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Por qué los bostezos siguen siendo un misterio

El cansancio, el aburrimiento o incluso ver a alguien bostezando pueden hacer que surja ese impulso casi incontenible / Foto Cortesía Thinkstock

El cansancio, el aburrimiento o incluso ver a alguien bostezando pueden hacer que surja ese impulso casi incontenible / Foto Cortesía Thinkstock

Investigadores sugieren que podrían desempeñar un papel importante en el reinicio del cerebro: cuando tienes sueño, hace que estés más alerta, y cuando estás distraído, hace que te concentres más 

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En el medio de una conversación con el científico Robert Provine, siento un impulso irresistible. Cuanto más trato de anularlo, más parece querer salir, pero ¿cómo puedo dejar de bostezar?

Provine me dice que esto le sucede a menudo: durante sus charlas ve a una parte del público con la boca abierta y las amígdalas en exposición.

Pero como es psicólogo de la Universidad de Maryland en Baltimore, EE UU, y autor del libro Comportamiento curioso: bostezo, risa, hipo y más allá, no se ofende.

“Esto hace que la conferencia sea muy eficaz”, dice.

“Uno habla y el público comienza a bostezar. Y entonces puedes pedirle a la gente que haga experimentos con sus bostezos, como cerrar los labios o inhalar con los dientes apretados, o tratar de bostezar con la nariz apretada y cerrada”.

Mediante este tipo de experimentos, Provine ha tratado de explorar un misterio milenario.

El cansancio, el aburrimiento o incluso ver a alguien bostezando pueden hacer que surja ese impulso casi incontenible pero, ¿por qué bostezamos?

Cuando en los 80 empezó a trabajar en la “chasmología” -como se llama la ciencia del bostezo- Provine escribió que el fenómeno “puede tener la dudosa distinción de ser el comportamiento humano menos comprendido”.

Casi tres décadas después, es probable que estemos más cerca de la respuesta, pero aún divide opiniones.

Naturaleza contagiosa

Puede decirse que el primer investigador de los bostezos fue el médico griego Hipócrates, hace casi 2.500 años. Él creía que el bostezo ayudaba a liberar el aire nocivo, sobre todo cuando se tenía fiebre.

“Al igual que las grandes cantidades de vapor de agua que se escapan de las calderas cuando el agua hierve, el aire acumulado en el cuerpo es expulsado violentamente por la boca cuando la temperatura corporal se eleva”, escribió.

Diferentes versiones de esta idea persistieron hasta el siglo XIX, cuando los científicos propusieron, en cambio, que el bostezo ayuda a la respiración, brindando una oleada de oxígeno al suministro de sangre, mientras que elimina dióxido de carbono.

Si así fuera, se podría esperar que la gente bostece según las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono del aire. Pero cuando Provine pidió a varios voluntarios que respiraran varias mezclas de gases, no encontró ningún cambio.

En cambio, muchas teorías se han focalizado en la extraña y contagiosa naturaleza del bostezo.

“Alrededor de 50% de las personas que ven a alguien bostezar, bostezan en respuesta”, dice Provine.

“Es tan contagioso que cualquier cosa asociada a él hace que se dispare... ver o escuchar a otra persona, o incluso leer sobre el bostezo”.

Por eso algunos investigadores se han preguntado si el bostezo puede ser una forma primitiva de comunicación, ¿pero qué tipo de información transmitiría?

Cansancio o estrés

Solemos bostezar cuando nos sentimos cansados, por eso una hipótesis es que podría ayudar a ajustar el reloj biológico de todos al mismo ritmo.

“En mi opinión, el papel de señalización más probable del bostezo es ayudar a sincronizar el comportamiento de un grupo social, para hacer que se vayan a dormir más o menos al mismo tiempo”, dice Christian Hess, de la Universidad de Berna en Suiza.

Pero también bostezamos durante momentos de estrés: los atletas olímpicos a menudo lo hacen antes de una carrera, y los músicos a veces antes de un concierto.

Por eso algunos investigadores, entre ellos Provine, creen que los bostezos podrían tener un papel más general en el reinicio del cerebro: cuando uno tiene sueño lo hacen estar más alerta o cuando uno está distraído lo hacen concentrarse más.

Los bostezos contagiosos de un grupo podrían ayudar, entonces, a todos sus integrantes a alcanzar el mismo nivel de atención.

