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Tras 100 años de ausencia, regresan los osos pardos a Chernobyl

Las cámaras para registrar la presencia de osos y otros mamíferos están distribuidas en 84 sitios de la CEZ / BBC MUNDO

Las cámaras para registrar la presencia de osos y otros mamíferos están distribuidas en 84 sitios de la CEZ / BBC MUNDO

Científicos dicen haber obtenido la primera evidencia fotográfica de la presencia de osos pardos en la Zona de Exclusión de Chernobyl (CEZ, por sus siglas en inglés)

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Los investigadores grabaron estas imágenes con la ayuda de cámaras trampa que forman parte de un proyecto que evalúa el impacto de la radioactividad en la vida silvestre.

Desde hace más de un siglo que no se ven osos pardos en la zona, a pesar de que se han descubierto signos de su presencia.

La zona de exclusión fue delimitada después de la explosión de la planta nuclear de Chernobyl en Ucrania, en 1986.

"Nuestro colega ucraniano, Sergey Gashchak, puso en los últimos meses varias cámaras trampa en una zona central para registrar cómo era la vida silvestre allí”, explicó el líder del proyecto Mike Wood, de la Universidad de Salford.

Las imágenes de una de las cámaras mostraron a un oso, en octubre.

"Había indicios de que habían estado allí, pero hasta donde sabemos, nadie había conseguido evidencia fotográfica que mostrase a uno presente en el lado ucraniano de la zona de exclusión", señaló Wood.

"Estamos trabajando con la premisa de que al sacar a la gente de la ecuación así como la presión humana, los animales que tienen un corredor que se adentra en la zona de exclusión notaron que ya no hay ni la presión ni los peligros que plantea la presencia de gente", agregó.

Información valiosa

Tras la explosión de abril de 1986 –descrita como uno de los peores accidentes de la historia en una planta nuclear- se evacuaron a más de 110.000 personas y se estableció una zona de exclusión en un radio de 30 kilómetros, alrededor del reactor nuclear dañado.

En los años siguientes, el área sirvió como una fuente de información invaluable para la investigación sobre el impacto de la contaminación radioactiva.

El proyecto de Wood es parte de un programa de investigación de cinco años llamado Transferencia, Exposición, Efectos (Tree, por sus siglas en inglés), que busca "reducir la incertidumbre a la hora de estimar los riesgos para los humanos y la vida silvestre asociados con la exposición a la radioactividad y reducir el conservadurismo en el cálculo de riesgos".

La mayor parte del trabajo de campo será llevada a cabo dentro de la zona de exclusión.

"Tenemos nuestros modelos para predecir la exposición a la radiación pero lo hacen de una manera muy cruda –un estimado en una zona muy amplia-, pero sabemos que los animales interactúan con el medioambiente de diferente manera", señala Wood.

"(Los animales) tienen preferencias por determinados hábitats, algunos quieren estar más cerca de un río mientras que otros estar en medio de un bosque. Cuando hay zonas dispersas de contaminación en un área, las preferencias en relación al hábitat y a la comida cambian la forma en la que los animales interactúan con la contaminación".

Foco en los mamíferos grandes

Para entender qué animales y especies se pueden encontrar en la actualidad en la zona de exclusión, el equipo identificó tres áreas: de poca, media y alta contaminación.

Cada área tiene un radio de 5 Km. En cada una se seleccionaron 84 locaciones al azar, donde se instalaron las cámaras.

El equipo se centrará en los mamíferos más grandes.

"Lo que tenemos que hacer cuando programamos las cámaras es despejar un poco la zona para poder fotografiar a los animales que pasan por allí", explica Wood.

"Si no cortamos el pasto, nunca podremos ver pasar a zorros o liebres".

Wood y su equipo continuarán operando las cámaras remotas en la CEZ como parte de la primera etapa del proyecto hasta 2015.

Una vez completada esta faceta del estudio –ver qué animales hay allí y en qué cantidad- los científicos seleccionarán una especie en particular para seguirla de cerca.

A estos animales se les pondrá un collar con GPS para seguir sus movimientos por la zona de exclusión a lo largo de un año y registrar la dosis exacta de radiación a la que están expuestos.

Según Wood, esto no solo les permitirá poner a prueba modelos para ver cuán efectivamente se puede predecir la exposición a la radiación, sino también hacer estudios directos sobre la relación entre la exposición a la radiación en un campo y los efectos de la radiación.