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En las entrañas del tribunal que juzga los crímenes de la antigua Yugoslavia

La BBC tuvo acceso exclusivo al funcionamiento interno del tribunal / BBC Mundo

La BBC tuvo acceso exclusivo al funcionamiento interno del tribunal / BBC Mundo

La BBC tuvo acceso exclusivo al funcionamiento interno del tribunal

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Durante cerca de dos décadas, un austero edificio de La Haya, en Holanda, ha estado haciendo historia.

El Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia fue el primer tribunal de guerra creado desde los de Nuremberg, en Alemania, al final de la Segunda Guerra Mundial.

Hasta ahora ha imputado a 161 personas, incluyendo a importantes políticos y militares.

La BBC tuvo acceso exclusivo al funcionamiento interno del tribunal.

En las entrañas del edificio de la corte hay una gruesa puerta de metal, probablemente hecha a prueba de bombas. Se remonta a la época en la que el edificio era propiedad de una firma de seguros.

Esta puerta solía ser la entrada a la cámara acorazada de la compañía, donde se guardaban los documentos más importantes. Hoy en día la puerta no es necesaria y la cámara ha sido transformada en una serie de celdas, en las que los acusados se reúnen con sus abogados antes de subir a la sala del tribunal.

Cada celda tiene una pequeña mesa y dos sillas de plástico, utilizadas por todos los acusados.

Todos menos Slodovan Milosevic. Tal fue el interés de los medios por el juicio al líder de la antigua Yugoslavia que Paddy Gavin, el carpintero irlandés a cargo de las celdas, tuvo que construir una pequeña cama para el expresidente, para que tuviera un lugar donde recostarse, ya que debía llegar al tribunal de madrugada para evitar a los periodistas.

"Construimos una cama, un armario y un lugar donde escribir con una lámpara", recuerda. "Todo el mobiliario tuvo que ser ensamblado y fijado al piso y las paredes" cuenta.

Equipo de defensa

Dos pisos por encima de la cámara acorazada se encuentran las salas del tribunal. En la actualidad el acusado de mayor perfil es Radovan Karadzic, antiguo líder de los serbobosnios.

Está acusado de genocidio y crímenes de lesa humanidad, incluyendo la matanza de Srebrenica, en el que más de 7.000 bosnios musulmanes fueron asesinados.

Pero pese a la seriedad de los cargos que se le imputan, Karadzic ha decidido defenderse a sí mismo, una idea que adoptó tras ver a Milosevic hacer lo mismo.

En cualquier caso, Karadzic recibe asistencia legal.

En una pequeña sala trabajan ocho jóvenes abogados que colaboran en la defensa de Karadzic.

Son estudiantes de derecho venidos de todo el mundo que están emocionados por poder trabajar en un caso de tan alto perfil.

Una de ellos -Zygimantas Juska, lituana de 24 años- sostiene una foto firmada de Karadzic.

"Lo conocí y parece simpático", asegura la joven. "Sabe mucho por el tipo de vida que ha tenido y sus experiencias, así que puede proporcionar mucha información valiosa a alguien tan joven como yo", dice.

Con el mismo entusiasmo está Peter Robinson, un abogado de San Francisco que representa legalmente a Karadzic.

También describe al líder serbobosnio de forma positiva. Dice que es una persona "divertida, humilde y agradecida", aunque reconoce que es difícil que su cliente recupere algún día la libertad.

"Puede que en el fondo de su corazón sepa que nunca va a ser liberado, pero es un optimista… y tiene alguna esperanza, quizás poco realista, de que algún día será libre".

Contra esas esperanzas hay miles de documentos que contienen las pruebas contra el acusado y que se guardan bajo llave.

Tortura

Unas cajas marrones de cartón contienen los horrores que se cometieron en las guerras de la antigua Yugoslavia: las declaraciones de testigos, las pruebas forenses recogidas sobre el terreno, la transcripción de las entrevistas que dieron en su día.

Bob Reid, un antiguo policía australiano que ha trabajado para el tribunal durante casi dos décadas, recuerda cómo llevó a cabo parte de las investigaciones iniciales de la corte.

Asegura que ponía la piel de gallina entrar en Omarska, el antiguo campo de detención serbio, que tenía una cámara de tortura conocida como la Casa Blanca "en la que se cometieron crímenes terribles".

"La élite política, los policías, el clero… todos fueron metidos ahí y ninguno salió con vida. Llegamos a encontrar rastros de sangre", explica.

No es de extrañar pues que para él fuera una satisfacción personal la captura de Karadzic y su líder militar, Ratko Mladic.

El calvario de los testigos

Aunque muchas de las pruebas contra Karadzic y Mladic -cuyos juicios están en marcha- se encuentran sobre el papel, son las declaraciones de los testigos las que hacen cobrar vida a los juicios.

Varios testigos, de la defensa y la acusación, pasan cada día por el tribunal.
Mujer llora por víctima de Srebrenica

En la matanza de Srebrenica murieron miles de bosnios musulmanes.

La corte tiene una unidad de apoyo a los testigos que se encarga de la gente que viaja hasta La Haya para declarar.

Algunos han sido llamados a declarar en varias ocasiones, prestando testimonio en varios juicios, no solo en La Haya, sino también en tribunales de la antigua Yugoslavia.

La experiencia puede poner mucha presión sobre los testigos, según asegura Helena Vranov Schoorl, quien trabaja en la unidad.

"Es como si estuvieran atrapados en el pasado", cuenta.

"Lo llaman la fatiga del testigo. Como dijo uno de ellos, una vez se es testigo, se es para siempre. Los testigos se sienten exhaustos, especialmente si te obligan a rememorar el pasado".

Pero cada vez hay menos testigos que son llamados a declarar.

Se están celebrando los últimos juicios y los veredictos de estos se esperan para fines de 2014, aunque si se presentan recursos el tribunal podría seguir trabajando dos años más.

Pese a las docenas de acusados y a los miles de testigos que han pasado por la sede del tribunal, muchos de los trabajadores de la corte todavía intentan entender cómo antiguos vecinos se enfrentaron de manera tan violenta los unos contra los otros.

Quizás nunca lo sepan y deberán continuar su trabajo para que tal brutalidad no vuelva a repetirse.