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Cómo el cáncer afecta el sentido del gusto

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Muchos pacientes sufren resequedad en la boca y úlceras en el sistema digestivo, por lo cual terminan consumiendo solo sopas para evitar el dolor al alimentarse | BBC

Muchos pacientes comentan sobre el sabor metálico de las comidas, o que su taza diaria de café o té no sabe igual que antes

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Difícilmente pasa un día sin que algún tipo de alimento o bebida sea incluido en la lista de causantes de cáncer.

Sin embargo, no sólo lo que se consume puede tener una relación con la enfermedad, sino también la misma enfermedad puede alterar el sabor o gusto por ciertas comidas.

Muchos pacientes comentan sobre el sabor metálico de las comidas, o cuentan que su taza diaria de café o té no sabe en absoluto a lo que sabía antes.

Para otros, la situación puede ser peor: pueden sufrir una resequedad en la boca y o se les forman úlceras que provocan que comer sea algo realmente doloroso.

Cambio de gustos

La acidez es uno de los sabores más afectados por el cáncer y sus diversos tratamientos, lo cual hace que muchas comidas y bebidas sean realmente desagradables.

Los cambios en el gusto obedecen a muchas razones como el daño a las papilas gustativas o, incluso, el efecto que tiene la enfermedad en el sentido del olfato, el cual está estrechamente ligado a la detección de sabores.

El sabor metálico surge cuando los fármacos de la quimioterapia llegan hasta la saliva y afectan las papilas gustativas.

La doctora Clare Shaw, especialista en nutrición del Hospital Royal Marsden, en Londres, editó un libro titulado "The Royal Marsden Cancer Cookbook" (El Libro de Cocina para Cáncer del Hospital Royal Marsden), que contiene consejos y recetas para disminuir los efectos de la enfermedad en los sabores.

En el libro recomienda qué tipo de comida puede ser más gustosa, conservando un balance de nutrientes para los pacientes durante o después de los tratamientos contra el cáncer.

Antojos

Emma fue diagnosticada con cáncer de mama poco después de cumplir 40 años. Fue sometida a un tratamiento que incluyó seis rondas de quimioterapia, una operación para extraerle tumores y radioterapia. Esa experiencia tuvo un dramático efecto en su apetito.

"Me prescribieron esteroides para tomar antes, durante y después de cada sesión de quimioterapia. Me levantaba a las 2:00 am después de cada dosis y me comía varios pedazos grandes de torta. Esa dinámica ocurría durante unas 20 horas al día por tres días durante el ciclo de sesiones. Era insaciable", cuenta Emma.

Además de eso, el sentido del gusto de Emma desapareció casi completamente en el segundo día de la primera dosis. Aparte de los primeros tres días del tratamiento de esteroides, su apetito decayó durante el resto del tratamiento.

"Solo tenía antojo por comida salada, aun cuando no podía saborearla. Comí mucho puré de papas muy salado y salsa", comentó Emma.

Dile No a la sopa

Como pudiera esperarse, los pacientes que pierden el apetito terminan bajando de peso. Sin embargo, incluso quienes se mantienen en una dieta alta en calorías también pueden adelgazar por los cambios que se producen en el organismo.

Esto se debe a que el cáncer produce moléculas que a su vez cambian la manera en que funciona el organismo. Por ejemplo, las citoquinas son proteínas producidas por el sistema inmunológico y ayudan al cuerpo a combatir infecciones.

Se sabe que el cáncer las produce en grandes cantidades. Esta anomalía produce pérdida de peso dado que destruye proteínas y grasas.

Alimentos con alto componente energético pueden ayudar a las personas a mantener su peso, pero la doctora Shaw comenta que a veces es difícil saber qué se puede comer. Muchos optan por consumir mucha sopa.

"El líquido se consume fácilmente. Es una elección popular. Pero, como nutricionista, le comento a mis pacientes que en su mayoría las sopas son bajas en energía, y a menudo, también bajas en proteínas", explica Shaw.

En opinión de la doctora, la gente podría estar sustituyendo una sopa por una comida, pero esto no tiene necesariamente el mismo nivel nutricional.

En ese sentido, recomienda el pollo como una opción más nutritiva que una sopa.

Lo suave es lo mejor

Los pacientes usualmente sufren de inflamación en la garganta o resequedad, y por eso se les dificulta tragar.

Esto se debe a que el sistema digestivo está recubierto por una mucosa que es sensible a tratamientos como la quimioterapia, que produce una inflamación y ulceración llamada mucositis. Mucositis oral produce dolor al masticar y tragar. Para Emma, eso se convirtió en un verdadero problema.

"La enfermera me había advertido que eso podía pasar, pero fue mucho peor de lo que yo me esperaba", dijo Emma.

El oncólogo le sugirió piña fresca para ayudar a recuperar la suavidad y limpieza en la boca.

"Fue lo único que sentí que de verdad me estaba haciendo bien", dijo Emma.

Recetas para preparar comidas de textura suave, utilizando flor de saúco o guisantes o risottos, son buenas opciones para alimentarse.

"Extraño comer"

Sobrellevar los cambios de gusto y el ritmo alimenticio puede ser un proceso bastante emocional para algunos. "Realmente extraño comer o simplemente salir a almorzar", expresa Emma.

El consejo de la doctora Shaw es ser flexible con las comidas, y que el paciente coma lo que pueda cuando pueda. La mayoría de las personas recobra completamente el sentido del gusto.

"Tres semanas después de mi última sesión de quimioterapia me regresó el sentido del gusto. Me sentí muy feliz", contó Emma.