sido elegido en los últimos tres años como el mejor del mundo y es uno de los impulsores del movimiento de cocina nórdica. Ahora Claus Meyer se ha empeñado en llevar su revolución gastronómica a Bolivia.

La idea del chef danés es gestar un movimiento de cambio desde los fogones, que incluye un manifiesto de la cocina boliviana -aprobado el mes pasado-, la creación de una escuela de cocina para jóvenes desfavorecidos -que ya está dando sus primeros pasos- y la puesta en marcha de un restaurante de alta cocina, Gustu, que se inaugurará a principios del próximo año en La Paz.

En un artículo reciente, el periódico estadounidense The New York Times comparaba su labor en Bolivia con la del Che Guevara, el último extranjero célebre que llegó a ese país con ganas de cambiar las cosas -y que murió en el intento-.

"He triunfado al ejecutar la mayoría de mis ideas en mi país de origen pero no tengo ninguna experiencia en Sudamérica y sé que hay muchísimas cosas que pueden salir mal. Aunque vengo con las mejores intenciones puedo ser malinterpretado o meterme en cualquier tipo de problema", reconoce Claus en conversación telefónica con BBC Mundo.

"Pero simplemente no veo motivos de por qué no emprender esta aventura y por qué lo que ha sucedido en Dinamarca o en el vecino Perú no podría suceder en Bolivia si trabajamos duro", afirma el copropietario del Noma al referirse a dos de las cocinas más exitosas a nivel mundial.
¿Por qué Bolivia?

Tras participar en la creación del movimiento de la cocina nórdica y cofundar Noma, Claus Meyer decidió que era hora de expandir su idea de la gastronomía a otros lugares y creó la fundación Melting Pot para mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos a través de la comida.

Esa fundación ha puesto en marcha una escuela de cocina en una cárcel de Copenhague que ayuda a los presos a reinsertarse en la sociedad y ahora ha elegido a Bolivia como el primer país extranjero para expandir su proyecto.

Para Meyer, el país reúne todos los factores para desarrollarlo: una gran diversidad biológica y de productos, un panorama gastronómico poco desarrollado y unas características sociales óptimas para poner en marcha la iniciativa por los niveles de pobreza y desempleo.

Por eso, pretende ayudar a "desplegar su potencial" a un país que "ha perdido todas las guerras en los últimos 150 años e incluso todos los partidos de fútbol", explica el chef al señalar que, si su proyecto triunfa, podría repercutir positivamente en el empleo, la educación, el turismo y las exportaciones de comida en el país.
Alta cocina en La Paz
Escuela de cocina

El chef danés cree que la comida es un instrumento para mejorar la sociedad y las condiciones de vida, especialmente en los países pobres. Quizás por eso suele decir que le gusta estar rodeado de "misioneros" y no de "trabajadores ordinarios".

Uno de los que le acompañan en esta misión es el chef venezolano Michelangelo Cestari que tras varios años en algunos de los mejores restaurantes de Europa decidió aceptar este reto y liderar el proyecto sobre el terreno junto a una chef danesa.

Cestari atiende a BBC Mundo mientras trabaja en la puesta a punto del restaurante Gustu, que se inaugurará entre enero y febrero de 2013 en Calacoto, un barrio de la zona sur de La Paz que alberga a la clase alta de la ciudad.

"No es un restaurante tradicional boliviano. Es un restaurante que trabaja con productos 100% bolivianos. La idea es crear nuestro propio tipo de gastronomía respetando los productos", explica.

Por eso, Gustu ofrecerá desde pescados de los ríos amazónicos hasta llama y platos con hoja de coca y en su carta de bebidas no faltarán los vinos bolivianos hechos con uvas cultivadas a más de 3.000 metros de altura o el destilado típico boliviano, el singani.

El venezolano dice que Gustu apunta a ser un "finedining gourmet" a la altura de los restaurantes europeos con estrellas Michelin.

"Por supuesto no podemos ser tan arrogantes para creer que lo vamos a tener de un día a otro pero ahí es donde estamos apuntando. Es trabajo de hormiga, un trabajo de cada día", matiza.

Los menús del restaurante oscilarán de entre US$50 y US$60, un precio inalcanzable para la mayoría de los bolivianos pero que, según explica, es lo que se paga en los restaurantes de alta cocina de La Paz.

"Claus Meyer no está sacando ni un sólo dólar de esto. Todos los beneficios que tengamos se van a ir reinvirtiendo en el restaurante y en la Fundación Melting Pot", aclara Cestari.

De hecho, Gustu estará manejado por los chicos de la escuela de cocina de esa fundación, jóvenes de bajos recursos y la mayoría de origen indígena y a los que les pagarán "más de un salario mínimo" por estudiar allí.
Hacia un movimiento sudamericano
Plato

Para él, con este proyecto se puede "desarrollar una generación de cocineros bien preparados y que puedan ir compartiendo su experiencia".

Además, según explica Cestari, si el proyecto triunfa, la idea es montar una segunda escuela en la ciudad de El Alto, aledaña a La Paz y la más pobre del país.

Su deseo es que Bolivia pueda acercarse al nivel de los mejores restaurantes de la región: "No podemos competir con gente como (el peruano) Gastón Acurio o com D.O.M, de Alex Atala en Sao Paulo, pero si trabajamos juntos podemos crear un nuevo movimiento sudamericano".

Para llegar a ese nivel, Claus Mayer ha puesto en marcha esta revolución con la que pretende "redefinir la marca cocina boliviana".

"Por ejemplo, que una chica de 18 años piense en comer esta moderna cocina boliviana y no Kentucky Fried Chicken o McDonalds. Y que la gente en el mundo diga: wow, tenemos que ir allí algún día. Se trata de crear una marca que sea un sentimiento fuerte más allá de los conceptos", sostiene.