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La batalla por la gigantesca reserva de oro en los templos de India

Algunos templos atesoran hasta media tonelada del preciado metal.

Algunos templos atesoran hasta media tonelada del preciado metal.

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Es una cultura milenaria, la octava economía del planeta y -según muchos analistas- la próxima China.

Con un crecimiento proyectado del 7,5%, el nuevo primer ministro Narendra Modi quiere dar el gran salto para convertir a India en potencia mundial.

Una de sus armas es el oro atesorado en los cientos de miles de templos del país.

El Consejo Mundial del Oro (Gold World Council) estima que el equivalente a US$1 billón del metal en India se encuentra en manos privadas: los templos representan más del 10% de esta cantidad.

A pesar de esta riqueza, que equivale aproximadamente a la mitad del Producto Interno Bruto (PIB), India es el mayor importador de oro del mundo.

Según Gnanasekar Thiagarajan, director de la consultora Commtrendz en Bombay, el gobierno necesita monetizar ese oro para lidiar con problemas profundos de la economía india.

"Nuestra creciente demanda de oro produjo un fuerte desequilibrio de nuestra cuenta corriente hace un par de años porque el oro fue, después del petróleo, nuestro segundo producto de importación", afirmó.

"El problema es si los templos van a permitir que se usen las donaciones en oro de los devotos. Esto podría herir la sensibilidad religiosa de mucha gente". 

La divinidad del oro 

Un somero repaso numérico da una idea del profundo desequilibrio que representa el oro para el conjunto de una nación que, a pesar de su creciente peso mundial, tiene una vasta población sumergida en la pobreza.

En 2014 India importó 960 toneladas de oro, produjo cuatro y tiene unas 550 toneladas de reservas que apenas cubren la mitad de la demanda aproximada de un año.

Con el precio internacional en niveles aún altos, este desajuste genera una fuerte sangría de divisas que condiciona la política económica.

Este problema podría profundizase en un país cuyo crecimiento proyectado para los próximos años es de más del 7%.

Una parte de esta expansión se volcará a este objeto privilegiado del consumo indio tanto religioso como secular.

Los devotos llevan ofrendas de oro a las centenares de divinidades de India que tienen un laberinto de jerarquías, parentescos y rivalidades tan complejo como el Olimpo griego.

En las bóvedas de los templos se acumulan tesoros de collares, pendientes y vasijas de oro.

Este deslumbramiento se extiende a las joyas de la vida secular, exhibidas ostentosamente por los ricos de India.

Entre la juventud más globalizada y con aspiraciones, el fetichismo se traslada al oro de papel, es decir, a contratos que prometen un pago futuro en el metal.

El cálculo es que unos US$2.500 millones están invertidos de esta manera. 

No todo lo que reluce es oro 

Este desequilibrio entre una inagotable demanda y una exigua oferta ha llevado al gobierno a buscar nuevas vías para disminuir su dependencia extranjera del metal.

Por un lado, el gobierno intenta impulsar la producción propia.

El Ministerio de Minas quiere incentivar al sector privado para quintuplicar la producción hasta llegar a 45 toneladas por año, pero este proceso tomará tiempo y dista de satisfacer la demanda.

Mientras tanto, el gobierno busca aprovechar la otra mina de oro en manos privadas.

El proyecto es que los templos lo depositen en los bancos y cobren intereses por su "cuenta metálica".

Adnan Naseemullah, del Instituto de Estudios de India del King's College de Londres, le explicó a BBC Mundo, la estrategia detrás de esta política.

"El gobierno puede usar este oro como reservas a partir de las cuales puede prestar a empresas y activar el crédito", dice Naseemullah.

"India tiene un problema de reservas en moneda extranjera y culturalmente un mal manejo económico lleva inmediatamente a la gente a buscar refugio en el oro. Esto tiene un impacto en la cuenta corriente y el tipo de cambio. El gobierno busca un colchón protector". 

¿Oro divino o humano? 

Este objetivo secular choca con la resistencia religiosa.

El secretario general del Vishway Hindu Paridash, o Consejo Mundial Hindú, que apoya al gobierno de Modi, se opone a sus intentos de monetizar el oro de los templos.

"Esta es una tradición milenaria. La sociedad ha donado su oro a los templos. Nos oponemos a que el gobierno se haga con este oro. Esta riqueza es de Dios. No de nuestro gobierno", le dijo al diario The Times, de India.

Pero no todos los templos comparten esta posición.

En uno de los más famosos, el Shree Siddhivinayak Ganpati, en Numbai (en el oeste del país), mientras los devotos rodean la estatua de Gandesh, el dios con cabeza de elefante, los monjes subastan ofrendas que servirán para tareas caritativas.

El templo tiene unos 500 kilos del metal atesorados detrás de puertas blindadas protegidas por más de mil cámaras de seguridad y unos 65 guardias.

El director del templo, Narenda Murari Rane, dijo que quiere ver qué condiciones ofrece el gobierno.

"Veremos que es lo que nos ofrecen. Si el resultado es mejor que lo que recaudamos con nuestras subastas, probablemente aprovecharemos la oportunidad", le indicó a la prensa india.

A Naseemullah no le sorprende esta ambivalencia de las instituciones religiosas.

"Son fundaciones. Por un lado, atesoran la riqueza proveniente de las donaciones. Por el otro, tienen que hacer obra social", le explicó a BBC Mundo. 

El futuro 

El Consejo Mundial del Oro considera poco probable que el gobierno gane la pulseada con los templos en Numbai, pero calcula que estas nuevas iniciativas pueden cambiar el mercado a futuro al modificar la conducta de sus protagonistas.

De hecho, mientras el gobierno pone en marcha este nuevo escenario, poderosas joyerías del país están avanzando por la senda de la monetización del oro.

Estas joyerías ofrecen una rentabilidad del 15% por los depósitos de oro que se utiliza como colateral para solicitar préstamos bancarios.

En cuanto a los templos, la realidad es que la rápida modernización experimentada por India en las dos últimas décadas convive con tradiciones milenarias.

Las vacas sagradas, que sentadas en medio de una gran arteria urbana causan embotellamientos de tráfico, van de la mano de India como uno de los países que más ha avanzado en el campo de la tecnología en los últimos años.

El primer ministro Narendra Modi parece bien ubicado para representar este doble camino.

Su Partido Bharatiya Janata es hinduísta. Al mismo tiempo, Modi, un vegetariano devoto, es reconocido como un "excelente economista".

"Por mi parte soy escéptico. Las instituciones religiosas son muy celosas de su propia independencia y rechazan toda posible interferencia estatal", le dice a BBC Mundo Naseemullah, del King's College de Londres.

"Pero si alguien puede lograrlo es este partido. Con el Partido del Congreso era imposible. Con un partido tradicional con el de Modi hay más posibilidades de ir superando esta resistencia".