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Un campo de refugiados con sus propios Campos Elíseos

Los Campos Eliseos cuentan incluso con su señal, que detalla cuán lejos están de París / BBC Mundo

Los Campos Eliseos cuentan incluso con su señal, que detalla cuán lejos están de París / BBC Mundo

La puerta de un contenedor de metal cruje al abrirse y revela una fila de vestidos bordados y enjoyados en rojo, rosado y blanco

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Son de la tienda de alquiler de vestidos de boda de Atef, un negocio que sirve como un recordatorio de que el romance florece hasta en lugares inhóspitos.

El negocio de Atef está en el campamento de refugiados Zaatari en Jordania, hogar de aproximadamente 120.000 personas que han huido del conflicto en Siria.

Su contenedor está situado en una calle a la que los socorristas llaman los Campos Elíseos, debido a los cientos de tiendas y comercios. Hay barberías, cigarrerías, confiterías... todo lo que se encuentra en un centro comercial.

Atef ha estado en el campamento por más de un año. Huyó de los combates en Daraa, que está a unos 30 km del campamento, en Siria. Es una ciudad llena de empresarios gracias a una larga historia de comercio transfronterizo con Jordania.

"Empezamos como una tienda de abaya (vestido para las mujeres)", le cuenta Atef a la BBC.

"Las mujeres solían decirnos que tenían bodas pero no podían encontrar vestidos. Así que compramos dos vestidos para alquilar y funcionó bien".

"Tenemos dos bodas al día y hay personas que vienen de fuera del campamento para alquilar vestidos porque aquí es más barato".

"No ganamos mucho pero nos va bien. Alquilamos el vestido por 10 dinares (alrededor de US$14 dólares), ya sea dentro o fuera del campamento. Pero a veces cobramos sólo 5 dinares a los que no pueden pagar más".

Comerciar para ser normal

La tienda de vestidos de novia de Atef es un ejemplo de cómo ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, está tratando de propiciar un sentido de normalidad en el campamento fomentando el comercio y los servicios.

Si la gente puede tener un negocio y sacarle ganancias, entonces la paz y la estabilidad en el lugar mejorará. Al menos esa es la teoría.

Desde que el campamento abrió el año pasado, ha habido actividad de mercado negro, con bandas rivales que intentan controlar la venta ilícita de bienes de ayuda humanitaria y el suministro de electricidad.

Los contrabandistas esperan hasta la noche en las afueras de Zaatari, listos para llevarse las tiendas de campaña de ACNUR y suministros de alimentos.

El encargado de abordar el problema del mercado negro en el campamento es Kilian Kleinschmidt, el "alcalde" del campamento nombrado por ACNUR.

Bloqueo de contrabandistas

Veterano de la labor humanitaria, Kleinschmidt ha dirigido campamentos de refugiados en el sur de Sudán, Somalia y Kosovo.

Los ocho kilómetros de perímetro del campamento son el frente en la batalla contra el comercio ilegal.

Apuntando hacia el humo negro que expiden las topadoras al excavar la tierra explica que están "bloqueando las rutas de suministro de los contrabandistas".

A continuación, señala unos profundos arañazos rectangulares en la tierra: la marca de bandas rivales en parcelas de tierra para reclamar el territorio. Prueba de que un mercado de propiedad informal también florece en el campamento.

No tan temporal

En la oficina de Kleinschmidt, hay un mapa sobre el que hay bandidos de Lego y varios Pitufos.

Con estos juguetes infantiles, el alcalde de Zaatari ilustra su plan de crear consejos distritales que ayuden a traer calma y estabilidad al campamento.

Kleinschmidt explica que a medida que la guerra se prolonga en Siria, un sentido de permanencia está echando raíz en el campamento.

"La triste sensación de realidad se está instalando, que los residentes están aquí para quedarse", señala.

"Se están construyendo casas con pisos de cemento y agua; se les agregan aseos, duchas y cocinas".

"Algunos tienen incluso una fuente para mostrar que es como estar en casa".

Entre tanto, en la calle principal, un padre y su hija están haciendo algodón de azúcar, para los clientes que vienen en la noche.

De repente un grupo de jóvenes empieza a correr. Tras de un día de mucho calor, ha estallado una refriega con los agentes de seguridad jordanos que vigilan el campamento.

Bombas lacrimógenas repiquetean sobre los techos de metal corrugado del campamento.

Nadie resulta herido, pero el incidente sirve como un recordatorio.

A pesar de los esfuerzos de ACNUR para normalizar la vida en el campamento, los Campos Elíseos de Zaatari no son un lugar fácil para hacer negocios.

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