El mecanismo es un poco confuso, aunque el investigador francés Olivier Walusinski propone que el bostezo ayuda a bombear el líquido cefalorraquídeo que rodea el cerebro y así provoca cambios en la actividad neuronal.

Con tantas ideas contradictorias que compiten entre sí, parecería que estamos lejos de encontrar una gran teoría unificadora de los bostezos.

Pero en los últimos años, ha emergido un mecanismo subyacente que podría resolver esta cuestión.

Bostezos refrescantes

A Andrew Gallup, investigador de la Universidad Estatal de Nueva York en Oneonta, se le ocurrió que el bostezo podría ayudar a enfriar el cerebro y así evitar que se sobrecaliente.

Según él, el violento movimiento de la mandíbula hace que la sangre circule alrededor del cráneo, ayudando a eliminar el exceso de calor, mientras que la inhalación profunda trae aire fresco a las cavidades de los senos paranasales y alrededor de la arteria carótida para volver nuevamente al cerebro.

Además, los movimientos enérgicos también podrían flexionar las membranas de los senos paranasales, suministrando una suave brisa a través de las cavidades que podría enfriar la cabeza como el aire acondicionado.

Gallup observó en sus experimentos que en condiciones normales, alrededor de 48% de los participantes sentía la necesidad de bostezar. Pero cuando se les pidió que colocaran una compresa fría en la frente, sólo 9% sucumbió.

Respirar por la nariz, lo que también podría enfriar el cerebro, fue aún más eficaz que la compresa y eliminó completamente el impulso de los sujetos a bostezar; un truco potencialmente útil para quienes tienen que hacer frente a una conversación tediosa.

Poco después de que se publicara su estudio, dos mujeres acudieron a Gallup: ambas buscaban alivio para sus ataques patológicos de bostezos, que a veces duraban una hora.

“Eran extremadamente debilitantes e interferían con cualquier actividad básica”, dice Gallup.

Curiosamente, una de las mujeres encontró que la única manera de detener los ataques de bostezos era sumergiéndose en agua fría. Inspirado, el investigador les pidió que colocaran un termómetro en la boca antes y después de los ataques.

Efectivamente, vio un ligero aumento de la temperatura justo antes de los bostezos, que continuaban hasta que la temperatura caía de nuevo a 37º centígrados.

Este enfriamiento del cerebro podría ser la base de los muchos, aparentemente contradictorios, eventos que conducen a los bostezos.

Por ejemplo, nuestra temperatura corporal se eleva de forma natural antes y después de dormir.

Enfriar el cerebro ligeramente también podría hacernos estar más alerta, despertándonos cuando estamos aburridos y distraídos. Y mediante el contagio persona a persona, los bostezos podrían ayudar a todo el grupo a concentrarse.

“Bostezo interruptus”

La teoría unificada de Gallup ha sido un tanto polémica entre los investigadores que bostezan. “El grupo de Gallup no ha presentado ninguna evidencia experimental convincente para fundamentar su teoría”, dice Hess.

En particular, sus críticos señalan que no ha realizado mediciones directas de los cambios de temperatura en el cerebro humano, aunque Gallup dice que ha encontrado las fluctuaciones esperadas en los bostezos de ratas.

Pero aún quedan muchos misterios, como por qué los fetos bostezan en el útero.

Podría ser que están practicando para la vida, o tal vez que el bostezo juega un papel más activo en el crecimiento, contribuyendo al desarrollo de las articulaciones maxilares o fomentando el crecimiento de los pulmones, dice Provine.

Provine también señala que los bostezos (y tal vez otras funciones corporales, como los estornudos) comparten algunos paralelismos extraños con el sexo. Las expresiones faciales implicadas son sorprendentemente similares, dice.

Al igual que el sexo, los bostezos y los estornudos implican una sensación de acumulación que termina en un agradable clímax. “Una vez iniciados, llegan hasta el final, uno no quiere un bostezo interruptus”, explica Provine.

Por estas razones, el científico sugiere la existencia de una maquinaria neurológica compartida que subyace en estas diferentes sensaciones.

Como prueba, señala el hecho de que ciertos antidepresivos pueden ocasionar orgasmos a algunos pacientes durante un bostezo, un efecto secundario poco común.

Y en este punto, puede que ya hayas bostezado un poco, ya que como señaló Provine, leer o incluso pensar en bostezos puede ser suficiente para disparar el mecanismo.

Así que adelante, déjalo salir. Estás disfrutando uno de los misterios más perdurables de la vida.