• Caracas (Venezuela)

BBC Mundo

Al instante

Qué hay detrás de la ola de violencia en Sao Paulo

Al menos 90 policías militares han muerto en Sao Paulo en lo que va del año

Al menos 90 policías militares han muerto en Sao Paulo en lo que va del año

Para los habitantes de Sao Paulo, las noticias de asesinatos a tiros de civiles y policías en las calles de su ciudad, la mayor de Sudamérica, se han vuelto parte de una rutina diaria en las últimas semanas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Sólo entre las noches del jueves y domingo, fin de semana largo en Brasil por el feriado de los Difuntos, hubo al menos 23 homicidios reportados en esa región metropolitana. Entre ellos, una policía militar que recibió 10 balazos desde una moto cuando guardaba su auto en su casa, frente a su hija.

Entre septiembre y octubre hubo 280 homicidios en la ciudad, casi el doble que el mismo bimestre del año pasado (147), todo un récord desde que el gobierno local empezó a divulgar la estadística mensual en enero de 2011.

El escenario es de una gravedad tal que llevó a los gobiernos federal y estatal a anunciar una serie de medidas conjuntas el martes para enfrentar la ola de violencia.

"Vivimos una situación totalmente atípica, principalmente en relación a la cantidad de homicidios", dijo Luciana Guimarães, directora del Instituto Sou da Paz, una organización de esa ciudad especializada en violencia.

Y advirtió que aún se desconocen los motivos exactos por los cuales este fenómeno se ha desatado, aunque diferentes analistas hablan de una "guerra" no declarada entre un poderoso grupo criminal y la Policía Militar.

"Conocemos muy poco sobre cómo está ocurriendo todo esto", dijo Guimarães.

Espiral violenta

La especialista sostuvo que la situación actual en Sao Paulo contrasta con la fuerte reducción del número de homicidios que hubo en la ciudad en la última década, con una baja superior a 70%.

Indicó que una clave del cambio fue la decisión del secretario de Seguridad Pública del gobierno estatal, Antonio Ferreira Pinto, de apostar a la represión del delito por parte de la Policía Militar en detrimento de labores de inteligencia de la policía civil.

"Volvimos a la época en que se creía que el crimen se combatía sólo con balas", sostuvo Guimarães. "Retrocedimos 15 años".

Camila Nunes Dias, del Núcleo de Estudios de Violencia en la Universidad de Sao Paulo, dijo que la situación empeoró desde que un grupo de élite de la policía local denominado Rota asumió un papel más activo de combate a la delincuencia.

A su juicio, eso hizo que grupos criminales, sobre todo el denominado Primer Comando de la Capital (PCC), resolvieran "romper la estabilidad y el equilibrio" que había en Sao Paulo y tomar represalias contra la policía.

Al menos 90 policías militares han muerto en Sao Paulo en lo que va del año, según datos oficiales, 41 de ellos ejecutados de forma similar a la funcionaria que recibió 10 balazos de anónimos el fin de semana.

También han sido incendiados buses del transporte público, incluidos tres sólo en la noche del lunes a este martes.

A su vez, agregó Dias, la Policía Militar ha respondido con más agresividad y el número de civiles muertos con características de ejecución sumaria también crece.

"Hay sospechas de la existencia de grupos de exterminio que están actuando para vengar las ejecuciones de policías", dijo.

Desde la prisión

El PCC es una organización criminal formada en 1993 por un grupo de prisioneros en el estado de Sao Paulo, tras la masacre de 111 reclusos en la cárcel de Carandiru por parte de fuerzas de seguridad el año anterior.

La policía de Sao Paulo ha lanzado una importante campaña contra el crímen organizado en la ciudad.

El grupo ya fue señalado en 2006 como responsable de una ola de violencia y combates con la policía que dejaron más de 185 muertos en las calles de Sao Paulo, una ciudad de 20 millones de personas.

En los últimos años, el PCC se fortaleció y logró hegemonizar el tráfico de drogas y las actividades criminales en Sao Paulo, lo que contribuyó a reducir las disputas territoriales y las tasas de homicidios, señala Dias.

Según informes de prensa basados en fuentes policiales, la organización cuenta hoy con 1.343 miembros dentro y fuera de las prisiones.

Sin embargo, el secretario Ferreira Pinto rechazó esa información y dijo recientemente al diario Folha de Sao Paulo que los miembros del PCC "no llegan a 30 o 40 individuos que están presos hace mucho tiempo". A su juicio, la violencia responde a la acción de diversos grupos de narcotráfico.

Pero esto parece contradecirse con el hallazgo la semana pasada, durante una gran operación policial en la favela de Paraisópolis (zona sur de Sao Paulo), de un presunto centro de espionaje del PCC.

El diario O Estado de Sao Paulo informó que el material incautado incluye una lista con datos personales de más de 40 policías militares y una carta que pedía matar a dos por cada ejecución de un miembro del PCC.

El propio gobernador estatal, Geraldo Alckmin, calificó como "crucial" esa información.

Cuestión sensible

El panorama de Sao Paulo llevó al gobierno federal de la presidenta Dilma Rousseff a ofrecer ayuda a la administración estatal.

El ministro brasileño de Justicia, José Eduardo Cardozo, acordó el martes con Alckmin en Sao Paulo crear una agencia de seguridad que reúna órganos federales y estatales. También se trasladarán algunos presos a penitenciarías federales de máxima seguridad.

"Juntos, los gobiernos federal y estatal son mucho más fuertes que el crimen organizado", aseguró Cardozo y negó que la situación haya llegado a un nivel incontrolable.

Anteriormente, la administración de Alckmin se había mostrado reticente a recibir apoyo federal y a fines de septiembre desestimó un informe de la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) que advertía que los enfrentamientos entre el PCC y la policía militar tendían a agravarse.

Analistas como Dias creen que reconocer el poderío actual del PCC significaría para el gobierno estatal admitir su propia "incompetencia" en seguridad pública, tras dos décadas de existencia del grupo.

Pero otros como Guimarães dicen que si bien la hipótesis de una guerra entre la policía y el PCC es "razonable", para avalarla aún es necesario comprender mejor quién está muriendo de cada lado y por qué motivos.

"Infelizmente", dijo Guimarães, "ni eso conseguimos saber".