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Las 5 cosas menos conocidas sobre la sordera

Los lenguajes de señas difieren entre sí, en cuanto al conjunto de signos gestuales y a la gramática / Foto Cortesía Thinkstock

Los lenguajes de señas difieren entre sí, en cuanto al conjunto de signos gestuales y a la gramática / Foto Cortesía Thinkstock

La Federación Mundial del Sordo calcula que 70 millones de personas utilizan el lenguaje de señas como primer idioma 

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Más allá de que son incapaces de oír, existen muchos aspectos sobre las personas sordas y su cultura de los que aquellos que no tienen dificultades auditivas probablemente no son conscientes. A continuación encontrará las cinco cosas menos conocidas acerca de la sordera.

¿Cómo han ayudado los avances tecnológicos a las personas sordas?

No hace mucho tiempo los sordos tenían que utilizar el correo convencional para quedar con alguien para tomar una copa. Por aquel entonces su mayor deseo era que la carta no se perdiera, explicó a la BBC Charlie Swinbourne, periodista sordo y editor de The Limping Chicken, un blog en el que se tratan temas relacionados con la comunidad sorda desde un punto de vista personal.

Así que la tecnología, comenzando desde el más básico mensaje de texto telefónico, ha eliminado mucha incertidumbre de la vida de las personas sordas.

Veinte años atrás, la mayoría de la gente dependía de las llamadas telefónicas para charlar, hablar en el trabajo o hacer negocios. Eso era un problema para los sordos, ya que para la mayoría es imposible oír una voz a través de una línea telefónica.

En aquel tiempo empezaron a usarse los teléfonos de texto. Estos aparatos envían y reciben mensajes escritos a través de las redes de telecomunicaciones, así que facilitaron mucho la comunicación a aquellos con problemas auditivos. Asimismo, muchos sordos compraron máquinas de fax para intercambiar mensajes con rapidez.

En esa línea, Internet también ha transformado la forma de comunicarse de las personas con sordera. Muchas de ellas usan las de redes sociales con avidez. Constituyen grupos y crean eventos o campañas para defender y mejorar sus derechos.

Para aquellos que prefieren el lenguaje de signos, existen los servicios de video en Internet. Esta alternativa se utiliza con frecuencia para cuestiones formales, como contactar con compañías y requerir los servicios de éstas.

Por otro lado, los audífonos y los implantes cocleares son cada vez más sofisticados. Estos últimos son aparatos que transforman señales acústicas en eléctricas, para que éstas estimulen el nervio auditivo. Se implantan quirúrgicamente, colocando algunas partes en el interior del cráneo y otras en el exterior.

Al conectar estos aparatos a teléfonos o reproductores de música por Bluetooth-tecnología inalámbrica para intercambiar datos-, el sonido de estos producen puede volverse mucho más claro.

Los inventos más recientes afirman poder interpretar y traducir el lenguaje convencional en idioma de signos automáticamente.

¿Utilizan todos los sordos el lenguaje de señas?

No. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 360 millones de personas sufren pérdida auditiva en el mundo, pero la Federación Mundial del Sordo calcula que son 70 millones los que utilizan el lenguaje de señas como primer idioma o lengua materna.

Otros usan la lengua convencional de su país, con ayuda de audífonos o implantes cocleares. Suelen leer los labios y utilizar gestos para explicar los sonidos que de otra forma serían ininteligibles.

¿Son todas las lenguas de señas iguales?

Las lenguas de señas difieren entre sí, tanto en el léxico (conjunto de señas o signos gestuales) como en la gramática.

Además, al igual que las lenguas orales, están sujetas al proceso universal de cambio lingüístico que hace que evolucionen con el tiempo. Así, eventualmente una misma lengua puede evolucionar en lugares diferentes hacia variedades diferentes.

En el caso de los países de habla hispana, donde se usa el alfabeto latino, las personas sordas utilizan un mismo alfabeto manual, común para todos los países, con algunas variaciones en la forma de algunas letras. Pero en el caso de países de habla inglesa, como Reino Unido y Estados Unidos, existen notables diferencias.

Los británicos instruidos en el lenguaje de los signos utilizan el alfabeto bimanual; esto es, usan las dos manos para comunicarse. Los estadounidenses, por su parte, utilizan una sola.

Sin embargo, existe un Sistema de Señas Internacional (SSI), que se puede considerar como un sistema de comunicación formado por señas propias, consensuadas, procedentes de las diferentes lenguas. Se hace uso de ella en eventos internacionales como Deaflympics, los juegos olímpicos para sordos, para superar las barreras lingüísticas entre los participantes.

 ¿Es sencillo leer los labios?

Las series televisivas detectivescas muestran a menudo cómo alguien que puede leer los labios aclara un crimen después de descifrar una conversación desde el otro extremo de la habitación, o tras ver una grabación de seguridad. Pero la verdad es que 70% de la lectura de labios son conjeturas.

Por lo tanto, es fácil para los sordos confundirse al leer los labios o terminar exhaustos tras haber realizado un gran esfuerzo para concentrarse y seguir los movimientos de la boca de alguien.

La mayoría de las personas sordas tiene una historia que contar acerca de un malentendido que produjo la risa de los de alrededor.

Aunque es una habilidad que mejora con la práctica. Cuanto más se lee los labios, mejor se hace.

¿Cuántos sordos hay en el mundo?

Más de los que la gente cree. La OMS calcula que 360 millones de personas sufren pérdida auditiva, 328 millones de adultos y 32 millones de niños, más de 5% de la población mundial.

Según el organismo, pérdida auditiva tienen aquellos oyen menos de 40 decibelios con el oído bueno, en el caso de los adultos, y 30 decibelios, en el caso de los niños.

La mayoría de estas personas viven en países de renta baja y media.

Aproximadamente un tercio de las personas mayores de 65 años se ven afectados por la pérdida auditiva, dice la Organización Mundial de la Salud. La prevalencia en este grupo de edad es mayor en el sur de Asia, en el Pacífico asiático y en África subsahariana.