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Los barriles de gasolina clandestina del río Orinoco

De Puerto Samariapo, en Venezuela, salen barriles de gasolina constantemente / BBC Mundo

De Puerto Samariapo, en Venezuela, salen barriles de gasolina constantemente / BBC Mundo

Todos los días, a las seis de la tarde, la Guardia Nacional venezolana cierra las carreteras que permiten el acceso a dos de los puertos que sirven a las comunidades del estado de Amazonas. Es parte de su rutina

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Desde esa hora, y durante toda la noche, se vende una gran porción de la gasolina que llega a esa región a contrabandistas colombianos que la comercializan en su país, al otro lado del río Orinoco, por 60 veces el precio, según diversos testimonios recogidos por BBC Mundo en la zona.

Aunque la complicidad de la Guardia Nacional no es posible de ver -por la oscuridad, por la selva, por el cierre de la zona- para los locales es un hecho. Es parte de su rutina.

La gasolina en Venezuela, que es subsidiada por el Estado, es más barata que el agua: un galón cuesta US$0,02. En Colombia, donde refinarla es particularmente caro, vale US$1,28.

Estudios de la Dirección de Impuestos y Aduanas de Colombia (DIAN) estiman que 30 millones de galones pasan al mes desde el país con mayores reservas de petróleo en el mundo hacia Colombia, donde el combustible es costoso y las ventas de automóviles están disparadas.

"Eso equivale a unos US$60 millones al mes", dice el director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega. "Es un negocio comparable al narcotráfico", opina.

Y si bien la mayor cantidad de esos galones -que transitan en barriles, tambores o botellas- pasa por la parte norte de la frontera, en el sur también se contrabandea como "Pedro por su casa", tal como afirma Miguel, un comerciante con 30 años de experiencia en los meandros del Orinoco.

De Venezuela…

El Orinoco es el tercer río más caudaloso del mundo, navegable en casi su totalidad y uno de los más importantes de Sudamérica. Su cuenca tiene una superficie de poco menos de 1.000.000 km², de los cuales 65% está en Venezuela y 35% en Colombia.

El combustible que llega a Amazonas viene por el Orinoco del centro del país y es repartido en las diferentes estaciones de gasolinas de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), la empresa de petróleo del Estado venezolano.

A unos 70 kilómetros al sur de Puerto Ayacucho, la capital del estado de Amazonas, están los dos puertos -Puerto Nuevo y Puerto Samariapo- que sirven de trampolín para miles de indígenas que viven en la zona del Alto Orinoco.

La estación de Pdvsa más cercana a los puertos, que es la única de la zona, está a 100 metros de ellos, en plena carretera. Hay diferentes filas para los autos, los camiones y las motocicletas. Todas están llenas, en cada una hay que esperar.

Miguel solía trasportar turistas por la selva, pero en los últimos años, que el turismo en la región se ha reducido y tiene su barco quieto, ha usado el cupo que le da el Estado para comprar gasolina para vender el combustible a colombianos en Samariapo.

"Es muy fácil hacerlo", le dice a BBC Mundo. "Solo facturo mi cupo en la bomba y la llevo al puerto, donde los colombianos se pelean por comprarla".

En efecto, en el puerto casi todo lo que se ve es gasolina. "Ninguna comunidad necesita todo ese combustible", dice Miguel, quien al mirar una fila de cuatro camiones cargados de gasolina, remata: "Todo eso va para Colombia, sin duda".

Solo un camión puede cargar a la vez en Samariapo, donde se oye música llanera, hay un par de tiendas que venden productos y alimentos básicos y se ven algunas familias de indígenas esperando transporte para sus casas.

El puerto está rigurosamente custodiado por soldados de la Guardia Nacional, que revisan cada barco que sale. No se puede tomar fotos, tampoco preguntar qué va para dónde. En su recorrido por la zona, este corresponsal vio su pasaporte revisado 13 veces por soldados de la Guardia.

En entrevista con BBC Mundo, tanto el gobernador de Amazonas, Liborio Guarulla, como el director del Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho, monseñor José Ángel Divassón, aseguraron que la gasolina de contrabando sale por las noches para Colombia de puertos improvisados. Pero de los puertos oficiales también sale.

"Semejantes cantidades de combustibles no se podrían trasladar ilegalmente sin la complicidad de las autoridades de ambos lados de la frontera", dice Ariel Ávila, autor de La frontera caliente entre Colombia y Venezuela.

…a Colombia

Diego llegó a Puerto Ayacucho a los seis años de edad desplazado de Colombia con su mamá y sus cuatro hermanos. Desde entonces, se dedicó a ganarse la vida en negocios fronterizos.

"Más que colombiano o venezolano, soy de la frontera", le dice a BBC Mundo.

Hoy, a sus 43 años, tiene una casa de madera en un privilegiado terreno en Samariapo que, asegura, le regaló un oficial de la Guardia. Sus barcos, sin embargo, se los quitaron.

"Se los han confiscado miles de veces y se los devuelven después de que paga las 'vacunas' (pagos extorsivos)", le cuenta a BBC Mundo uno de sus allegados. "Es el típico contrabandista que es hijo de la frontera", explica.

"El contrabando a gran escala opera de noche en barcos de carga", afirma Diego. Pero el pequeño y más informal, aquel que va en lanchas con un motor de no más de 50 caballos de fuerza, funciona a plena luz del día, como BBC Mundo pudo constatar.

Los tambores se cargan en Sampariapo, recorren los cerca de cinco kilómetros entre una orilla y la otra y se descargan, al ritmo de un vallenato, en puertos improvisados también conocidos como ramblas.

Muchos de estos puertos se encuentran alrededor de Puerto Carreño, la capital del estado colombiano de Vichada, que colinda con el Amazonas venezolano. Es una ciudad con calles pavimentadas, limpia y calmada. Un taxista, que llegó de otro lugar de Colombia en busca de nuevas oportunidades, la describió como un "pueblo en desarrollo".

En las calles de Puerto Carreño se venden botellas de medio galón de gasolina por menos de US$1.

"No hay quien no compre gasolina de contrabando", dice el taxista. Es parte de su rutina.

Los nombres de los contrabandistas fueron modificados para proteger su identidad.

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