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Los baños chinos de los que está prohibido hablar

Los baños chinos de los que está prohibido hablar

Los baños chinos de los que está prohibido hablar

Los periodistas están conscientes de que no pueden hablar de las llamadas tres T: Tiananmen, Taiwán y Tibet"

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Conocí a Jeff -un multimillonario chino- cuando estaba haciendo un reportaje sobre la desigualdad que está surgiendo en la sociedad china.

Filmamos en algunas de las comunidades más pobres que he visto en mi vida: pueblos en lo que nadie tuvo nunca un auto y en donde los campos todavía se aran con un burro que comparten decenas de agricultores.

China todavía se reconoce como un país comunista, en el que la censura está a la orden del día. Por eso no dejaba de preguntarme por qué nos dejaron filmar en estos lugares sin mostrar reparos.

La respuesta dice mucho tanto de las ambiciones de China como de los desafíos que enfrenta.

Un par de años atrás hice otra serie centrada en la expansión que sufrió el gigante asiático en la última década.

No esperaba que a las autoridades de Pekín les gustaran nuestros documentales. Estos mostraban mucha gente solidaria pero también exponía la corrupción y la brutalidad de muchas otras personas.

Después de que los programas salieron al aire recibí un correo de una de las autoridades de la embajada china en el que me invitaban a tomar el té en un elegante hotel de Londres.

El mensaje decía también que a la embajada le había gustado la serie.

"Pensamos que fuiste justo", me dijo uno de los funcionarios. "Mostraste a la gente tal como es".

La regla de las tres T

Creo que nos dejaron grabar las terribles desigualdades que existen en la sociedad porque el gobierno considera que, en virtud del equilibrio, presentaríamos una imagen comprensiva del pueblo chino.

Es más, al mostrar cómo muchas personas se habían vuelto ricas el gobierno sabía que proyectaríamos un mensaje poderoso sobre el éxito de China

Al mismo tiempo, mostrar la pobreza de otras millones de personas pondría en evidencia los desafíos que el país todavía tiene por delante.

Sin embargo, pese a la libertad que tuvimos para filmar un sinnúmero de escenas, no pudimos escaparnos completamente de la censura.

Por regla general, los periodistas sabemos que no podemos hablar de las llamadas tres T: Tiananmen, Taiwán y Tibet.

Pero en esta ocasión descubrí que hay una cuarta T que no todos conocen.

Algo no huele bien...

En un artículo de un periódico chino en inglés, el China Daily, me encontré con un editorial que citaba una crítica muy dura de la WTO al país.

Las siglas, que normalmente representan en inglés a la Organización Mundial del Trabajo (World Trade Organisation), se referían aquí a la World Toilet Oranisation. O sea a la Organización Mundial de los Baños.

La WTO afirmaba que los baños públicos de China eran los peores de Asia.

El diario explicaba cómo, en respuesta, Pekín había introducido un riguroso estándar de higiene por el cual no se permiten más de dos moscas por baño.

El periódico no ponía en duda la importancia del tema. "Los baños públicos limpios son un símbolo de una sociedad civilizada", decía.

La controversia me pareció cómica y le mencioné a nuestro acompañante del gobierno que me interesaba cubrir esta historia.

El señor Chen estaba a cargo de asegurarse que nuestro equipo no rompiese con ninguna regla en cuanto a lo que se puede y no se puede informar durante la filmación.

Durante las tres semanas de rodaje había sido muy simpático y relajado, pero tras mi comentario, su rostro se ensombreció.

"No creo que sea una buena idea", me dijo con seriedad. Me reí, asumiendo que estaba siendo un poco conservador. "No", insistió. "No creo que realmente sea una buena idea".

Le dije que tomaría sólo unos minutos y que sería sólo un detalle gracioso.

Lo que cambia, y lo que no

Chen desapareció unos instantes. Cuando regresó su expresión era rígida.

"Lo siento Justin pero debo decirte que no puedes informar sobre esta historia de ninguna manera".

La situación comenzó a tornarse tensa. Nuestro acompañante chino estaba notablemente ansioso y me advirtió que si seguía discutiendo, Chen probablemente cancelaría toda la producción".

Aprendí una lección importante: puede que China esté sufriendo la más increíble transformación económica, pero el instinto del Partido Comunista China no ha cambiado.

Puede que a uno lo dejen hablar de los ricos y los más pobres, pero amenazar con avergonzarlos -incluso por un motivo tan trivial como las críticas de la WTO- y la fuerza del poder se vuelve evidente.

Era el final de nuestro viaje y no podíamos arriesgarnos a poner en peligro nuestro proyecto.

Opté entonces por olvidarme de los baños chinos.